Del catarro a la gripe, y de ahí al flu
Regina Reyna
Aunque tienen muchos rasgos en común, estos padecimientos están separados por una línea muy delgada. Lo primero es identificar cada uno y brindarle las atenciones que requiere. Conozca las diferencias y aprenda algunos cuidados que le evitarán complicaciones.
Entre noviembre y marzo es común que experimentemos cuerpo cortado, flujo nasal, estornudos, un poco de fiebre y agotamiento. El paso siguiente es acudir con el dependiente de la farmacia y comprar un antigripal, pero, ¿en realidad estamos sufriendo los embates de la gripe?, tal vez se trate de un catarro pasajero que requerirá de atención distinta, o puede ser el inicio de la llamada influenza (coloquialmente "flu"). Veamos.
Una de las primeras diferencias a la que nos referiremos tiene que ver con el origen, ya que mientras un catarro es causado por miles de virus, la gripe es provocada por solo tres de esos dañinos microorganismos, en tanto que a la influenza la provoca sólo uno. Ahora bien, el catarro nunca causa agotamiento y rara vez provoca fiebre, escalofríos o dolencias, en tanto que en gripe e influenza son habituales temperaturas corporales superiores a 38º, dolores de cabeza, pecho y cuerpo en general, tos y cansancio extremo.
Asimismo, los estornudos que caracterizan al catarro y gripe pueden derivar en inflamación de los oídos (otitis) y de los senos paranasales de la nariz (sinusitis), mientras que la acción del virus de la "flu" puede afectar de tal manera al organismo que en casos extremos se desarrolla neumonía, bronquitis e incluso leucemia.
El periodo de incubación del virus de la influenza en los humanos es de 1 a 4 días, tiempo en que la acción de fármacos antivirales, antipiréticos o analgésicos puede ser muy eficaz. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que lo mejor para prevenir el embate del virus es la administración de una vacuna, la cual cambia su fórmula cada año, pues el microorganismo de esta enfermedad tiene cambios constantes.
Cuidados al alcance de la mano
Además de los fármacos que alivian los molestos síntomas de los padecimientos anteriores, hay algunos otros cuidados que pueden colaborar en nuestro bienestar. Por ejemplo, evitar cambios bruscos de temperatura y abrigarnos antes de exponernos a corrientes frías. También es importante consumir vitamina C (presente en frutas como limón, naranja, guayaba y fresa, entre otras), ya que colabora en la formación de nuevas células que restituirán a las que mueren o se ven dañadas por efecto de los virus.
Igualmente benéfico resulta hacer ejercicio, pero no al aire libre, donde se está expuesto al frío y a los compuestos de la contaminación que también afectan las vías respiratorias. Lo mismo sucede si usted fuma o está cerca de quienes lo hacen, así que lo mejor es olvidarse del cigarro al menos durante la temporada invernal. Cuando esté cerca de más personas haga lo posible por cubrir su boca y nariz, ya que si usted es portador de algún virus puede contagiar a otros y, por el contrario, si hay alguien que ya esté contaminado puede afectarlo directamente.
Aunque parezca descabellado, no se coma las uñas, pues hay virus muy peligrosos (como el de la influenza) que se ha localizado en esta parte de las manos, y que por la boca encontrará el camino ideal para llegar a las vías respiratorias.
No olvide que la prevención es la mejor arma en contra de estas afecciones, y que en esta temporada se debe dar mayor atención a niños y personas mayores, ya que son ellos los más sensibles al ataque de los virus que nos afectan en invierno.
SyM
Última actualización: 05-2012

















