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Angina de Vincent, dolor de garganta y dientes en peligro

Miércoles 11 de enero del 2017, 04:09 pm, última actualización

Tabaquismo, estrés, mala alimentación y limpieza bucal deficiente son factores de riesgo para desarrollar angina de Vincent, desagradable infección en boca y garganta que, aunque poco frecuente, puede generar dolor, mal aliento y pérdida de piezas dentales en los casos más severos.

Angina de Vincent, Dolor de garganta

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) era común que los soldados de los ejércitos participantes pasaran largas jornadas en condiciones de insalubridad, sometidos a fuerte presión psicológica y alimentándose en forma deficiente, por lo que diversas enfermedades que se consideraban propias de las clases más humildes o suburbios con malas condiciones de higiene proliferaban en todos los frentes, causando estragos.

Uno de estos padecimientos se caracterizaba por generar úlceras o heridas dolorosas y de olor desagradable en encías (tejido gingival) y parte alta de la garganta (faringe), por lo que se le conoció popularmente como “boca de trinchera”. Años más tarde se descubrió que el responsable de estos síntomas es el Bacillus fusiformis o bacilo de Vincent, llamado así en honor a su descubridor, y también se supo que este microorganismo forma parte de la flora dentobacteriana, pero que en grandes cantidades causa daño a su portador.

En la actualidad conocemos a este problema como angina de Vincent o gingivitis necrotizante aguda, y aunque su frecuencia ha disminuido por el mejoramiento en los servicios de salud todavía puede surgir a consecuencia de hábitos poco favorables, pero muy difundidos, como fumar y mala higiene bucal.

Problema de la vida moderna

En condiciones normales, la boca es un medio en el que conviven diferentes microorganismo en equilibrio, aprovechando los residuos de alimento, humedad, temperatura y seguridad con que cuentan; sin embargo, cuando se altera esta armonía puede aumentar la población del bacilo de Vincent, lo cual desencadena la infección y ulceración de encías y tejidos internos (mucosas) que puede extenderse hacia la parte alta de la garganta.

Particularmente, están ha observado que los adultos menores de 35 años de edad son más propensos a la angina o estomatitis de Vincent porque las exigencias de la vida laboral y de oficina les hacen incurrir a menudo en los factores de riesgo que alteran a la flora local: fuman con frecuencia, están sometidos a estrés, el cual disminuye sus defensas, tienen deficiente higiene oral y su nutrición es mala (se basa en harinas, grasas y azúcares, y es baja en frutas, verduras y fibra).

Los síntomas de angina de Vincent son:

  • Intenso dolor y sangrado en las encías, sobre todo cuando se genera alguna presión o irritación, como al pasar la lengua o masticar alimento.
  • Inflamación y enrojecimiento del tejido gingival y mucosas.
  • Formación de película grisácea sobre dientes y regiones contiguas, causada por tejido de las encías descompuesto.
  • Úlceras o heridas en forma de cráter entre los dientes y en la garganta.
  • Sabor desagradable en la boca.
  • Halitosis o mal aliento.
  • Grietas más o menos profundas en la faringe, las cuales causan dolor e incomodidad al tragar agua o alimento.
  • Ligera tos.
  • En ocasiones hay fiebre e inflamación de los ganglios linfáticos en cabeza y cuello.

Si las molestias y aliento desagradable parecen insuficientes para buscar ayuda médica, cabe decir que la falta de atención hace que la infección se disemine con rapidez por mejillas, labios o maxilares, destruyendo sus tejidos y generando complicaciones muy dolorosas que concluyen con la pérdida de dientes y severos daños en la garganta acompañados de sangrados.

Así, lo más conveniente es acudir al otorrinolaringólogo u odontólogo para que evalúe el estado del paciente. Ello es posible a través de una entrevista en la que se describan los síntomas, exploración directa del tejido dañado por parte del especialista e incluso se toman muestras de exudado faríngeo (fluidos segregados por los tejidos de la garganta) que se somete a estudios de laboratorio para determinar la presencia del bacilo de Vincent u otros microorganismos.

Adiós dolor

Por fortuna este problema tiende a responder favorablemente al tratamiento, que consiste en curar la infección y aliviar los síntomas. Una buena higiene oral es vital para la recuperación, de modo que es importante cepillar los dientes, con mucha dedicación y cuidado, después de cada comida y antes de acostarse.

Asimismo, este proceso se debe complementar con el uso de hilo dental y la aplicación de enjuagues con agua salada (media cucharadita de sal en una taza de este líquido) para aliviar el ardor en las encías; también se aconseja utilizar agua oxigenada para eliminar el tejido gingival descompuesto. Los productos comerciales para limpiar la boca y calmar el dolor son útiles para reducir molestias, especialmente antes de comer, pero deberán ser empleados bajo asesoría del médico.

Una vez que las encías estén menos sensibles, se recomienda acudir al odontólogo para que realice una limpieza dental profunda en la que se elimine la placa dentobacteriana (sedimento blando y pegajoso formado por restos de comida y microorganismos que se acumulan en la dentadura) y el sarro (formado por el endurecimiento del material antes citado). De igual manera se recomienda mejorar las técnicas de higiene y someterse a exámenes dentales frecuentes, hasta que desaparezca el problema.

Para atender la infección en la garganta será necesario aplicar antibióticos y utilizar otros medicamentos destinados a controlar el dolor (analgésicos) y la fiebre (antipiréticos), siempre bajo prescripción del especialista. Otras medidas importantes serán dejar de fumar, aprender a manejar adecuadamente el estrés y balancear la alimentación, a fin de que se restablezcan los tejidos y se fortalezca el sistema inmunológico.

Finalmente, cabe subrayar que la angina de Vincent y otras enfermedades bucales y de la parte alta de la garganta pueden prevenirse gracias a medidas básicas que consisten en limpieza diaria de los dientes, uso de hilo dental y enjuagues, así como programar visitas cada seis meses al odontólogo para supervisar el estado de la dentadura y, en caso necesario, para remover placa y sarro en áreas difíciles de alcanzar.

SyM - Sofía Montoya

 

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