Concepto de inteligencia y coeficiente intelectual - SyM
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¿Por qué somos inteligentes?

Jueves 08 de diciembre del 2016, 12:40 pm, última actualización

Cada persona tendrá una definición para inteligencia, la cual se relaciona acertadamente con el cerebro, pero ¿sabemos en realidad qué es y dónde radica?


¿Por qué somos inteligentes?

Así como las diversas ciencias no encuentran una definición universal para el concepto de inteligencia, tampoco han ubicado —particularmente la Medicina— un lugar dónde localizarla. En el intento por “encontrarla”, la Neurología ha hecho aportes fundamentales, pues es la responsable de explicar el funcionamiento del sistema nervioso, del cual el cerebro es parte esencial.

Para esta disciplina médica la inteligencia es la integración de las denominadas funciones cerebrales superiores, “que son una serie de características que hacen diferente al ser humano de otras especies”, indica en entrevista para saludymedicinas.com.mx la Dra. Lilia Núñez Orozco, jefa del servicio de Neurología del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, en la Ciudad de México “Algunos animales cumplirán con varias de estas funciones, pero nunca tendrán un sistema tan complejo como el humano”.

Todo parte del nacimiento

De manera natural cada persona nace con una dotación de inteligencia, que de encontrar circunstancias favorables para su desarrollo, más los estímulos pertinentes, se incrementará paulatinamente. De manera que si un sujeto nace con una cantidad adecuada, se nutre de manera idónea y tiene los estímulos oportunos, es decir, una instrucción académica eficaz, podrá decirse que explotará todo el potencial para ser un individuo inteligente. Por el contrario, si alguno de lo factores no se cumple del todo, la capacidad que el cerebro nos ofrece se verá limitada.

Es claro que algunas personas nacen con una dotación reducida, ya sea por cuestión hereditaria, problemas al momento del parto (por ejemplo, falta de oxígeno), de salud a temprana edad (como meningitis, que es la inflamación de las membranas en torno al cerebro), anomalías que resultan suficientes para que no se logre alcanzar gran potencial de inteligencia, razón por la que serán reconocidos como personas con retraso mental.

De acuerdo a la doctora Núñez Orozco, la potencialidad máxima en un individuo se alcanza cuando tiene entre 20 y 30 años de edad, y a partir de ese momento la facultad decae paulatinamente. “Pero —indica la especialista— si es una persona que aun después de esa edad sigue estimulando su cerebro, la pérdida de capacidad será aun más lenta y llegará a la tercera edad prácticamente en plenitud de facultades”.

La misma investigadora acota que al momento de nacer contamos con una cantidad de neuronas que se ubicarán en el cerebro de acuerdo a la función que desempeñen, y buscarán relacionarse entre sí para facilitar sus labores. “Entonces, entre más conexiones se tengan, la oportunidad de desarrollar la inteligencia será mayor; claro que a esto se deben añadir los factores estímulo y nutrición, que de no cumplirse no brindarán más potencialidad; en la vejez es igualmente aplicable”.

Sólo un porcentaje 

El cerebro es usado en cada una de las actividades que desempeñamos, pero aun así se asegura que sólo es aprovechado el 10% de su capacidad total. Al respecto, la neuróloga reconocida internacionalmente refiere que este valor no es fácil de determinar, “pues habría que comparar a cualquier persona con quien ha logrado aprovechar el 100% de su cerebro, y la ciencia no reconoce que alguien lo haya logrado”.

No obstante, la inteligencia de cada persona puede ser cuantificada a partir de pruebas psicológicas de práctica universal, que arrojan un resultado (llamado coeficiente o cociente intelectual —I. Q. en inglés—) de acuerdo a un puntaje que determinará su condición, ubicándola en distintas categorías. Así, el ciudadano promedio se colocará en un rango de entre 90 y 100 puntos, un individuo brillante estará entre 110 y 120 puntos, 160 es considerado genio y no se sabe de alguien que haya rebasado los 200 puntos.

Funciones cerebrales superiores

Es importante resaltar que el ser humano se distingue de los animales por el complejo sistema que comprenden las funciones cerebrales superiores, las cuales son:

  • Memoria. Esta se reconoce como la capacidad de registrar acontecimientos o información, la cual es guardada en una parte del cerebro para retomarse en el momento en que sea requerida. Diariamente se incorporan elementos a ese “archivo”, al igual que se desechan los que no son relevantes, quedando sólo lo que es de uso frecuente. Es importante indicar que no es lo mismo tener buena memoria y ser inteligente, aunque la primera sí es elemento esencial de la segunda.
  • Abstracción. Es la capacidad de llegar al fondo de un concepto, por ejemplo, entender el doble mensaje que encierran los refranes y en cuyo trasfondo se encuentra la idea central; se desarrolla con estimulación diaria, y comúnmente se llama aprendizaje.
  • Cálculo. Se relaciona directamente con el manejo de números; aunque no se tenga enseñanza académica se tiene habilidad de cálculo.
  • Lenguaje. Es la cualidad de entender códigos o símbolos, integrarlos y decodificarlos, es decir, comprender su significado para dar una respuesta.
  • Atención. Para memorizar o aprender algo es necesario permanecer alerta, de manera que esa será la primera condición para registrar algo que será usado después. Es una de las funciones que más respaldo brinda a las demás.
  • Orientación en el espacio. Reconocemos a partir de ello el sitio en que nos ubicamos; sirve, entre muchas otras cosas, para acomodar objetos y, en la edad adulta, por ejemplo, para conducir y estacionar un auto.
  • Gnosias. Se llama así a la facultad de reconocer algo a partir del uso de los sentidos (tacto, olfato, oído, vista y gusto).
  • Praxias. La habilidad de aprender y después realizar acciones en secuencia con un propósito, como caminar, lavarnos los dientes, etcétera.
  • Afecto. Capacidad de aceptar y demostrar emociones.
  • Talante. La calidad que se da a esas emociones de acuerdo al estado de ánimo, por ejemplo, será un bajo talante cuando se está deprimido, y lo que se aprecia no será impactante, en tanto que si el ánimo es alto se llamará talante alto.

Es claro que todas las funciones se relacionan estrechamente entre sí y cada una se encuentra en distintas secciones del cerebro, por ello no puede decirse que la inteligencia se ubique en un solo sitio.

Ahora bien, la disposición intelectual puede verse mermada si el lugar en que se localizan las funciones superiores sufre una lesión (golpe o tumor), enfermedades (como embolia) o demencias (Alzheimer es un ejemplo).

El aporte que ha hecho la Neurología nos da una idea global de lo que es la inteligencia, dónde puede estar y por qué los seres humanos no tenemos el mismo potencial intelectual. No obstante, el concepto más próximo a lo que puede ser una definición es el que la misma Lilia Núñez comparte con nosotros: “Es la capacidad para resolver un problema en menos tiempo y con el menor uso de recursos”.

SyM - Raúl Serrano

 

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