Causas del suicidio en adolescentes y niños - SyM
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Suicidio en adolescentes, para tomar en cuenta

Viernes 23 de diciembre del 2016, 11:01 am, última actualización

El intento de suicidio en adolescentes es problema real que genera gran desesperación al interior de la familia debido al dramatismo con que ocurren los hechos y porque no siempre se cuenta con una explicación de lo sucedido. Por fortuna, este acto es prevenible.

Suicidio en adolescentes

Es indiscutible que la adolescencia representa una etapa de gran importancia en el desarrollo del ser humano, ya que chicas y chicos se integran a la sociedad de un modo distinto que cuando eran niños; comienzan a tomar decisiones propias y definen sus objetivos a futuro, muchas veces con la intención de emprender cambios. Sin embargo, también es un período crítico, ya que se incrementa la carga de presiones o responsabilidades individuales, a la vez que inexperiencia y falta de madurez emocional pueden generar tropezones que se traducen en momentos de angustia, soledad y frustración.

Dentro de este contexto, uno de los hechos más fuertes y traumáticos que pueden ocurrir para la familia y el joven es que éste, orillado por distintos factores, intente quitarse la vida. De acuerdo con la explicación del Dr. Gonzalo Alemán Cruz, psiquiatra con más de 30 años de experiencia profesional, el suicidio se presenta con menos frecuencia en la sociedad mexicana que en otras, pese a lo cual "no deja de ser un asunto serio, ya que es el síntoma evidente de que algo grave está ocurriendo y que puede tener orígenes muy distintos" y no sólo emocionales o de conducta.

El también jefe del Departamento de Psiquiatría del Sistema de Transporte Colectivo Metro, en la Ciudad de México, afirma que los padres que se enfrentan a este tipo de problemas "deben comprender que su hijo necesita la ayuda de un especialista y que la solución no radica en castigos, regaños o enviando al chico a un internado. Se requiere tratamiento, porque el intento de suicidio, como cualquier síntoma de otra enfermedad, puede repetirse si no se recibe la ayuda adecuada".

Acto impulsivo

El Dr. Alemán Cruz explica que las estadísticas de suicidio muestran resultados muy variables de acuerdo con la edad y sexo de los individuos, así como del país del que se hable; además, aclara que por lo general se manejan dos tasas distintas para medir su incidencia: la de intentos y la de actos consumados.

Ahonda: "Los jóvenes son el grupo poblacional en donde hay más individuos que tratan de quitarse la vida, pero son también los que consuman su objetivo menos veces. Hay una cifra estándar que indica que de cada 100 adolescentes que intentan suicidarse sólo 20 lo logran, mientras que en personas mayores de 60 años se invierte la proporción, es decir, por cada 100 actos 80 se consuman".

Tomando en cuenta cifras de la población mexicana de todas las edades, el especialista expone que el número de tentativas suicidas se inclina claramente hacia el lado de las mujeres, pues por cada cuatro de ellas que intentan quitarse la vida hay un solo hombre; sin embargo, la tasa de consumación es más alta en ellos, ya que por esta causa se reportan tres decesos masculinos por cada uno del sexo femenino. "Esto se explica de alguna manera porque hablamos de un acto impulsivo, súbito, lo que corresponde más bien a la naturaleza de los varones".

Este hecho se reafirma cuando se conocen las estadísticas del procedimiento que se sigue para tratar de quitarse la vida. "En ellos es más frecuente el uso de armas de fuego, arrojarse de grandes alturas o el ahorcamiento, mientras que en las mujeres es común el uso de sustancias psicoactivas, es decir, pastillas. En el Sistema Metro, por ejemplo, los suicidas se tiran a las vías del tren, y de los aproximadamente 70 eventos que ocurren al año la mayoría son hombres", explica el Dr. Gonzalo Alemán.

Concretamente en la población infantil y adolescente, el psiquiatra hace notar que, anualmente, el número de suicidios en niños de 5 a 9 años es de 0.01 por cada 100 mil habitantes, mientras que en las niñas de esta edad la práctica no existe; en chicos de 10 a 14 años se reportan 2.4 fallecimientos por 100 mil habitantes, en tanto que en las chicas hay 0.96 decesos por idéntica proporción poblacional. Finalmente, los varones de 15 a 19 años presentan una tasa de 18.25 muertes por cada 100 mil habitantes, mientras que las mujeres se encuentran cifras apenas arriba de 3 en igual proporción.

Para el Dr. Alemán Cruz, la situación al respecto es todavía benévola en el caso de México, pues "de acuerdo con datos obtenidos en 2002, los actos consumados de quitarse la vida ocupan el lugar 18 entre las causas de muerte, en tanto que el índice registrado en toda la población, sin importar sexo ni edad, es 3.6 pérdidas humanas por cada 100 mil habitantes al año, lo cual es un una cifra muy baja con respecto a otras naciones".

Para sustentar esta afirmación, comenta que los números más altos se registran en "lo que llamamos en epidemiología psiquiátrica el 'cinturón suicida', es decir, países como Dinamarca, Suecia, Finlandia, Suiza, Alemania, Austria, Europa del Este y Japón, donde se registran 25 muertes por cada 100 mil habitantes al año; se sospecha que puede deberse a que la falta de luz solar favorece el aumento de depresión y tristeza, aunque también hay factores genéticos, porque otras regiones donde la iluminación natural es muy débil, como Canadá, no presentan el mismo problema. Otras naciones con altos índices son Estados Unidos, donde la frecuencia es 12.5 suicidios por cada 100 mil habitantes al año, y España, Italia, Irlanda, Egipto y Países Bajos (Holanda), donde hay 10 decesos por idéntico número de personas y tiempo".

Radiografía del problema

A través de un estudio conocido como autopsia psicológica post mortem, que consiste en recopilar información sobre las personas que consuman el suicidio, se ha generado información relevante sobre los grupos más vulnerables a esta práctica y sus motivos. Por ejemplo, se ha encontrado que 32% de quienes se han quitado la vida, sin importar su edad, habían recibido atención médica en los seis meses anteriores; saber esto "es importante, porque el suicidio no puede afectar a quien está sano, sino al enfermo, y no necesariamente a quien tiene un padecimiento psiquiátricos".

De esta manera, se ha encontrado que tienen mayor riesgo suicida quienes padecen:

  • Epilepsia. Trastorno provocado por el aumento de la actividad eléctrica de las neuronas (células nerviosas) en alguna zona del cerebro; la persona afectada puede sufrir convulsiones o movimientos corporales incontrolados en forma repetitiva.
  • Esclerosis múltiple. Enfermedad en la que la sustancia que cubre a las células nerviosas, mielina, se destruye o lesiona, por lo que la habilidad de los nervios para conducir impulsos eléctricos desde y al cerebro se interrumpe.
  • Demencia. Deterioro progresivo del funcionamiento cerebral que se caracteriza por pérdida de memoria y concentración, alucinaciones y percepción sensorial alterada. El mal de Alzheimer entra en esta categoría.
  • Enfermedad o corea de Huntington. Deterioro cerebral que se manifiesta con daño progresivo a la memoria, cambios en la personalidad, pérdida de habilidades, movimientos involuntarios y gesticulaciones raras. Antes se llamaba "mal de San Vito".
  • Sida. Fase avanzada de la infección ocasionada por el virus de inmunodeficiencia humana; se caracteriza por daño severo al sistema de defensas del organismo.

Aunque en menor grado, también influyen la enfermedad de Cushing (trabajo excesivo de la glándula pituitaria que genera obesidad, acumulación de grasa en hombros, dolor en espalda y cabeza, y cambios mentales), síndrome de Klinefelter (anomalía genética que afecta a los hombres y genera disfunción sexual, proporción corporal anormal y aspecto infantil en los genitales), porfiria (trastorno hereditario que genera sensibilidad a la luz, cambios de personalidad y dolor abdominal y en extremidades), cirrosis (muerte paulatina de células del hígado), desfiguramientos físicos, cáncer, dolor crónico intratable, mutilaciones, contaminación, pérdida de la movilidad y uso de anticancerígenos, tranquilizantes, esteroides y medicamentos como reserpina y propanolol, entre otras causas.

Asimismo, el especialista añade que el suicidio se reparte, también, de acuerdo al estado civil; al año, y por cada 100 mil habitantes, hay 11 fallecimientos en casados, 20 en solteros, 24 en viudos y 40 en divorciados, siendo en este último grupo más acentuada la diferencia por géneros, ya que en varones ocurren 69 fallecimientos por 18 en mujeres en idéntica proporción de población y tiempo. En cuanto a profesiones, corren más riesgo psiquiatras, oftalmólogos, anestesiólogos, músicos, dentistas, policías, abogados y agentes de seguros.

Por lo que respecta a factores psiquiátricos, el Dr. Gonzalo Alemán Cruz explica que 95% de quienes se quitan la vida presentan rasgos de alguna enfermedad mental, siendo más frecuentes "los trastornos del estado de ánimo, concretamente depresión, aunque también esquizofrenia (distorsión del pensamiento que se caracteriza porque quienes la padecen tienen el sentimiento de estar controlados por fuerzas extrañas) y fallas en el control de impulsos". Asimismo, se debe señalar que esta práctica es más alta en homosexuales, bisexuales y transexuales.

Fragilidad emocional

Aunque las cifras respaldan la afirmación del especialista en el sentido de que el adolescente en realidad se suicida poco, detalla que los padres deben tomar todo intento o amenaza suicida como señal seria de que algo malo ocurre con su hija o hijo y que, por tanto, se deben buscar las causas de esta conducta y un tratamiento adecuado.

"El intento suicida genera una terrible tensión a la familia-asevera el Dr. Alemán Cruz-, cuya reacción es casi siempre afectiva, ya sea amor-odio, coraje o miedo; cabe decir que esto no es lo mejor para un paciente en estas circunstancias, pues lo que requiere es la ayuda de un profesional que intervenga, digamos, 'neutralmente'. La madre y el padre quieren saber qué pasó, pero más que eso debe efectuarse un diagnóstico para corregir este hecho y que no se repita, de modo que lo mejor que pueden hacer es llevar a su hijo a un psiquiatra."

A pesar de que reconoce que el médico general puede intervenir durante la emergencia para dar los primeros auxilios y aplicar medicamentos que estabilicen al joven, además de que se puede recomendar posteriormente alguna terapia de familia o grupal, es el psiquiatra quien cuenta con la capacidad de establecer diagnóstico y causas del evento, así como determinar las mejores medidas a seguir.

En cuanto al tratamiento, explica que éste puede cambiar de acuerdo a las circunstancias de cada paciente. "Si estamos ante un intento suicida en un adolescente cuyos padres se están divorciando, por ejemplo, no tiene caso impedir la separación ni tratar de modificar al mundo para ponerlo a la medida del paciente. Lo que se necesita es aumentar la tolerancia y la resistencia del muchacho porque está demostrando que su sistema emocional es débil".

De igual manera, la misión del psiquiatra no consiste en "convencer a todas las muchachas o muchachos que rechazan al paciente de que sean su pareja, ni a los empleadores que le den trabajo o a los maestros que lo aprueben; esto no puede ser. Siempre le digo a mis pacientes que las cosas que ocurren allá afuera no las puedo modificar, ni me interesa; mi intención es mejorar al paciente y hacer que no se pase la vida instalado en la fragilidad, con un médico detrás de él pidiéndole a todo el mundo que le den una oportunidad".

La incapacidad del adolescente para comprender y tolerar las exigencias típicas de su edad, que se suceden a un ritmo vertiginoso, tienen la mayor parte de las veces, como ya se ha visto, un fundamento psiquiátrico que debe abordarse también con los progenitores. "Esto es muy importante porque el papá o la mamá se sienten muy responsables del intento de suicidio, sobre todo si se encuentra que el muchacho es depresivo o sufre un padecimiento mental, ya que asumen que tuvieron la culpa de esta enfermedad. La labor del profesional radica en plantear las cosas de otra manera; yo procuro explicarles que ellos no volvieron 'loco' al joven, sino que les tocó tener un hijo así, tal como pudo nacer sin orejas o con pecas. Un padecimiento mental es como cualquier otro".

Los padres deben comprender que hechos circunstanciales como el nacimiento de un niño prematuro y la presencia de enfermedades psiquiátricas o suicidios en la familia pueden ser factores de riesgo determinantes, y no tanto un problema por educación o malas relaciones familiares. "Tenemos el caso del famoso escritor estadounidense Ernest Hemingway, que vivía rodeado de halagos, no era pobre ni tonto, y a pesar de ello se quitó la vida. Pero no sólo eso, su hijo se suicidó y también su nieta, porque hay veces en que así ocurre, la línea es familiar".

Señales de alarma

Tomando en cuenta lo anterior, el Dr. Gonzalo Alemán Cruz comenta que cuando un chico amenaza con suicidarse o lo intenta, los padres deben ser cuidadosos al observar el entorno de su hijo. Así, tienen que considerar los antecedentes en parientes cercanos y los cambios que pudieran presentarse paulatinamente en su comportamiento, ya que "en un número muy significativo encontramos que el evento no ocurre de un momento a otro, y difícilmente se debe sólo a que no se le haya dejado ir al 'antro' la noche anterior. Es raro que el intento de quitarse la vida sea el primer síntoma".

Por ejemplo, se sabe que el joven deprimido muestra ciertos rasgos de personalidad que aparecen gradualmente y que pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Carácter irritable.
  • Busca aislarse.
  • Se siente aburrido, cansado y con falta de energía.
  • Duerme en exceso.
  • Es incapaz de disfrutar las cosas que antes les gustaban.
  • Tiene alguna alteración de sueño (con frecuencia insomnio) o de la alimentación (falta de apetito o come demasiado).
  • Cambia de ánimo muy a menudo y de manera acentuada.
  • Hay aceleramiento o disminución radical de la actividad mental o física.
  • Su pensamiento tiene contenido negativo, repleto de frases como "no puedo", "no la hago" o "tengo miedo".

A esto, el psiquiatra añade que "es notable que el chico obtiene malas calificaciones o está perdiendo el año escolar después de haber demostrado que era regular o buen estudiante. También es evidente que hay un problema en el adolescente cuando no es capaz de acatar las normas. Es el caso de una jovencita de 15 años que se va de casa y llega dos días después o que empieza a tener una vida sexual que asombraría; también el del chico que usa drogas. Sobre esto último hay un dato interesante: se descubre que empiezan a desaparecer cosas de la casa porque el adolescente las roba para venderlas y pagar los estimulantes; también se sabe que le debe dinero a un amigo o recibe llamadas de quienes le ofrecen o cobran la droga (diler o dealer)".

El psiquiatra refiere que también se requiere la observación especial "del adolescente con retraso mental o del discapacitado ya que, como hemos explicado, todas las enfermedades crónicas (de larga duración) o que interfieren en el desarrollo habitual conllevan riesgo de suicidio".

A pregunta expresa, comenta que "a veces puede haber un intento por quitarse la vida que se utiliza como chantaje, pero eso se puede determinar debido al contexto y a las características en que sucede. Si a una joven le prohibieron salir con sus amigos y se tomó dos analgésicos suaves, podemos sacar conclusiones. Pero aun en esta circunstancia se debe considerar como un trastorno del desarrollo que necesita evaluación para saber por qué utilizó este recurso".

De esta manera, el Dr. Alemán Cruz reitera que ante las señales de alarma antes mencionadas, de amenaza o intento de suicidio, se debe acudir a un especialista debido a que lo que se manifiesta "es incompetencia del aparato emocional para soportar el estrés, y se deben determinar las causas y dar tratamiento. Hablamos del síntoma de cualquier enfermedad, y como tal puede repetirse. Es común observar que quienes no reciben atención intentan quitarse la vida, digamos, a los 14, 18, 25 y 30 años, en forma reiterada".

Vale repetir que el acto suicida debe ser asumido con seriedad porque "también puede ser ocasionado por una enfermedad: el cáncer en los pulmones presenta un síntoma paralelo, llamado síndrome paraneoplásico, que distorsiona el comportamiento gravemente, en tanto que la meningitis (infección de los tejidos que cubren al cerebro y médula espinal) genera alteraciones de conducta. En ambos casos el paciente se siente muy raro, no sabe por qué pero actúa de manera extraña e incluso puede intentar quitarse la vida".

Por todo esto, concluye que "antes de recurrir a regaños o tratar de corregir la conducta, el intento de suicidio debe ser entendido como un hecho grave y serio, no sólo como chantaje" y tiene que ser evaluado por un psiquiatra para determinar causas y medidas a seguir tanto para estabilizar al paciente como para evitar reincidencias.

Cambio de mentalidad

Finalmente, el Dr. Gonzalo Alemán explica que este problema se debe entender desde una perspectiva distinta no sólo por la sociedad, sino por los mismos médicos. "Cualquier paciente que llega a urgencias por esta causa debe ser atendido igual y se debe establecer diagnóstico como a otras personas. Hablo de cosas elementales pero que por increíble que parezcan no se realizan: medir la temperatura porque tal vez una fiebre muy alta hace que se tengan alucinaciones, atender fracturas, suturar heridas, escuchar los pulmones y el corazón, realizar electrocardiograma, etcétera".

Comenta que por desgracia "un suicida es rechazado, lo cual es terrible. El personal de salud, generalmente, llega a considerarlo un enemigo y no se da cuenta de que es un paciente que puede sufrir un dolor enloquecedor, tener alucinaciones o sentirse muy deprimido. Aunque quien lo escuche puede considerar que su problema no es grave, la verdad es que no experimentamos lo que él está viviendo".

Por ello, sostiene que lo primero y más importante es tratarlo con respeto y que el servicio de urgencias establezca el diagnóstico como en cualquier caso y con ayuda del psiquiatra. Así, concluye, "es necesario escuchar y entender al suicida, demostrarle que se valora su situación y que se le quiere dar una solución, en vez de rechazarlo. A veces se abre una nueva posibilidad cuando se les hace una pregunta tan sencilla como: '¿te quieres morir o quieres que termine tu dolor?'; eso es suficiente para abrir una puerta, una oportunidad para el paciente y para que se pueda hacer algo por calmar su malestar o su cansancio".

SyM - Rafael Mejía

 

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