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Relaciones incestuosas, violencia que se oculta

Viernes 28 de febrero del 2014, 08:56 am, última actualización.

Las relaciones sexuales entre parientes se callan por vergüenza, pero son hecho frecuente que suele tener por víctimas a mujeres y niños. Son efectuadas por padre, madre, abuelo, hermano o primo, con frecuencia mediante abuso y sin consentimiento.

Relaciones incestuosas

Se presenta en todos los ámbitos, tanto en familias de alto y mediano nivel académico y poder adquisitivo, como en las de bajos recursos y poca o nula formación educativa. Sin embargo, aunque el incesto es hecho relativamente frecuente, se trata de situación poco abordada por tratarse de tema tabú.

El psiquiatra argentino Alberto Orlandini lo define como la práctica de relaciones sexuales entre personas de la misma familia, con parentesco sanguíneo de primer y segundo grado, o bien, político. Al respecto, el Dr. Marco Eduardo Murueta Reyes, presidente de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología (Amapsi, localizada en la Ciudad de México), explica que los familiares de primer grado incluyen a padres e hijos, y los de segundo a abuelos, tíos y primos.

Por su parte, el Dr. José Rubén Quiroz Pérez, profesor de la Facultad de Medicina (FM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), también en la capital del país, comenta que el incesto puede efectuarlo cualquier pariente cercano la víctima. No obstante, la mayoría de los casos en México y en el mundo son cometidos por el padrastro.

Prohibición ancestral

A lo largo de la historia se ha establecido la prohibición de relaciones sexuales entre parientes, aunque el grado de relación en el que quedan impedidas varía según las culturas y periodos históricos.

Sobre ello, Alberto Orlandini comenta en su libro El enamoramiento y el mal de amores que en toda la historia se encuentran sólo tres excepciones a la oposición universal del incesto: las monarquías del Antiguo Egipto (norte de África), del Tawantinsuyo (en Perú) y de los antiguos hawaianos.

En los tres casos sobresalía una razón de Estado para permitir la unión entre parientes cercanos, la cual se podía resumir en el intento de mantener concentrado el poder en determinada familia (dinastía); curiosamente, tales incestos concluían frecuentemente en guerras fratricidas (entre personas de la misma nacionalidad).

“Los sistemas de parentesco están organizados con base en la prohibición del incesto, y a partir de ellos se estructura la personalidad. En este sentido, si se turbara tal privación se alteraría toda la sociedad”, indica el Dr. Murueta Reyes, quien también se desempeña como catedrático de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, de la UNAM.

Acción incestuosa

Hay personas que por ocio, sentimiento de soledad, estrés, desesperación y presiones de todo tipo, presentan alteraciones que les llevan a ejercer conductas que afectan a los demás y a ellos mismos. Este actuar llega a ser más por impulso que por razonamiento.

“Aun las personas que razonan sus fechorías poseen ese impulso y necesidad, y una de las formas de canalizar dicha alteración es mediante la obsesión sexual. Por ejemplo, he visto casos de niños que espían a sus familiares mientras se cambian de ropa o durante la ducha, adolescentes que utilizan la ropa interior de sus hermanas para masturbarse, padres alcoholizados (o no) que tratan de acariciar o violar a sus hijas, así como abuelos y tíos que hacen juegos de tipo erótico”, detalla el presidente de Amapsi.

A su vez, el Dr. Quiroz Pérez indica que se ha determinado que el abusador es, por lo general, individuo inseguro, cuya autoimagen está devaluada; se siente diferente y tiene gran necesidad de ejercer el poder. Además, presenta problemas de autoridad, comportamiento de mucha rigidez y maneja sentimientos de culpa. Puede ser como cualquiera otra persona, y sólo cuando se da la situación incestuosa modifica su actuar y hace evidentes sus trastornos.

Las causas de este cuadro psicológico están asociadas con la crianza de la persona, la educación erótica que recibió durante la infancia y la forma en que se le pusieron o no límites.

“Recuerdo un caso de incesto disfrazado entre madre e hijo. Se trataba de chico sobreprotegido, solitario y muy dolido socialmente, cuya progenitora era muy apegada a él. Había días en que el muchacho se quejaba de dolor en testículos, se lo comentaba a su madre y ella le daba masaje en la zona y, posteriormente, en el pene. Dicha acción producía erección en el joven; sin embargo, la mujer estaba convencida de que tenía que ayudar a su vástago a descargarse sexualmente y sólo consideraba que se trataba de ayuda humanitaria, mas no de acto erótico”, narra el Dr. Murueta Reyes.

Hay toda una serie de gamas en lo que a incesto se refiere. Otro caso queda ejemplificado en la película La tarea prohibida(1992, dirigida por Jaime Humberto Hermosillo) donde madre e hijo, por impulso, tienen relaciones sexuales. La trama plantea la situación como algo irrefrenable, pero al finalizar el encuentro erótico caen en crisis porque no deseaban que eso ocurriera; no obstante, en toda la película reflejan un erotismo encubierto.

¿Violación o mutuo acuerdo?

No podemos dejar de mencionar otro problema relacionado con el incesto: el abuso sexual, el cual lleva doble psicopatología, debido a la violación en sí misma y a que fue llevada a cabo por un familiar.

Al profundizar sobre este último punto, los doctores Murueta Reyes y Quiroz Pérez coinciden en que el incesto se genera, en la mayoría de los casos, por violación. En este contexto, el presidente de Amapsi habla de interesante punto: “Hay violaciones que inician con violencia por parte del victimario y, conforme pasa el tiempo, la víctima cae en fase de aceptación, en especial en personas de edades similares.

“Vi el caso de una joven que sostenía relación incestuosa con su hermano mayor. Todo empezó cuando ella tenía ocho años y él 14; al principio, le molestaba y lo rechazaba, pues consideraba que eso no podía suceder. Pero el abuso sexual se repitió tantas veces que llegó el momento en que ella disfrutaba y, aunque no lo propiciaba, se ubicaba en el lugar donde sabía que podía ocurrir”, describe el especialista.

En este caso, la aceptación se dio en forma gradual, pues el contacto con ciertas partes del cuerpo, aunque en principio le resultaba inmoral, también le produjo placer.

“A esa persona el hecho le pareció traumático de los 8 a 10 años, pero después contribuía de algún modo a que ocurriera. ¿Qué sucede?, se quita el panorama de violación porque la víctima está muy condicionada, ya sea porque lo disfruta o simplemente lo acepta. Se trata de un mecanismo de defensa para quitar el traumatismo a la situación que está viviendo”, continúa el catedrático de la FES Iztacala.

Lo anterior, reitera el experto, sólo ocurre en algunos casos, en especial cuando la diferencia de edades entre víctima y victimario no es demasiado amplia, aunque no siempre es así y muchas veces se calla y se acepta todo por miedo y vergüenza.

Cuando el incesto se da entre padres e hijas siempre es abuso sexual, y lo mismo ocurre con tíos y abuelos. Entre primos es bastante frecuente, pero no se considera tan grave debido a que, por lo regular, la relación ocurre por mutuo acuerdo.

¿Cómo actúa el victimario?

Quien comete actos incestuosos, refiere Quiroz Pérez, emplea la manipulación emocional mediante chantajes, engaños, amenazas, seducción y, en algunos casos, violencia física.

El especialista menciona que sus manifestaciones más comunes son: que el adulto se exhibe desnudo delante del niño; observarlo cuando se viste, desviste o está en el baño, a fin de excitarse; tocar o besar al menor; forzarlo a ver imágenes o películas, escuchar conversaciones, posar para fotografías, presenciar actividades sexuales; hacer que lo masturbe; practicar con ellos coito vaginal, anal u oral, o frotar los genitales.

Daños a la víctima

El problema es el daño a la víctima, que no crece en estado de salud mental, sino con sentimiento de culpa y angustias. Ello se debe a que la mayoría de las veces recibe amenazas contra sí misma o sus seres queridos si delata lo sucedido.

En consecuencia, es persona manipulada que se siente diferente, “de segunda”, porque cree que hizo “algo malo” para vivir esta situación; se siente mala y que merece lo acontecido. Como por lo regular lo padece en la infancia, no tiene conciencia clara de por qué le sucede; no puede pensar que es víctima de gente enferma.

¿Para prevenir dicha situación? Tome en cuenta que, desde edades muy tempranas, al pequeño se le debe enseñar la importancia de querer y cuidar su cuerpo, que hay partes que son muy íntimas y no deben ser tocadas por otras personas.

Además, es aconsejable crear siempre clima de confianza para que el niño sienta la libertad de comunicarse abiertamente en familia; de esta manera, los victimarios potenciales sabrán que, si hacen algo, el infante va a comentar todo lo acontecido y será tomado en cuenta. Por último, no deje solos a sus hijos ni encargados con personas de cuya formación moral y ética desconfíe o no tenga referencia.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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