Hacer fuente pequeña
Hacer fuente normal
Hacer fuente grande
Imprimir

Tratamiento contra el alcoholismo, no sólo consiste en dejar de beber

Viernes 28 de febrero del 2014, 09:08 am, última actualización.

La recuperación de una persona adicta a la bebida no ocurre de la noche a la mañana ni depende sólo de fuerza de voluntad. Para escapar del alcoholismo se necesita, más bien, del esfuerzo y colaboración compartida entre paciente, médicos y familiares.

Tratamiento contra el alcoholismo, no sólo consiste en dejar de beber

El alcoholismo es la adicción más frecuente en México y en el mundo, quizá porque la mayor parte de la sociedad sigue creyendo que las bebidas embriagantes son drogas legales, es decir, estimulantes que por ser relativamente inofensivos pueden estar al alcance de cualquier persona. Sin embargo, si se profundiza un poco más en el tema podemos descubrir que esta forma de pensar resulta insostenible.

En este sentido es importante señalar que las hipótesis actuales sostienen que el consumo exagerado de cierta sustancia, en este caso el alcohol, es en realidad consecuencia de una problemática individual que le antecede. Dicho de otra forma, “la droga no es la que causa dependencia, sino que la persona que consume algún estimulante ya tiene tendencia adictiva. Por ello, es erróneo decir que alguien ‘cayó en las garras de la droga’, pues en realidad es ésta la que cayó en manos de un individuo que tenía un trastorno emocional”.

Así lo explica el psiquiatra Armando Barriguete Castellón, ex presidente de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, en su libro Las adicciones son curables, un enfoque terapéutico actual. Además, señala que lo primero para lograr la recuperación del paciente es detener el consumo, y luego debe sostenerse la abstinencia a la vez que se brinda psicoterapia. “Esto permite observar permanentemente los movimientos de la parte inconsciente, misma que insistirá en el consumo aunque conscientemente haya desaparecido el deseo”, afirma.

Por su parte, el psiquiatra José Antonio Elizondo López, fundador y director del Centro de Atención Integral en Problemas de Adicción (CAIPA), localizado en la Ciudad de México, establece que no es lo mismo la abstinencia que la sobriedad. Dicha idea es desarrollada ampliamente en el libro El síndrome de la borrachera seca, y es descrita de la siguiente manera:

Abstinencia significa dejar de consumir alcohol o la droga a la que se es adicto. Sobriedad significa aprender a vivir en abstinencia a través de un continuo crecimiento emocional que permita alcanzar la madurez. En otras palabras: la suma de la abstinencia y madurez constituye la sobriedad”, señala el experto.

“Muchos alcohólicos dejan de beber pero no crecen emocionalmente —continúa la explicación—, y aunque sean abstemios siguen siendo ‘bebés emocionales’. Estas personas padecen el síndrome de la borrachera seca, una forma de neurosis que padece el alcohólico en recuperación cuando sólo se conforma con dejar de beber.”

En la historia psicológica de la mayor parte de los adictos al alcohol encontramos antecedentes de rechazo afectivo, dice el experto egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como sobreprotección o responsabilidad prematura. “Estas vivencias infantiles determinan un retraso en el desarrollo de su personalidad que da lugar a que este tipo de personas sean inseguras, ansiosas, egocéntricas, con baja autoestima y una serie de complejos que impiden óptimo desarrollo de su personalidad”.

Al llegar a la adolescencia, en el chico surgen una serie de fenómenos tales como “la aparición de los caracteres sexuales secundarios, la atracción por el sexo opuesto, la necesidad de ser aceptado en su grupo de iguales, la búsqueda de la identidad propia y una mayor presión para el cumplimiento de responsabilidades escolares, familiares y sociales. Estos futuros alcohólicos, al enfrentar dicha situación, sufren gran angustia que les produce intenso malestar psicológico y, al mismo tiempo, mucha frustración al sentirse incompetentes para satisfacer sus necesidades”.

Asimismo, abunda el adictólogo, esta época de la adolescencia es también en la que se tienen los primeros contactos con el alcohol. “El inmaduro emocional, lleno de complejos y limitaciones en sus relaciones interpersonales, al experimentar con el alcohol descubre una sustancia maravillosa que transforma su personalidad y lo convierte de tímido en audaz, de cobarde en valiente, de introvertido en extrovertido, de antipático en simpático, y de lacónico en locuaz”.

Es así que un joven angustiado encuentra en el alcohol una muleta emocional que le ayuda a compensar sus limitaciones psicológicas, pero también da inicio a una carrera que empieza con el uso, luego se vuelve hábito, continúa con el abuso y termina con la adicción.

El Dr. Elizondo López, creador del Programa de Rehabilitación de Alcohólicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), explica que el paciente que ha dejado de beber y alcanza la abstinencia por un tiempo razonable debe complementar su recuperación con una terapia personalizada que le ayude a crecer emocionalmente. Si no lo hace, entonces tendrá los 12 síntomas propios de la borrachera seca:

  • Inmadurez e infantilismo.
  • Actitud permanente de deshonestidad ante sí mismo y los demás.
  • Amargura e insatisfacción emocional por persistencia de los resentimientos.
  • Permanente sentimiento de culpabilidad, con autodevaluación, minusvalía y tendencia hacia el autocastigo.
  • Egocentrismo, autosuficiencia neurótica, mal manejo de la agresividad y tendencia hacia la omnipotencia (sentimiento de superioridad).
  • Miedo permanente.
  • Depresión cíclica o persistente.
  • Conflictos sexuales y sentimentales.
  • Negación de su realidad no alcohólica (no desconoce su alcoholismo, pero sí una serie de defectos de carácter).
  • Sustitución del alcohol por otras sustancias o conductas adictivas.
  • Espiritualidad ausente o muy empobrecida.
  • Comportamiento inadecuado en algún grupo de rehabilitación al que pudiera ingresar, como Alcohólicos Anónimos.

Recuperación posible

El Dr. Barriguete Castellón, ex presidente de la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría, plantea que la primera fase del tratamiento contra el alcoholismo se centra en detener la actividad.

“La regla de oro de la recuperación consiste en recomendarle y pedirle a nuestro paciente que se comprometa a no consumir o iniciar alguna conducta compulsiva. Trátese de lo que se trate, deberá decir, y decirse: ‘no’”, afirma el especialista.

Como no es posible que el paciente deje todos sus motivos de adicción al inicio del tratamiento, en ocasiones se le permite abiertamente que siga fumando o tomando café mientras se trabaja con el estimulante que ocasiona mayores problemas (en este caso el alcohol), puesto que la personalidad adictiva se podrá revertir solamente hasta que el individuo se encuentre en fases más avanzadas del proceso.

Sin embargo, en muchas ocasiones es necesario internar al enfermo en un centro de rehabilitación, en el que se le impedirá el contacto con la sustancia que consume y se le brindará apoyo psicológico para que comprenda los motivos de su padecimiento.

El alcohólico en recuperación debe asistir a un grupo de autoauyuda al menos tres veces a la semana. Tal recomendación suele generar resistencia debido a que, explica el psiquiatra, el paciente no se considera tan enfermo como las otras personas que asisten a estos grupos, cree que sus compañeros no son de su mismo nivel sociocultural y hasta llega a pensar que lo que va a escuchar le va a enfermar más.

Sin embargo, “el hecho de formar parte de un grupo de infractores, en el que en vez de castigo hay comprensión, permitirá al recién llegado hablar de sus dolores y desventuras con amplitud y profundidad, tal vez como no lo haría en ningún otro lugar, ni siquiera en el consultorio del médico. Además, puede constatar el enorme beneficio que le acarrea el simple hecho de abstenerse, ya que podrá comprender lo que hizo mal y que no había entendido”, relata Barriguete Castellón.

Sostener la abstinencia

Tal es el nombre de la fase en que se encuentran los pacientes que han desistido del consumo de una sustancia, en este caso el alcohol, y aquellos que han egresado de una clínica especializada en adicciones. El Dr. Barriguete Castellón señala que, de acuerdo con su experiencia, esta etapa se prolonga entre 1 y 2 años, y en ella requiere que el individuo en recuperación acuda a dos sesiones por semana, ya que el terapeuta se centrará en impedir que el paciente regrese a la actividad, ayudándose de técnicas que recurren a la razón y juicio de realidad.

“Además de esto, vigilamos a menudo la parte inconsciente del paciente, que considero es responsable de la mayoría de las conductas que pueden ocasionar recaídas”, pues no es sencillo que una persona que prácticamente ha convertido a cierta sustancia en su razón para vivir, se resigne a dejar de tenerla.

Abunda el experto: “En el mundo inconsciente del adicto existe el siguiente esquema: ‘No voy a renunciar definitivamente a algo que durante muchos años me proporcionó sensación de seguridad y placer como ninguna otra cosa en el mundo, sólo porque en los últimos tiempos me enredé y di al traste con todo lo que tenía’. También piensa: ‘Dejaré de consumir hasta que se aplaque la tolvanera que levanté, y después volveré a la actividad, pero moderadamente, como lo hice durante mucho tiempo’”.

Esto puede considerarse, con más o menos variantes, como el “plan maestro” de todo adicto que comienza su tratamiento. Estas ideas inconscientes “están presentes en todos los adictos que empiezan su periodo de abstinencia, porque hay que recordar que la adicción se sustenta en una personalidad adictiva que, mientras no sea modificada, estará sujeta al posible regreso de la compulsión en el consumo. Estos intentos de volver a la actividad son los que perseguimos durante esta fase del tratamiento”, sentencia.

Como se puede observar, el camino hacia la recuperación está lleno de obstáculos, por lo que es recomendable que mientras se transite por él, la familia comprenda que el enfermo es la punta del iceberg de un problema que involucra a todos los componentes del clan.

Esto último porque, seguramente, en el desarrollo del alcoholismo de un ser querido han intervenido conductas de codependencia y sobreprotección, entre otros factores, que promueven marcada incapacidad para manejar emociones. Asimismo, se debe reconocer que, cuando el paciente enfrentó algunas situaciones conflictivas, el alcohol fue el único compañero presente y por ello se convirtió en “el aliado ideal” que permitió, erróneamente por supuesto, satisfacer necesidades afectivas.

SyM - Juan Fernando González G.

 

Comenta el tema o, si tienes alguna consulta médica, da clic aquí y los especialistas de la sección Pregunta al Médico responderán tus dudas.


comments powered by Disqus
Loading
Hoy en Salud Mental

Flojera mental, ¡cuidado con la demencia!


Ver más...


Cada minuto perdemos aproximadamente de 30 mil a 40 mil células muertas de la superficie de la piel o epidermis.

Logo Comscore