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Cuando la nariz pierde gusto

Miércoles 05 de abril del 2017, 04:31 pm, última actualización

Aparentemente si prescindiéramos de un sentido, el olfato sería el indicado para sobrevivir con más facilidad, pero si se recapacita es tan importante como los cuatro restantes. Simplemente imagina no tener la posibilidad de apreciar el aroma de tu flor o perfume favorito, e incluso el particular olor de tu pareja. ¿Por qué podemos perder el olfato?

 

Sentido del olfato
Cuando la nariz pierde gusto

Científicamente está comprobado que por medio de la nariz el ser humano puede detectar más de 10 mil olores distintos, y se calcula que puede haber hasta 50 o más sensaciones primarias olfativas, mientras que la vista registra solamente tres colores básicos (amarillo, azul y rojo) y el sentido del gusto cuatro sabores (dulce, agrio, amargo y salado). 

No obstante, como parte de su evolución natural, el sentido del olfato ha sido reemplazado por la vista como el principal mecanismo de exploración, en tanto que en los animales su función está simplemente relacionada con conducta sexual y supervivencia. La gran diferencia entre los sentidos de ambas especies es que en el humano tiene efecto psicológico y social, gracias a importantes conexiones con las áreas del cerebro que controlan las emociones, además de que los olores se graban en la memoria olfativa.

Es así que el olfato puede brindarle al hombre gratísimos momentos, o bien, advertirle sobre alimentos o bebidas en mal estado, o peligros como incendios o fugas de gas, además de contribuir con el sentido del gusto al estimular el apetito y las secreciones digestivas. Pese a ello, la capacidad olfativa puede irse perdiendo con la edad, a partir de los 30 años, según recientes investigaciones estadounidenses.

¿Por qué se pierde?

La capacidad del olfato puede llegar a perderse de manera total, lo que se conoce como anosmia, o parcialmente, hiposmia, debido a que se impide el paso a los olores. Los motivos pueden ser diversos, siendo los más frecuentes:

  • Desviación del tabique nasal. La función del tabique es dividir el espacio nasal en dos mitades casi simétricas, las llamadas fosas izquierda y derecha, a fin de que se oriente el flujo de aire en su circulación por la nariz; su estructura está compuesta de cartílago y hueso. Cuando el tabique se desvía (generalmente por fuerte golpe), el aire puede cargarse a alguno de los costados y con ello inflamar las mucosas, afectando directamente a los filamentos ubicados entre paladar y nariz que se encargan de registrar los aromas.
  • Pólipos nasales. Formaciones carnosas que crecen en el área donde la membrana mucosa se ha inflamado, debido a acumulación de líquido, como la zona que rodea las aperturas de los senos dentro de la cavidad nasal, imposibilitando con ello el paso de los olores. Cuando la causa es una infección, el pólipo desaparece junto con el problema.
  • Rinitis alérgica. A manera de defensa contra los agentes a los que se es alérgico, el organismo reacciona provocando inflamación de las membranas mucosas, principalmente de las vías respiratorias del tracto superior (nariz, garganta y laringe), generando estornudos, moco, comezón, ojos llorosos e infecciones en los oídos pero, además, pérdida del olfato.
  • Sinusitis. En las fosas nasales se encuentran diminutos vellos, llamados cilios, que se encargan de detener bacterias y partículas contaminantes para que no lleguen a los bronquios y evitar con ello la aparición de infecciones. Si esto sucede ocasiona inflamación en senos paranasales (cavidades ubicadas en los huesos que están alrededor de ojos y nariz), problema que es conocido como sinusitis y por el cual se dificulta respirar y vocalizar ciertos sonidos, así como la disminución de la capacidad olfativa; el origen de este padecimiento puede ser una gripe mal atendida o alergia.
  • Lesiones. Provocadas por virus (después de una gripe), tóxicos (químicos, tabaco o cocaína), golpes o por alteraciones metabólicas (diabetes).

Tumores nasales y de áreas vecinas

La capacidad olfativa puede sufrir otros tipos de alteraciones que no se relacionan con su pérdida y que son menos frecuentes, como exceso de olfato (llamado hiperosmia), al parecer por efecto de cambios hormonales femeninos, ya que se manifiesta durante embarazo o climaterio; el otro es conocido como parosmias, que son percepciones en las que se modifica la calidad del aroma, alterando con ello la realidad; pueden aparecer como consecuencia de problemas mentales, como neurosis, esquizofrenia u otras, así como por tumores cerebrales o epilepsia del lóbulo temporal.

Otra alteración olfativa es la denominada cacosmia, que es una percepción olfativa desagradable que proviene, en unos casos, del interior del organismo, llamada por ello objetiva (como las que provoca la retención de secreciones o costras nasales) o bien subjetiva, cuando sólo las percibe el paciente.

Cómo dar con él

Conocer cuánto ha disminuido su capacidad el sentido del olfato no es tarea fácil, y el especialista (en este caso otorrinolaringólogo) deberá realizar varias pruebas que determinen la dimensión del problema, partiendo de historia clínica completa para conocer síntomas y posibles causas. Además, es necesario:

  • Examen físico: valoración de nariz, cavidad oral, laringe y faringe.
  • Endoscopia nasal: por medio de microscópica cámara de video que transmite imágenes de la zona que se quiere explorar, las cuales auxiliarán al médico.
  • Pruebas de laboratorio: es importante descartar que la causa sea alergia o sinusitis.
  • Rinomanometría: prueba que valora la permeabilidad de las fosas nasales.
  • Tests que cuantifican la pérdida olfativa.

Como es de suponerse, el tratamiento depende mucho de la causa que provoca la alteración del olfato.

Gusto y olfato

Es común que al perderse el olfato disminuya también la sensación gustativa, pues son dos sentidos muy relacionados. Para poderlo entender pensemos que ciertas sustancias estimulan las células sensoriales en nariz, boca o garganta, (donde se registran olfato y gusto), que envían información complementaria al cerebro, que las consigna por separado o individualmente. Lo cierto es que el sabor define al alimento que estamos comiendo y es reconocido principalmente a través del sentido del olfato.

Finalmente, debemos considerar que a pesar de que culturas milenarias como la china, hindú o el antiguo Egipto emplearon métodos a través de la nariz para tratar diversos males. En la actualidad este sentido sigue siendo explotado en bien de la salud, por medio de la aromaterapia moderna, que ha probado los efectos de aceites esenciales de plantas sobre cuerpo y mente.

De sólo imaginar cómo sería la vida sin olfato nos obliga a tener mucho mayor cuidado sobre él y acudir al especialista al menor indicio de que las cosas no están bien.

SyM - Lido Coronado

 

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