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Fumar se inicia cada vez a menor edad

Fumar se inicia cada vez a menor edad

Rafael Mejía

Muchos factores son responsables de que los mexicanos se inicien en el consumo de cigarrillos cada vez más jóvenes y con ello incrementen el riesgo de padecer enfermedades. Conozca más sobre este problema y algunas de sus soluciones.

La adolescencia es un período muy importante para el ser humano debido a se consolida su personalidad y decide el camino que seguirá en su vida al elegir una carrera o incursionar en el campo laboral. Para lograr estos objetivos, los jóvenes imitan estereotipos y personas de quienes adoptan una manera de vestir o hablar, la afición por cierto tipo de música u otros hábitos, los cuales no siempre son benéficos.

En este sentido, la Dra. Guadalupe Ponciano Rodríguez, coordinadora de la Clínica contra el Tabaquismo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el Distrito Federal, afirma que aunque el consumo de cigarrillos depende de diversos elementos, como el intenso bombardeo publicitario o el deseo de integrarse a un grupo de amigos, resulta más determinante el hecho de que "los adolescentes toman patrones de personalidad del mundo que les rodea; padres, actores, empresarios o políticos se convierten en modelos a seguir, y si alguno de estos personajes es fumador, es muy probable que dicha costumbre también sea imitada".

El hecho adquiere notable relevancia en el caso mexicano debido a que esta cualidad típica de los jóvenes, en combinación con un ambiente social propicio para el consumo de drogas legales, ha favorecido que la edad promedio en que éstos prueban el tabaco se haya reducido significativamente, iniciando la exposición temprana a sus efectos nocivos. Para comprender los detalles que dan forma a este complejo fenómeno, la especialista abordó los puntos más importantes en conversación con saludymedicinas.com.mx, y sobre ellos ahondamos a continuación.

Más temprano y más frecuente

El tabaquismo, explica la Dra. Ponciano Rodríguez, es "la adicción que un individuo tiene hacia la nicotina (uno de los componentes del tabaco) y que en primer lugar se relaciona con una respuesta de tipo físico, ya que la persona experimenta importante satisfacción a nivel de su sistema nervioso que lo 'engancha' y le hace difícil abandonar el hábito". Aunado a ello, el fumador relaciona al cigarrillo con situaciones cotidianas, como asistir a fiestas y conversar con amigos mientras toma café o bebe una copa, dando origen a una segunda dependencia, de tipo emocional.

Otra característica importante de esta adicción consiste en que "tiene un reforzador negativo, es decir, la persona experimenta una sensación muy molesta cuando no recibe su dosis de nicotina. Es común que alguien habituado al cigarrillo que se encuentra en un sitio donde no se permite fumar empiece a sentir el síndrome de abstinencia luego de 3 o 4 horas: se pone nervioso, observa el reloj en espera de que acabe el evento, le sudan las manos y empieza a sentirse muy angustiado. Todo ello hace que busque la droga a la brevedad".

A pesar de las advertencias constantes de que inhalar humo de tabaco se relaciona con numerosas complicaciones médicas, la presencia de este hábito es amplia debido, en gran medida, a su capacidad adictiva. La especialista señala que la Encuesta Nacional de Adicciones de 2002 muestra que en México hay aproximadamente 16 millones de personas que consumen cigarrillos y 48 millones de fumadores pasivos, es decir, gente que comparte su espacio vital con uno o más adictos y que respira sustancias tóxicas en forma involuntaria. De este modo, sabemos que hay más de 60 millones de mexicanos expuestos a los efectos nocivos de este producto.

Aunado a esto, la Dra. Guadalupe Ponciano subraya que el tabaquismo en México ha adquirido dos características importantes; "en principio, encontramos que la adicción se inicia cada vez a edades más tempranas, pues mientras que la primera encuesta de salud relacionada con adicciones, de 1988, mostraba que en promedio un joven mexicano fumaba su primer cigarro a los 18 años, los datos más recientes revelan que ahora es a los 13 años. El cambio ha sido notable y se estima que esta edad, en un futuro próximo y debido a la situación social y económica que vivimos, será aún menor".

El segundo punto destacado radica en la relación de consumidores por género. Mientras que en la población adulta encontramos que el número de varones duplica al de personas del sexo femenino "en los adolescentes —indica— encontramos una relación 1 a 1, es decir, por cada hombre hay una mujer que fuma. Esto es muy preocupante si tomamos en cuenta que el organismo de ellas es más susceptible a los efectos del tabaco, y el hecho de que una jovencita adquiera este hábito incrementa la posibilidad de tener problemas de salud a futuro".

Otro aspecto a destacar consiste en que los reportes de países desarrollados y otras regiones del mundo demuestran que el consumo de cigarrillos es más frecuente entre personas de clase socioeconómica baja o con pocos estudios; sin embargo, en México no ocurre así y los porcentajes se reparten por igual en todos los grupos poblacionales. "Esto nos tiene desconcertados porque, por ejemplo, se supone que es más difícil que alguien con más conocimientos consuma drogas, pero estudios realizados en la UNAM nos han mostrado que 25% de los estudiantes fuman, lo cual es terrible", describe la coordinadora de la Clínica contra el Tabaquismo.

Bombardeo constante

La Dra. Ponciano Rodríguez asegura que hablar del inicio del hábito de fumar durante la adolescencia involucra muchos factores y no uno solo. Primeramente, expresa que junto a su grupo de trabajo ha realizado "estudios a nivel bachillerato para conocer este punto y gracias a ellos encontramos que son varios aspectos los involucrados. Uno de los primeros es la imitación, pues el adolescente se encuentra en una etapa complicada en la que define su personalidad; no es un adulto y tampoco es un niño, de modo que copia a otros para definirse. Así, el hecho de que sus padres, un maestro, artista o personaje público fume, es condicionante".

Hay más motivos que acercan al adolescente a probar el tabaco, como la curiosidad de acceder a un comportamiento o código que socialmente se ha clasificado "para adultos", ya que el joven vive con el deseo constante de querer ser mayor. Otro factor típico consiste en experimentar la presión de un grupo social, pues rechazar la invitación a fumar un cigarrillo en un círculo de amigos donde todos los consumen llega a generar sensación de rechazo o marginación real.

Más aún habrá que decir sobre la propagación de estereotipos en los que, enfatiza la Dra. Guadalupe Ponciano, el consumo de cigarrillos se asocia a "una idea de libertad, rebeldía, intelectualidad o sofisticación. De ahí que los anuncios comerciales de las compañías tabacaleras difundan la imagen de jóvenes triunfadores, atractivos, sanos (no hay personas con rinitis, gente con oxígeno o tosiendo) y que siempre están en situaciones muy favorables: gozan, celebran comidas o se reúnen para divertirse. Muchos adolescentes creen en esta fantasía y tratan de imitarlo".

Respecto a la publicidad, la especialista resalta que en años recientes se han generado cambios importantes que bien vale tener en cuenta: "La mayoría de las compañías productoras son estadounidenses o británicas, y en sus países de origen se han creado legislaciones muy estrictas sobre el consumo de cigarrillos. Debido a esto las campañas de publicidad se han volcado hacia naciones en vías de desarrollo, como México, donde hay gran población de jóvenes y un mercado potencial muy grande".

Asimismo, advierte que las estrategias comerciales son cada vez más precisas en sus objetivos y buscan involucrar a sus compradores potenciales. Por ejemplo, en la actualidad está prohibido regalar cajetillas en conciertos y discotecas, pero ello no es impedimento para que los fabricantes de cigarros queden al margen: obsequian playeras, gorras, encendedores y otros presentes rotulados con su logotipo. "El objetivo es aprovechar que al adolescente, por naturaleza, le gusta coleccionar cosas. Tanto por nuestra cuenta como a través de estudios realizados en distintos países, sabemos que los jóvenes que 'coleccionan' cajetillas (normales y de edición limitada) y objetos promocionales de una marca tienen mayor posibilidad de caer en la adicción".

Un giro más en las estrategias consiste en organizar promociones y concursos que ofrezcan papel activo al consumidor. Por ejemplo, explica la Dra. Ponciano, una marca de cigarros organizó recientemente un concurso para ganar un viaje a Australia, en el que los participantes formaron equipos para encontrar, con ayuda de pistas que daban en su sitio de Internet, a un "antropólogo extraviado" en la zona arqueológica maya de Bonampak (Chiapas, sur de México). La convocatoria tuvo muchos seguidores y creó mayor expectativa acerca del producto.

Respecto a la influencia que podrían tener los centros nocturnos en la adopción del tabaquismo, la experta opina que "se ha visto que tienen más importancia otros hechos. Hay estudios que demuestran que cuando alguno de los padres fuma, en especial la mamá, los hijos tienen automáticamente cuatro veces más riesgo de adquirir el mismo hábito. A esto se debe agregar que la disponibilidad del producto queda abierta para los muchachos con la presencia de un consumidor de tabaco en casa, ya que cuando alguno de los progenitores olvida su cajetilla es fácil sacar un par de cigarros sin que se note. Al antro se va una vez a la semana, y con un padre fumador se convive todos los días".

Para finalizar al respecto, señala que es más fácil empezar a fumar en familias disfuncionales, es decir, aquellas en donde se presentan fracturas en su estructura interna (hay un padre alcohólico o una madre con problemas de neurosis), pues aunque el tabaco no ofrece una solución real a los problemas genera un escape momentáneo a la tensión y el enojo que se viven en el hogar.

Efectos negativos

Está claro que las consecuencias más conocidas y devastadoras del cigarro tardan algunos años en aparecer, y tal vez ello es una causa más de que los jóvenes se habitúen sin tener en cuenta los daños a su salud. Sin embargo, la especialista indica que el tabaco también da origen a padecimientos en el corto plazo que, paradójicamente, perjudican a uno de los aspectos a los que el adolescente presta más atención: su imagen.

"Algunos problemas aparecen muy rápido —afirma la Dra. Ponciano Rodríguez—, como mal aliento (halitosis), debido a que el humo del tabaco tiene acción irritante que mata a algunas de las bacterias que habitan normalmente la boca y da lugar a la aparición de gérmenes oportunistas que tienen un aroma muy especial, nada agradable."

A mediano plazo, el daño a la boca puede generar gingivitis o inflamación de las encías, lo cual desencadena un proceso en el que los restos de alimentos quedan atrapados entre los dientes y el tejido blando que hay en su base; a su vez, esto da origen a numerosos padecimientos que incluso pueden ocasionar la pérdida de alguna pieza, lo cual es contraproducente para un joven que busca tener una sonrisa atractiva.

Por otra parte, la coordinadora de la Clínica contra el Tabaquismo acota que "el humo del tabaco contiene gran cantidad de radicales libres, que son moléculas que inducen al envejecimiento, y es por este motivo que el cutis de un adolescente que fuma se empieza a secar y el cabello se maltrata en forma notoria". Otros aspectos en contra del cigarrillo radican en el cambio de olor corporal, que puede resultar muy molesto para quienes se encuentran cerca, o en que disminuye el rendimiento físico justo en una edad en que el deporte es tan importante.

La Dra. Guadalupe Ponciano Rodríguez indica que también hay efectos que aunque se manifiestan desde el principio no son muy notables, ya que requieren tiempo para desarrollarse. "Las jovencitas fumadoras tienen alteraciones menstruales debido al tabaco, variaciones muy leves en su ciclo de las que no se dan cuenta o a las que no les prestan atención; sin embargo, están dañando prematuramente a su aparato reproductor, en concreto a las trompas de Falopio. Quizás esto no genere preocupación a los 16 años, pero es el principio de un problema que se manifestará cuando a los 25 o 27 años se busque un embarazo. En cuanto a los muchachos, cabe decir que el tabaquismo se asocia a disfunción eréctil por el daño que promueve en venas y arterias, y aunque es cierto que esto no se manifiesta en la juventud, incrementa el riesgo de que el problema surja más adelante".

No menos importante es el hecho de que muchos especialistas califican al tabaco como "droga puerta de entrada", debido a que es un producto socialmente aceptado que a la vez facilita el contacto con otros estimulantes. Estudios del Instituto Nacional de Psiquiatría han demostrado que un adolescente que fuma tiene 13 veces más riesgo de tomar alcohol y de consumir drogas que sus similares que se abstienen del cigarro.

Al respecto, señala la Dra. Ponciano que "es un hecho comúnmente observado que los jóvenes que consumen tabaco son también aficionados a las bebidas alcohólicas, además de que sabemos que el enervante prohibido que se utiliza con más frecuencia es la marihuana. Para un joven que sabe fumar es muy fácil probar y utilizar esta otra droga, pues no tiene que aprender la técnica para hacerlo".

Todo este panorama debe considerarse sin olvidar que los jóvenes aficionados al cigarrillo "van a ser los futuros clientes de los hospitales debido a problemas como hipertensión (aumento de la presión arterial), úlceras (erosión de las paredes del estómago), infartos (muerte de tejido cerebral o del corazón debido a la interrupción del flujo sanguíneo), enfisema (muerte de tejido pulmonar que es sustituido por cicatrices que impiden inhalar adecuadamente), bronquitis (inflamación de los bronquios o parte interna de los pulmones que dificulta la respiración) y cáncer (tumoraciones en sistema respiratorio y otras partes del organismo que pueden llevar a la muerte). Apenas empiezan, pero en 20 o 25 años los vamos a encontrar en los centros de salud".

¿Qué hacer?

Llama la atención el hecho de que a pesar de que se realizan campañas de prevención y difusión de información sobre los riesgos del tabaco, los índices de consumo siguen siendo muy altos e incluso han aumentado. Al respecto, la Dra. Ponciano Rodríguez menciona que "estos esfuerzos son organizados en México por la Secretaría de Salud a través del Consejo Nacional Contra las Adicciones, pero les veo el problema de que se dirigen a todo tipo de personas, sin diferencia de género o edad, y por lo mismo no las captan quienes queremos: los muchachos".

Asimismo, cabe señalar que hasta el momento se carece de estudios para medir la efectividad de la información que se difunde, mismos que permitirían determinar cuántos jóvenes siguieron los anuncios, cuantos tomaron conciencia de los riesgos a su salud o quiénes decidieron dejar de fumar o no empezar a hacerlo. Este tipo de trabajos estadísticos, aunque complejos, se requieren para corregir errores y afinar estrategias.

En cuanto a los contenidos y la manera en que se dirigen los mensajes de prevención, la especialista señala que diversas experiencias muestran que no basta con brindar información sobre el tabaco y sus consecuencias, sino que también se deben reforzar aspectos de la personalidad de los jóvenes. "En la clínica de la UNAM utilizamos un programa diseñado por la Organización Mundial de la Salud que fue probado en Colombia con los niños de la calle, llamado 'habilidades para la vida'. En él se parte del principio de que la escuela no brinda ciertos conocimientos que se requieren para desempeñarse socialmente".

Dicho plan busca que niños y adolescentes aprendan a manejar habilidades que permitan mejor comunicación, adecuado manejo de estrés, resolución de conflictos, establecimiento de relaciones sanas con los demás y, de manera destacada, "hace énfasis en cuestiones de autoestima, es decir, se enseña a los chicos que no están equivocados si responden con una negativa cuando les invitan a fumar o les pasan la cajetilla y la rechazan. Esta enseñanza es básica en la prevención, y me parece que debe adquirir mayor relevancia: quien se quiere, se cuida".

El consejo bien vale la pena no sólo para las instituciones de salud, sino para ser adoptada en casa: un niño que es educado para que tenga seguridad en sus decisiones, que se aprecie como individuo y aprenda a relacionarse y comunicarse adecuadamente con los demás será, con certeza, un adolescente libre de adicciones. "Este tipo de conceptos han dado excelentes resultados en el caso de chicos sin hogar, por lo que los resultados en jóvenes que cuentan con su familia pueden ser aún mejores", califica la especialista.

Respecto al tratamiento para aquellos adolescentes que desean abandonar el cigarrillo, menciona que las clínicas contra el tabaquismo son cada vez más numerosas en México y ello aumenta la posibilidad de recibir tratamiento adecuado. En concreto, menciona sobre la labor que se emprende en la UNAM: "Cuanto llega un jovencito lo primero que hacemos es evaluar sus características; observamos en qué momentos fuma para determinar los ambientes más riesgosos en que se desenvuelve. Por ejemplo, hay un tipo de fumador que llamamos social, y sabemos que su consumo aumenta en antros y fiestas, por lo que debemos hacer hincapié en ese tipo de situaciones".

Además de esto se realiza una evaluación del grado de adicción a la nicotina desde el punto de vista físico (se determina si es un adolescente que lo primero que hace al despertar es fumar o empieza su consumo en la tarde) y se obtienen más datos sobre la personalidad, problemas que tiene y capacidad para resolverlos o si la escuela le genera angustia.

La especialista especifica que una vez que se cuenta con el conocimiento global de las características del paciente se plantea un tratamiento que, en el caso de los jóvenes, "corresponde casi siempre a una adicción emocional y no de tipo físico, ya que su exposición a la nicotina no es comparable con la de alguien con 30 o 40 años fumando. De este modo, y de acuerdo con sus necesidades y horarios, los integramos a terapia individual o de grupo basadas en un programa llamado cognitivo conductual, es decir, un sistema que parte del principio de que fumar es una acto aprendido, pues nadie nace sabiendo cómo hacerlo y que, por tanto, puedes erradicarlo y volver a la normalidad."

Finalmente, la Dra. Guadalupe Ponciano expone que este trabajo dura aproximadamente 10 semanas, durante las cuales es posible recurrir a una terapia de reemplazo de nicotina para evitar el síndrome de abstinencia, y después de esto se da seguimiento al paciente durante un año a través de una sesión al mes, ya que el tabaco, al ser una droga legal y fácil de conseguir en la sociedad, favorece la recaída.

SyM
Última actualización: 05-2013

 

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