Vínculo entre secuestrador y víctimas de Síndrome de Estocolmo - SyM
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Síndrome de Estocolmo, simpatía hacia el agresor

Jueves 22 de diciembre del 2016, 02:27 pm, última actualización

Cuando alguien es secuestrado y permanece únicamente en compañía de sus captores puede desarrollar lazo afectivo hacia ellos. Esta situación, llamada síndrome de Estocolmo, crea gran confusión entre los familiares del afectado; veamos por qué ocurre.

Síndrome de Estocolmo, simpatía hacia el agresor

De acuerdo a la Psicología, el síndrome de Estocolmo es una respuesta emocional que puede manifestar el secuestrado o plagiado a raíz de la vulnerabilidad y extrema indefensión que produce el cautiverio. Se le ha denominado de esta manera debido a que en 1973 cuatro personas fueron tomadas como rehenes (durante un asalto al banco Kreditbanker en Estocolmo, Suecia), a quienes liberaron después de seis días, pero una de las prisioneras se resistió al rescate y a testificar en contra de los captores. Otras versiones indican que esa mujer fue captada por un fotógrafo en el momento en que se besaba con uno de los delincuentes.

Este acontecimiento sirvió de base para denominar a las conductas extrañas de afecto entre secuestradores y víctimas como "síndrome de Estocolmo", además, desencadenó profundos estudios psicológicos que describen el vínculo emocional que puede surgir entre cautivo y raptor al convivir durante varios días.

¿Cuándo ocurre?

Hay quienes temen que el síndrome de Estocolmo sea una enfermedad que se manifiesta en la mayoría de las personas que atraviesan por un secuestro, lo que irremediablemente genera gran preocupación en las víctimas y familiares después de la liberación. Sin embargo, no se trata de un padecimiento, sino sólo un desajuste y/o confusión emocional, pues cuando el plagiado es amenazado de muerte por el agresor y éste no ejecuta la acción, el secuestrado experimenta una especie de gratitud, y al mismo tiempo, miedo, sentimientos que le impiden guardar rencor hacia el delincuente.

Según los especialistas en salud mental, dicho síndrome se presenta cuando el secuestrado se identifica inconscientemente con su agresor, ya sea asumiendo la responsabilidad del ataque de que es objeto o imitando física o moralmente la personalidad del captor. Debido a que se trata de un proceso sobre el cual la víctima no tiene conciencia, siente y cree que la actitud del secuestrador es razonable, lo cual de alguna manera le ayuda a no sentir la amenaza de la situación que experimenta ni que está en peligro su vida.

Para detectar y diagnosticar el síndrome de Estocolmo es necesario que se conjuguen las siguientes condiciones:

  • Que la víctima haya asumido inconscientemente notable identificación en las actitudes, comportamientos o modos de pensar de los captores, casi como si fueran suyos.
  • Que las manifestaciones iniciales de agradecimiento y aprecio se prolonguen a lo largo del tiempo, aún cuando la persona ya se encuentre integrada a su rutina habitual y haya comprendido que el cautiverio ha finalizado.

Es fundamental que tanto la persona secuestrada como sus familiares reconozcan lo que está sucediendo y procuren entender emocional y racionalmente las reacciones derivadas del síndrome de Estocolmo, pues ello permitirá buscar ayuda profesional en el psicólogo o psiquiatra.

Estrategia para sobrevivir

En un secuestro los intentos de manipulación son frecuentes, pues en la mayoría de casos los plagiados manifiestan actitud de complacencia y comportamiento condescendiente para garantizar su vida, el bienestar de sus familiares y obtener condiciones físicas aceptables durante el cautiverio.

Cabe destacar que la esperanza de vivir no solamente se expresa en el comportamiento y actitudes flexibles que se adoptan frente al victimario; también hay quienes recurren a la simulación de enfermedades y/o a la dramatización de algunas ya existentes, con el fin de movilizar y manipular a sus secuestradores para lograr un trato más considerado o simplemente para sentir que tienen algún control sobre la situación. Así, fingir infarto, ataque epiléptico o exagerar una deformación física es frecuente.

Ahora bien, mientras que en el encierro las víctimas de secuestro generalmente presentan conducta sumisa, una vez adquirida su libertad y sin el inminente riesgo de morir, se refieren a sus captores en forma negativa y siempre deseándoles el peor de los futuros, situación que indica que la conducta que se tuvo en cautiverio no fue porque los plagiados se identificaran con los delincuentes, sino para permanecer con vida.

No sólo por secuestro

Hay especialistas en salud mental que afirman que el síndrome de Estocolmo no solamente lo sufren personas secuestradas, pues establecen que hay quienes por alguna razón son incapaces de huir del sometimiento psicológico por parte de un "captor", que bien puede ser alguno de los padres, esposo o novio.

El ejemplo más típico y predominante de este tipo de problemática es el de muchas mujeres maltratadas por su pareja, para quienes resulta imposible terminar la relación. Algunas consideran no tener mejores opciones ni dinero, pero sí demasiados hijos que mantener, lo cual les impide romper el lazo conyugal. Lo más sorprendente es lo que ocurre con las féminas que, pese a contar con independencia personal y económica y tener acceso a recursos alternativos, continúan con las relaciones donde sufren violencia.

Por increíble que parezca estos dos grupos de mujeres comparten la reacción paradójica de desarrollar fuerte vínculo de afecto hacia sus agresores sin poder denunciarlos e, incluso, llegan a justificar y hasta a defender las razones del maltrato al que son sometidas.

Este tipo de relación tiene su origen en el desequilibrio de poder y la combinación de trato bueno y malo por parte de la pareja, ya que tales variaciones pueden formar un lazo enfermizo; en este tipo de situaciones es común que la víctima niegue la parte violenta del agresor y sólo reconozca la que percibe como positiva.

El proceso para que una mujer se adapte psicológicamente al tipo de relación descrita está determinado por diversos cambios y desarrollo de adaptación, lo cual puede resumirse en cuatro estados:

  • Desencadenante. Primeros golpes y maltratos que rompen la seguridad.
  • Reorientación. Cuando ella trata de evitar conflictos y se culpa de la situación.
  • Afrontamiento. La mujer asume el modelo mental de su esposo y busca vías de protección para salvaguardar su integridad psicológica.
  • Adaptación. Aceptación de la nueva condición a través de identificación con la personalidad de quien la maltrata.

Como puedes ver, tanto en los casos de secuestro como en los de violencia doméstica, las víctimas del síndrome de Estocolmo deben someterse a tratamiento psicológico para que puedan recuperar su independencia mental y vivir tranquilamente, de esta manera evitarán que el problema crezca como una bola de nieve de la que resulte casi imposible escapar. 

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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