¡Música, maestro!
SyM - Mario Rivas
Melodías y ritmos del pasado pueden ser más que motivo de nostalgia, y convertirse en poderosos aliados que a través del canto o baile pueden mejorar la salud física y mental.
Es verdad, y se trata de métodos bien probados por una disciplina médica relativamente nueva: musicoterapia.
El secreto de esta especialidad es sencillo, pero bien definido: aprovecha la ancestral cualidad movilizadora de la música para provocar respuestas positivas en las personas (crear, jugar y despertar sensaciones corporales), siempre con la ayuda de un guía que intuye, propone y plantea modelos de comunicación no verbal. El trabajo puede ser individualizado, pero se presentan mejores resultados cuando se practica colectivamente.
Aunque las propiedades terapéuticas de ritmo y melodía han sido bien conocidas desde la antigüedad a través de prácticas rituales y mágicas, e incluso filósofos como Platón y Aristóteles hablaron de su valor en la atención de terrores y fobias, la musicoterapia moderna nace en la primera mitad del siglo XX gracias al compositor y pedagogo Emile Jacques Dalcroze, que mostró que toda persona es susceptible de ser educada eficazmente conforme al impulso de la música.
No es una ilusión; está comprobado, por ejemplo, que la música actúa sobre la bioquímica de nuestro organismo y produce variaciones en el ritmo cardíaco y respiratorio, a la vez que ayuda al trabajo mental en áreas dedicadas a memoria, atención y creatividad.
Hoy en día, la evolución de técnicas y conocimientos permite la aplicación de terapias musicales con fines educativos, recreativos, de rehabilitación, preventivos o psicoterapéuticos, que son aplicables a las necesidades de cada paciente. En particular, han demostrado eficacia en personas de la tercera edad, pues ayudan a recuperar movilidad, autoestima y confianza para afrontar el futuro de manera independiente.
Oye cómo va, mi ritmo
Desafortunadamente, los cánones sociales encasillan a los miembros de la tercera edad y les someten a una serie de limitaciones que van de la descalificación social de su trabajo a la falta de oportunidades para recrearse y adquirir nuevos conocimientos, sin olvidar el rechazo de familiares y la amenaza que ocasiona la "cercanía" a la muerte.
En medio de este panorama poco halagador, pero también falso (un anciano no es improductivo, ni carece de valor humano), la musicoterapia se vale del juego y la camaradería grupal para originar actividades que sustituyan o proporcionen nuevas gratificaciones. De este modo, cada individuo redescubre su naturaleza activa y abierta para vivir con serenidad los beneficios y sensaciones placenteras de la ancianidad como en cualquier otra etapa de la vida.
Las herramientas y métodos más utilizados por el musicoterapeuta son los siguientes:
- Pueden realizarse improvisaciones sonoras, ya sea vocales, instrumentales o con las palmas, para que los individuos se desinhiban y alcancen una forma de expresión distinta.
- El trabajo con melodías y baile permite coordinar pensamiento y movimientos, pues todo desplazamiento rítmico requiere tomar conciencia del espacio que se dispone y del propio cuerpo, de modo que un recorrido por distintos estilos musicales permite agudizar atención, memoria y coordinación.
- Sesiones de canto ayudan a mejora la dicción empobrecida, agilizar memoria, mente, conocer inhibiciones o bloqueos y facilitar la extraversión.
- Escuchar las melodías más famosas que los miembros del grupo disfrutaron en su juventud permite recuperar episodios del pasado, ya que todos pueden aportar sus memorias y entrelazar recuerdos colectivamente hasta reconstruir las costumbres, modas, frases y personajes de la época. Así se ejercita la memoria.
Todas estas actividades se realizan tratando de disminuir la agitación, a la vez que se desarrollan autoestima, autorrealización, confianza y seguridad en uno mismo, promueven la prevención del aislamiento gracias al estímulo de la actividad comunitaria, ayudan al fortalecimiento emocional, e incitan la espontaneidad, a fin de que las personas de la tercera edad enfrenten su realidad actual de manera mucho más ventajosa y con todas sus posibilidades.
Además, la musicoterapia puede complementar otros tratamientos, ya que presta ayuda a adultos mayores inhibidos, personas paralizadas en su expresión corporal o encerradas en su soledad. Asimismo, y valiéndose únicamente del ritmo, un musicoterapeuta ágil es capaz de ayudar a personas mayores con problemas de sordera a través de las vibraciones.
Por estas y muchas otras razones difíciles de describir pero alcanzables a través del ritmo y tonadas, la música es viejo aliado y compañero de la humanidad que puede ayudar a todo individuo no sólo a divertirse, sino a recuperar autoestima o mejorar con más rapidez de alguna enfermedad. Tómelo en cuenta y armonice su vida.
SyM
Última actualización: 05-2013
















