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Cómo prevenir el mal de Alzheimer

Cómo prevenir el mal de Alzheimer

Raúl Serrano

Al aumentar las expectativas de vida crecen las posibilidades de padecer Alzheimer, al grado que actualmente 1 de cada 3 mexicanos mayores de 65 años y la mitad de quienes tienen 85 o más lo sufren. Tomemos medidas cuanto antes y no esperemos a que lleguen los momentos difíciles.

La celebración el 21 de septiembre del Día Mundial del Alzheimer es una oportunidad para reflexionar acerca de esta enfermedad y de cómo crece el número de casos en México. Por ello, es importante recordar que este mal es catalogado por los especialistas como demencia, es decir, padecimiento que provoca la disminución de las capacidades para desarrollar los procesos mentales, ya que las neuronas (células nerviosas del cerebro) que controlan memoria y pensamiento se deterioran, lo cual interrumpe el paso de mensajes a través de ellas.

El problema se hace más común en personas que superan los 60 años de edad, aunque los primeros síntomas se experimentan entre los 40 y 50 años, edad en que empieza a aparecer dificultad para encontrar palabras, finalizar ideas o pensamientos, seguir instrucciones, además de experimentar confusión en tiempo y espacio, e incluso cambios en personalidad.

En general, se describen tres etapas que pueden ayudar a identificar el mal de Alzheimer:

1. El paciente empieza a tener problemas para concentrarse, hay cambios en su estado de ánimo y se fatiga con facilidad; olvida acontecimientos muy recientes, no recuerda cómo llegar a un lugar conocido, no sabe en qué fecha vive y confunde la noche con el día; esta etapa tiene una duración de 2 a 5 años.

2. Los trastornos son más notables: hay dificultad para expresarse y darse a entender, además de que el paciente ya no es capaz de vestirse, lavarse los dientes, peinarse o usar cubiertos. También pierde la capacidad para reconocer a las personas con las que convive, imagina que ve gente que no existe, escucha ruidos y pregunta por personas ya fallecidas; tiene una duración entre 2 y 10 años.

3. En la última fase, el paciente está severamente afectado de sus facultades intelectuales y es totalmente dependiente; ya no reconoce a sus familiares ni a si mismo cuando se mira al espejo, y presenta incontinencia urinaria y fecal. El tiempo que puede pasar para que el afectado llegue a la fase 3 son 20 años y culmina con la muerte del enfermo.

¿Cerca de conocer las causas?
El origen de la enfermedad se desconoce aun, sin embargo, neurólogos investigadores han encontrado que posiblemente se deba al aumento de la proteína llamada amiloide, que intoxica e induce la muerte de las neuronas dando pie a la formación de nudos y placas (conocidas como seniles) en el cerebro, las cuales originan la enfermedad. Pero al parecer esta sustancia no sería la única en afectar a las neuronas, pues algunos estudios apuntan a que también el exceso de calcio podría causar desequilibrios que dañen a las células nerviosas.

Existe otra hipótesis, la cual refiere que la enfermedad comienza cuando hay disminución de acetilcolina (especie de manto o capa que rodea al cerebro y donde se procesa toda la información necesaria para funciones complejas como el pensamiento reflexivo y la memoria) en la región del hipocampo o corteza cerebral, aunque después se generalizaría en todo el cerebro.

En tanto los estudios científicos no se detienen, se reconoce de tiempo atrás que uno de los factores detonantes de Alzheimer es la depresión, ya que se ha observado que alto porcentaje inicia por una baja de ánimo causada por la pérdida de un ser querido, falta de sentido por la vida, trabajo, bienes materiales o cualquier fuerte apego para el enfermo, así como al desplazamiento social del que es víctima el adulto mayor.

Es claro que mientras no se sepa a ciencia cierta qué es lo que detona la aparición de Alzheimer no podrán tomarse medidas para evitarlo, pero los neurólogos responsables de investigaciones al respecto hacen recomendaciones que pueden ayudar a retrasar su aparición, principalmente si se atienden los siguientes aspectos:

Ejercicio intelectual 
Diversos estudios han evidenciado que ejercitar la memoria es la mejor actividad intelectual frente al deterioro neuronal, principalmente mediante el desarrollo de nuevas habilidades y el aprendizaje de conocimientos novedosos.

Mire usted, la memoria es la capacidad de almacenar información a través de la vista, oído, olfato, tacto y paladar, que se conserva en la memoria sensorial hasta que, durante el sueño, se graba en las estructuras encargadas de resguardarla definitivamente en forma de sinapsis o enlaces entre neuronas en el cerebro, de donde es tomada para ser utilizada en el momento en que se requiere. Es así que al llegar a la edad adulta, en que se han incrementado los conocimientos y aumenta el número de recuerdos, se van creando nuevos círculos de neuronas, es decir, una red cada vez más compleja, que de seguir activa mantendrá al cerebro sano.

Existen tantos ejercicios de memoria como grados de complejidad, pero de acuerdo a reconocidos neurólogos simples prácticas como las siguientes le ayudarán a tener una actividad intelectual fresca y activa:

  • Memorice la lista de compras del supermercado, aunque la tenga apuntada.
  • Haga asociaciones, por ejemplo, fíjese en calles y edificios por los que pasa y planifique recorridos tomando como base elementos claves del trayecto.
  • Ponga especial atención cuando le presenten a alguien por su nombre, repita éste por lo menos tres veces y busque una palabra con la que rime; al cabo de un rato vuelva a pronunciar el nombre y escríbalo para leerlo más tarde.
  • Si usted vive constantemente preocupado es posible que empiece a tener olvidos, lo que puede ser más agudo cuando esté cansado o en situaciones de estrés. Entonces, descanse lo suficiente durante el día y evite situaciones de nerviosismo.
  • Para no olvidar un número de teléfono o una fecha de cumpleaños, relaciónelo con personas, lugares o momentos y repítalos tan seguido como pueda.

Alimentación 
Una dieta equilibrada, baja en grasas, parece proteger también frente al deterioro cognitivo. Pero lo que particularmente debemos procurar es evitar que las neuronas envejezcan rápidamente, lo cual sucede por acción de los llamados radicales libres, es decir, las moléculas inestables que en su búsqueda de equilibrio afectan la buena salud de otras moléculas. Protegerse de estos daños se consigue a través de los llamados antioxidantes, función que brinda principalmente la vitamina E, que se consume a través de oleaginosas en general, como nueces (de Castilla y de la India), castañas, cacahuates y almendras; el mismo objetivo cumplen minerales como zinc, cromo, selenio y magnesio, que se consumen en ajo, soya, germen de trigo, te, vino (tinto, principalmente), col, brócoli, zanahoria, cebolla, espinacas, jitomate y cítricos.

No menos importantes en la dieta sana son aminoácidos y oligoelementos, los cuales se encargan de activar la potencia cerebral y en particular la capacidad de recordar; los encontramos preferentemente en mariscos, pescado, levadura de cerveza y almendras. Finalmente, nunca deje de lado a los carbohidratos, principal fuente de energía para todas las funciones del cuerpo, desde caminar hasta pensar, dormir y memorizar; se encuentran en maíz, frijol, arroz, tortillas, trigo, pan, harinas, pastas, avena y frutas, como higo, plátano, sandía, manzana, fresa, papaya, durazno, pera, naranja, piña y mango.

Otros factores que aceleran notablemente el envejecimiento neuronal son alcohol y tabaco, por lo que debe evitarlos a toda costa.

Baja de ánimo
Líneas arriba se hizo mención de que un detonante más del Alzheimer es la depresión prolongada, enfermedad que se calcula afecta a aproximadamente 10 millones de mexicanos. Los principales síntomas son:

  • Profunda tristeza y desesperanza sin causa aparente.
  • Pérdida generalizada del interés o de la capacidad para experimentar placer.
  • Reducción o ganancia de peso debido a cambios en el apetito.
  • Insomnio o sueño excesivo.
  • Fatiga crónica.
  • Sentimientos excesivos de inutilidad, culpa y frustración.
  • Disminución en la habilidad para pensar o concentrarse.
  • Pensamientos excesivos de suicidio o muerte.
  • Se pueden presentar síntomas de enfermedades inexistentes (somatización).

La relación que hay entre Alzheimer y depresión puede explicarse de la siguiente forma: de manera natural el cerebro emplea sustancias que regulan el estado de ánimo y sensaciones placenteras, llamadas neurotransmisores, siendo las más importantes serotonina y dopamina, respectivamente, las cuales además fortalecen los puentes de comunicación entre las neuronas (acción llamada sinapsis). Ahora bien, cuando hay alteraciones en la producción de estas sustancias cerebrales se presenta un tipo de depresión denominada endógena, caracterizada por la debilidad en los enlaces de las neuronas y los síntomas que se han señalado.

Como se mencionó en el párrafo sobre la actividad intelectual, la sinapsis es fundamental en el resguardo de recuerdos para la memoria, de manera que si este enlace neuronal es deficiente lo será también el funcionamiento intelectual a largo plazo. Por fortuna, la ciencia ha desarrollado medicamentos que tienen la particularidad de permitir que en los espacios que existen entre las neuronas se mantenga el neurotransmisor necesario para impedir que se rompa y mejore los síntomas propios de la baja de ánimo; se les denomina antidepresivos de nueva generación y deben ser prescritos por un psiquiatra.

No obstante, uno mismo puede tomar medidas preventivas para evitar que la depresión se apodere de nuestra salud; es así que resultará benéfico tomar en cuenta los siguientes consejos:

  • Reducir el estrés.
  • Tomar descansos.
  • Recurrir a técnicas de relajación, por ejemplo, yoga.
  • Fijarse metas realistas y alcanzables.
  • Practicar ejercicio físico.
  • Compartir tiempo con la familia y amigos.

Al percibir algún síntoma de depresión es conveniente visitar al médico, quien realizará auscultación física y solicitará exámenes de laboratorio para descartar otras enfermedades que pueden causar estado depresivo. El propio facultativo será también el indicado para reconocer si usted requiere la ayuda profesional de un psiquiatra o psicólogo, o si el daño ha sido mayor y debiera ser valorado por un neurólogo para saber con exactitud si hay presencia de Alzheimer. En tanto, no echemos en saco roto los consejos aquí sugeridos.

SyM
Última actualización: 01-2012

 

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