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Síndrome de Ulises, enfermedad del migrante

Martes 20 de junio del 2017, 09:53 am, última actualización

Cuando la angustia y ansiedad por estar lejos de casa conducen a depresión fatiga crónica, la salud mental del migrante corre riesgo de verse afectada. Aquí, qué es y cómo se trata el síndrome del inmigrante.

Síndrome de Ulises causa depresión, Salud mental del migrante

Migración y salud mental

A diario escuchamos notas sobre inmigrantes que afrontan infinidad de obstáculos a kilómetros de su hogar buscando mejor vida. Sin embargo, pocas veces nos damos cuenta de que las dificultades que experimentan, más allá de lo material, los hacen vulnerables a la enfermedad mental, sobre todo si no consiguen las metas que tanto habían soñado.

Pero, ¿qué es el síndrome del migrante? Esta condición, también llamada síndrome de Ulises (por el héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros lejos de sus seres queridos), se presenta en personas que sufren sensación de aislamiento y estrés crónico, entre otros signos, debido a la necesidad de rehacer su vida en otro país.

Según especialistas, cualquier inmigrante, en situación ilegal o no, vive una serie de pérdidas que le producen múltiples duelos, de ahí que generalmente consideren al duelo migratorio como uno de los signos más frecuentes de esta afección.

Inmigrantes y enfermedad mental

La sensación de fracaso ante el proceso migratorio, la lucha por la supervivencia y el miedo ante peligros físicos o a la detención y deportación del lugar al que llegó, son factores que dañan al individuo a tal grado que pueden originar síntomas del síndrome de Ulises como:

  • Sensación de aislamiento: la separación de los seres queridos puede provocar soledad en los momentos más difíciles, es decir, la sensación de no encontrar un lugar adecuado o personas cercanas, por lo que el vacío afectivo parece difícil de soportar.
  • Tristeza: la nostalgia suele ser uno de los sentimientos más frecuentes en estas circunstancias, que junto a miedos y preocupaciones, provocan ideas de incapacidad y de falta de valor (baja autoestima).
  • Culpabilidad: el migrante se siente culpable por "hacer mal las cosas", por haber “abandonado” a seres queridos o por creerse la causa de su propio fracaso.
  • Desengaño: el individuo suele ver que ha llegado a un lugar muy diferente al que esperaba y puede sentir cierto resentimiento por su nuevo “hogar”.
  • Signos físicos: los síntomas psicológicos suelen ir acompañados de insomnio, migrañas, dolores de cabeza y de estómago, nerviosismo, falta de apetito o exceso en la ingestión, falta de concentración o fatiga crónica.

Estos malestares, señalan expertos, suelen acentuarse durante las festividades decembrinas, época que más fibras emocionales mueve en la mayoría de las personas.

Tratamiento del síndrome del inmigrante

A la fecha, no existe un tratamiento para los síntomas de la enfermedad del migrante, como también se le llama. Algunas personas superan poco a poco el miedo ante los grandes cambios, el cual es normal, hasta que consiguen adaptarse a su nueva vida de forma satisfactoria.

Sin embargo, cuando las cosas no caminan como se había soñado o el individuo no es tan fuerte como para saber afrontar las adversidades, la posibilidad de que su salud mental se vea afectada es alta.

En este caso, la persona necesita que alguien le anime y le haga ver las cosas buenas y divertidas que hay en su vida, distrayéndole de sus problemas. Si quieres saber cómo tratar el síndrome de Ulises, los siguientes consejos son de gran ayuda:

  • Consulta al médico. Es fundamental que un profesional examine al afectado para verificar tanto su salud física como sus emociones y el probable vínculo de éstas con sus malestares.
  • Atención psicológica. Conviene que el migrante reciba terapia para poder procesar y elaborar adecuadamente los duelos y el sentimiento de pertenencia afectado en estos casos.
  • ¡Adiós al encierro! Lo peor que puede hacer quien experimenta los síntomas del síndrome de Ulises es aislarse y esconder sus emociones; por el contrario, hablar con amigos o seres queridos le ayuda a superar la sensación de aislamiento que lo lastima.
  • Menos estrés. A medida que se trata la enfermedad del migrante, el estrés crónico va reduciendo; sin embargo, también conviene practicar técnicas de relajación y respiración. Si se realizan a diario, ¡mucho mejor!
  • Ejercicio físico.La actividad física es magnífico medio para liberar tensión física y mental.
  • Alimentación equilibrada. Además de las tres comidas habituales, especialistas en salud mental sugieren a quien atraviesa una crisis de nostalgia, angustia y estrés crónico comer algo ligero (por ejemplo, fruta o una barra de cereal) cada 2 ó 3 horas. La problemática que enfrenta el inmigrante implica un gasto de energía muy grande y debe recuperarla para salir adelante.

Emigrar puede ser una experiencia enriquecedora, pero también un momento de crisis que expone aspectos que la persona no había vivido hasta esta situación. Saber afrontar este reto puede fortalecerla y hacerla crecer si cuenta con gente que la apoye y ayude a salir adelante, especialmente en épocas tan emotivas como las fiestas decembrinas. 

SyM - Andrea de María

 

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