Trastorno bipolar, enfermedad mental subestimada en México - SyM
Salud y Medicinas, Sitio líder en salud y prevención de enfermedades, Cuidados de la salud

13 Diciembre 2017 | Iniciar Sesión



Hacer fuente pequeña
Hacer fuente normal
Hacer fuente grande
Imprimir

Trastorno bipolar, problema subestimado en México

Viernes 27 de enero del 2017, 12:05 pm, última actualización

Se estima que sólo la mitad de los 2 millones de mexicanos que sufren trastorno bipolar reciben tratamiento médico, de modo que quienes carecen de atención enfrentan problemas de convivencia social, rechazo e incluso, ignoran que son víctimas de dicha enfermedad.

Trastorno bipolar, problema subestimado

Aunque los tratamientos psiquiátricos y psicológicos de nuestros días permiten controlar a la mayoría de enfermedades mentales, la población mexicana con trastorno bipolar, que es un padecimiento en donde el afectado sufre notables alteraciones en su estado de ánimo, que va de profunda tristeza a euforia incontrolable, continúa siendo víctima de marginación debido a falta de información, sistemas de atención y diagnóstico poco eficaces, políticas de apoyo casi inexistentes y prejuicios sociales todavía muy arraigados.

Así es el panorama general que describe Xóchitl Álvarez, directora de la Asociación Mexicana de Trastorno Bipolar, A.C. (Ámate), quien explica que "la manera más fácil de solucionar el problema consiste en ocultar a quien sufre la enfermedad mental, pero ello no es, obviamente, lo más adecuado. Nos falta crear mayor conciencia sobre la naturaleza de este padecimiento para perder el miedo o vergüenza que genera y establecer redes de apoyo social más fuertes que permitan a los pacientes contar con la ayuda de sus seres queridos, en vez de vivir el rechazo ocasionado por desconocimiento".

De acuerdo con la especialista, el avance en la atención del trastorno bipolar en México se ha dado a pasos lentos, por lo que sigue siendo un problema de salud pública casi ignorado por los planes gubernamentales, pues aunque "ha habido cierto avance en el sentido de que hay un poco más de información, además de que antes el diagnóstico podía tardar hasta ocho años y ahora se ha reducido a un promedio de cinco, las estimaciones indican que la presencia de este problema en nuestra población es de entre 1.5 y 2%, que equivale a cerca de dos millones de personas, y que sólo la mitad de ellas reciben atención, en gran medida por la falta de recursos y programas destinados a salud mental".

Origen multifactorial

Las investigaciones médicas y psiquiátricas han dejado claro que este trastorno afectivo o emocional, antes conocido como enfermedad maníaco-depresiva, se origina por alteraciones en la producción de neurotransmisores (sustancias empleadas en la comunicación de las células del sistema nervioso), y debido a ello se manifiesta con disturbios emocionales, como tristeza profunda y euforia que se presentan en forma alterna.

Al respecto, Xóchitl Álvarez describe que cuando el paciente pasa por una etapa depresiva "se siente triste e indiferente a las consecuencias que puede sufrir por suspender sus actividades, de modo que abandona su trabajo y deja de bañarse, además de que se siente irritable, ensimismado, y le molestan el ruido y la gente a su alrededor, por lo que comienza a aislarse".

Paralelamente sufre alteraciones físicas como insomnio (falta de sueño) o hipersomnia (dormir demasiado), cansancio crónico, mala concentración, dolor y debilidad muscular (fibromialgia), padecimientos gastrointestinales y cambios en el apetito (comer mucho más o menos que antes) a tal grado que puede subir o bajar de peso en forma dramática (de 10 a 15 kg en un mes). Por desgracia, refiere, estos síntomas causan confusión y los pacientes acuden primero a médicos que atienden su salud física y dejan de lado el aspecto emocional, y es por ello que en la mayoría de los casos deben pasar varios años para que se haga el diagnóstico acertado.

La especialista indica que los estados depresivos no generan grandes problemas a los seres cercanos, aunque puede haber alejamiento y desconcierto por el carácter irritable del enfermo; sin embargo, "las dificultades serias vienen con la manía, que ocurre después. En esta etapa la persona se siente con más vitalidad y retoma su trabajo y forma de ser, pero al pasar el tiempo su agilidad mental y emocional se incrementa tanto que deja de dormir, a veces varios días, y se la pasa creando y ejecutando planes en estado de euforia o frenesí. Los familiares se alarman porque ven que no come, está hiperactivo, sale a caminar a medianoche y deja la puerta abierta, o los convence de hospedarse en un hotel porque dice que los están persiguiendo".

A decir de Xóchitl Álvarez, hay pacientes que creen tener algún poder sobrehumano o piensan que son Jesús o la Virgen María, y que están en el mundo para cumplir una misión específica, como erradicar el hambre o la pobreza. Otros consideran que pueden hacer grandes negocios de la noche a la mañana, por lo que arriesgan o pierden el patrimonio familiar, y unos más se exponen a situaciones de riesgo, ya que no son capaces de medir el peligro e intentan defender a cualquier persona en la calle cuando juzgan que se comete una injusticia, retan a la policía o conducen imprudentemente. En grados extremos, cuando su ambiente emocional y social se encuentra muy deteriorado, tienen la energía suficiente para intentar el suicidio.

Aunque los procesos de depresión y manía pueden durar de 15 días a 6 meses, dependiendo de la gravedad del trastorno, explica que también pueden presentarse "episodios mixtos, mismos que se caracterizan por estados de tristeza por la mañana y euforia en la tarde del mismo día. Esto sucede cuando una persona lleva tiempo con el padecimiento y no ha sido tratada adecuadamente, o porque recurre al consumo de alcohol o drogas, que empeoran la enfermedad".

Por otra parte, refiere que hay distintos condicionantes para desarrollar trastorno bipolar, por lo que se le considera una enfermedad multifactorial, siendo las principales:

  • Predisposición genética. La enfermedad es más común en ciertas familias y en individuos en cuyos antecesores biológicos se registra un historial de trastornos emocionales, como depresión.
  • Desequilibrio en la generación de neurotransmisores. No es un problema heredado, sino que aparece espontáneamente y desde el nacimiento; se caracteriza porque el paciente tiene problemas para producir sustancias como serotonina, noradrenalina, norepinefrina, dopamina y acetilcolina, que regulan los estados de ánimo del ser humano.
  • Lesión neuronal. Sufrir un golpe o accidente a cualquier edad puede generar una alteración en los tejidos del cerebro y, de manera secundaria, ocasionar trastorno bipolar.
  • Fisiológico. Consumo de drogas y alcohol perjudica las funciones neuronales y acentúa el riesgo en quienes tienen antecedentes familiares.
  • Psicosocial. Un medio violento, estresante y opresivo en el hogar también es detonante en quienes tienen predisposición genética, de modo que el padecimiento puede manifestarse de manera más temprana, por ejemplo, desde la adolescencia.

Problemas para detectarlo

La directora de Ámate afirma que hasta hace poco el diagnóstico de trastorno bipolar se daba en personas mayores de 30 años, principalmente, pero en la actualidad se logra a edades más tempranas (19 a 25 años), lo cual es muy importante para prevenir situaciones de crisis y deterioro mental, social y productivo en la persona afectada.

Sin embargo, sostiene que su detección continúa siendo de las más difíciles no sólo porque sus manifestaciones se confunden con problemas de salud física, como se ha explicado, sino porque se parecen a las de otras enfermedades mentales. Aclara que "sobre todo en pacientes jóvenes es complicado distinguir esta enfermedad de otras condiciones, como déficit de atención (problema que genera excesiva actividad motora y dificultad para mantener la concentración), cambios de conducta comunes de la adolescencia o esquizofrenia (padecimiento que se caracteriza por ocasionar distorsión del pensamiento), pues se comparten varios síntomas".

Por ello, explica, se requiere de cuidadosa observación del paciente para lograr su diagnóstico y explica que, por ejemplo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad afecta la capacidad de concentración, de modo que la persona con dicho problema actúa precipitadamente porque no es capaz de mantenerse quieta o de realizar una misma labor durante mucho tiempo, en tanto que el dinamismo exagerado que se llega a presentar en un individuo con trastorno bipolar partirá de su estado de ánimo y ocurrirá durante una etapa de euforia.

En cuanto a las alteraciones de conducta en la adolescencia, especifica que éstas dejan entrever una forma de ser desafiante en que se tratan de romper los límites impuestos por los padres, además de que dicha actitud se mantiene de manera continua en el joven, en tanto que en el trastorno bipolar no siempre se busca retar a la autoridad, sin olvidar que se trata de una enfermedad cíclica, en la cual se alternan estados de euforia y tristeza.

También aclara que algunos episodios agudos de manía que llega a sufrir el paciente con trastorno bipolar generan delirios y sensación de ser perseguido o agredido, y que esto se confunde con alucinaciones (percepciones falsas de hechos amenazantes que parecen reales) propias de la esquizofrenia, lo que complica particularmente la detección.

Estos casos suelen ser atendidos por el psiquiatra, quien administra medicamentos para enfrentar el problema, pero una vez que se ha superado la fase crítica del evento se descubre que persisten alteraciones en el ámbito emocional, lo que no sucede en alguien con esquizofrenia. Xóchitl Álvarez aclara que, además, no se descarta la posibilidad de que haya pacientes en los que se presenten dos padecimientos de manera simultánea, por ejemplo, trastorno bipolar e hiperactividad, lo que también dificulta el diagnóstico.

Marginación y alternativas

El panorama sobre el trastorno bipolar en México es complicado y abrumador, sostiene la especialista, ante todo porque socialmente prevalece "la estigmatización a los padecimientos mentales (se teme tanto a la ‘locura' como a la muerte), y muchas familias rechazan al paciente, lo agreden o abandonan, de modo que muchas veces terminan como vagabundos, durmiendo en banquetas y parques".

Asimismo, aclara que los núcleos familiares que tratan de sobrellevar la situación deben enfrentar hostilidades y ataques constantes, pues "además de las situaciones que genera el paciente deben soportar las críticas de los vecinos, quienes hacen chismes o mofas sobre lo que ocurre en su hogar; se habla de que de repente salen corriendo a media noche, llegan patrullas a menudo o tratan de sujetar al enfermo porque grita en la ventana, y esta presión puede causar agotamiento que muchas veces desemboca en la segregación del enfermo".

También subraya que el trato puede cambiar de acuerdo al sexo del paciente, pues "cuando es hombre muchas veces se ve inmerso en problemas de adicción a drogas y alcohol, pese a lo cual los padres o la esposa le apoyan; en cambio, la mujer con trastorno bipolar es juzgada como ‘la loca de la casa' y se le arrincona; no se le da la oportunidad de recibir el tratamiento adecuado a pesar de que en la práctica hemos visto que ellas cobran mayor conciencia de su enfermedad y, por lo mismo, responden mejor a la terapia que ellos".

Xóchitl Álvarez comenta que el desinterés hacia el trastorno bipolar y las enfermedades mentales también se da de otras formas, pues en su experiencia ha notado la indiferencia gubernamental respecto a grupos de alta vulnerabilidad, como sexoservidoras e inmigrantes indígenas, quienes se encuentran expuestos a adicciones, violencia y abuso físico o psicológico, a la vez que carecen de cualquier forma de apoyo. Asimismo, el trato en los hospitales es deficiente o corresponde a modelos poco flexibles.

"En Ámate suelen traernos quejas de que no todos los hospitales dan atención primaria a los pacientes con trastorno bipolar; a veces los llevan de un centro hospitalario a otro, o los diagnostican mal y los mandan a su casa con un tranquilizante porque creen que sufrieron una crisis nerviosa. Esto se debe, en gran medida, a que nuestro sistema de atención médica no ha acabado de integrar a la salud mental como un rubro importante que se debe contemplar en todo paciente que llega a consulta o a emergencias", sostiene Xóchitl Álvarez.

Abunda al respecto con un par de ejemplos; el primero, de un joven con una enfermedad mental al que se le negó la posibilidad de ser ingresado en un hospital general porque "no se podía poner en riesgo el piso en donde se quedara", aun cuando se trataba de una persona de carácter tranquilo, y el segundo, un paciente con trastorno bipolar en estado de euforia que, al actuar imprudentemente, recibió un golpe en la pierna.

"Fue llevado al Instituto Nacional de Psiquiatría —asegura—, pero no lo recibieron porque actuaba con violencia y no dejaba que lo internaran; entonces lo encauzaron al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino, donde tienen la facultad de retenerlo incluso por la fuerza, pero tampoco lo atendieron porque tenía un moretón en la rodilla, es decir, no era un ‘paciente psiquiátrico puro'. Regresó a su casa, donde rompió todo en una crisis, lo cual pudo evitarse si lo hubieran atendido."

Por otra parte, señala que la falta de un tratamiento integral también se observa en el hecho de que muchas veces se ignora que las mujeres que toman fármacos para aliviar enfermedades mentales corren el riesgo de que se les detecte cáncer de mama o cervicouterino de manera tardía. "Los umbrales de dolor de quienes toman medicamentos especiales para estos padecimientos son más amplios, así que se quejan menos por problemas físicos; entonces, como algunos médicos sólo atienden el aspecto mental, sin detenerse a analizar qué pasa con las demás funciones del organismo, el diagnóstico de alguna tumoración llega cuando ésta ha avanzado demasiado".

La respuesta a tales problemas, subraya, sería la instauración de sistemas como los que funcionan en Brasil o Colombia, en donde distintos médicos interactúan para dar mejor servicio. Así, cuando un paciente psiquiátrico llega a una clínica porque sufre un problema físico, es evaluado de manera coordinada por especialistas en salud mental y en aquellas áreas involucradas en su padecimiento, porque se ha entendido que el bienestar del ser humano depende de varios factores, no sólo de uno.

Asimismo, considera que sería de utilidad la instauración de un programa de difusión y educación sobre enfermedades mentales, mismo que contemple la enseñanza de estos temas a nivel secundaria para que "el adolescente crezca con este conocimiento y sepa que si se deprime o tiene cambios de ánimo notables no es por ‘cosa de la edad' ni ‘parte de su personalidad', sino que es probable que tenga un trastorno".

Finalmente, señala que aquellas personas cuyos síntomas coincidan con los del trastorno bipolar o que conozcan a alguien en tales circunstancias deben buscar la ayuda de un psiquiatra o psicólogo para determinar la posibilidad de que se padezca un problema de salud mental.

SyM - Rafael Mejía

 

Comenta el tema desde Facebook... Si tienes alguna consulta médica, regístrate gratuitamente en Pregunta al Médico. Nuestros especialistas te responderán en forma privada sólo a través de dicha sección.

Comenta el tema desde Facebook... Si tienes alguna consulta médica, regístrate gratuitamente en Pregunta al Médico. Nuestros especialistas te responderán en forma privada sólo a través de dicha sección.

Hoy en Salud Mental

Todo sobre pruebas antidoping


Ver más...

Sabías que...

En México, el número de mujeres con discapacidad suma 3.8 millones, en tanto el de hombres llega a 3.3 millones, siendo las enfermedades su principal causa.




Comscore