Neumotórax, presencia de aire en el tórax - SyM
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Neumotórax, pulmones en riesgo

Miércoles 22 de marzo del 2017, 12:12 pm, última actualización

La presencia de aire en el tórax, fuera de los pulmones, es una condición que interfiere en la respiración y reduce la calidad de vida. Aunque muchos casos de este padecimiento son por razones desconocidas, accidentes y tabaquismo aumentan el riesgo de sufrirlo.

Neumotórax, Aire en los pulmones

El neumotórax es una enfermedad poco conocida para la población en general, pero muy cercana para los neumólogos, especialistas que la definen como la presencia de aire en la cavidad pleural (capa que rodea a los pulmones) y que tiene como consecuencia una disminución de la capacidad para respirar, pues existe una pérdida del volumen pulmonar.

Se sabe que las repercusiones que esta eventualidad puede causar en una persona dependen de su capacidad y del grado de la lesión o colapso pulmonar. En otras palabras, un neumotórax considerable en un paciente joven puede ser irrelevante en su función ventilatoria (respiratoria), mientras que uno de pequeñas dimensiones en alguien que padece enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC, padecimiento inflamatorio que causa dificultad para respirar y que la mayoría de las veces se debe al consumo de tabaco) puede ser de pronóstico reservado.

Los síntomas de neumotórax son: dolor agudo en el tórax que empeora especialmente cuando se tose o con la respiración profunda, dificultad para respirar, opresión en el pecho, aumento de la frecuencia cardiaca y posible cambio de coloración en la piel (azulado), debido a la falta de oxígeno.

Como es de esperarse, este cuadro genera ansiedad en el paciente, ya que a la incapacidad para respirar se suma la sospecha de la presencia de un infarto (muerte de tejidos por interrupción del suministro de sangre) al corazón.

Clasificaciones múltiples

Los expertos han coincidido en definir diversos tipos de neumotórax, pero para fines prácticos es mejor hablar de aquellos que aparecen con mayor frecuencia:

  • Neumotórax traumático: en el que la irrupción del aire en el espacio pleural se origina a causa de un traumatismo cerrado (un golpe) o uno abierto, es decir, aquel en que exista una herida penetrante. Es común que este tipo de lesión se acompañe de hemorragia.
  • Neumotórax espontáneo: a su vez se divide en primario y secundario. El primero de ellos también es conocido como idiopático (de causa desconocida) o juvenil, debido a que su aparición es mucho más frecuente en edades tempranas (entre los 20 y 40 años de edad), con predominio en el sexo masculino.

Al respecto, el Dr. José Luis Variller Ramírez, médico internista y neumólogo adscrito al Hospital General de Zona 2-A Troncoso del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en la Ciudad de México, asevera que en el caso del neumotórax espontáneo primario no hay una enfermedad o padecimiento previo en el pulmón.

“Todo puede derivarse de unas bolsas de aire congénitas, es decir, con las que nacemos —dice el especialista—, que casi siempre permanecen sin manifestarse durante toda la vida, sin causar problemas. Sin embargo, un esfuerzo ocasional o alguna diferencia de presión pueden originar el problema.”

Ahora bien, señala el médico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el caso de los llamados neumotórax secundarios hay una situación muy diferente.

Se trata de pacientes con algún padecimiento previo, como enfisema pulmonar (enfermedad asociada al tabaquismo que comprende daño a los sacos de aire o alvéolos que hay en los pulmones), asma bronquial (trastorno inflamatorio de las vías respiratorias que causa dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos) o tuberculosis (infección causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis), lo que hace más fácil que existan bullas (depósitos de aire) o quistes (bolsa de tejido cerrada que puede estar llena de líquido, pus u otro material) dentro del pulmón que podrían romperse en cualquier momento.

En este tipo de neumotórax el rango de edad de los pacientes es un tanto difuso, aunque es una realidad que se presenta con mayor frecuencia después de los 50 años y en personas que han fumado durante largo tiempo. En algunas ocasiones, cuando escapa a las consideraciones descritas, el neumotórax puede ser la primera señal de un problema cancerígeno.

Los especialistas conocen muy bien las manifestaciones de este trastorno y difícilmente se tendrán dudas sobre su naturaleza. Sin embargo, el diagnóstico de certeza tendrá que ser realizado mediante radiografías, mientras el paciente inhala y exhala aire, lo cual es sumamente importante para descubrir algunas variantes del padecimiento que podrían pasar inadvertidas.

Tratamiento

Si nos referimos al neumotórax espontáneo primario, que como hemos descrito es uno de los más frecuentes, los médicos acostumbran someter al paciente a reposo y mantenerlo en observación, si es que no hay antecedentes de episodios anteriores y si la pérdida de volumen pulmonar no es exagerada.

El siguiente paso es analizar la posibilidad de practicar un drenaje de la cavidad pleural, pero para decidir en definitiva esta intervención hay que verificar que el neumotórax persista con las mismas características radiológicas durante los siguientes cinco días, o bien, que aparezca una insuficiencia respiratoria (incapacidad de los pulmones para cumplir con el adecuado suministro de aire al organismo) debido al aumento de la ocupación de la cavidad pleural.

En relación con el neumotórax espontáneo secundario, en el que existe una enfermedad anterior o de base, la situación debe tomarse como un caso de verdadera emergencia y atender al enfermo en una institución de salud especializada a la brevedad.

Drenaje pleural

Esta técnica está indicada para el tratamiento de neumotórax primarios que superen 20% de la pérdida del volumen pulmonar, siempre que se trate del primer episodio, así como en todos los neumotórax secundarios.

Si queremos definirlo con exactitud, podemos decir que el drenaje torácico pretende liberar de manera continuada la cavidad pleural a través del vaciamiento de aire o líquido excesivo; con ello se logra restaurar la presión necesaria para una adecuada expansión de los pulmones.

La intervención, aparentemente sencilla para los expertos, consiste en la colocación de un tubo o sonda torácica dentro del espacio pleural que expulsará el aire que se encuentre contenido allí. El sistema hace que el aire salga lenta y suavemente para evitar que la expansión pulmonar sea brusca, en cuyo caso podría provocar una crisis de dolor intenso o inflamación pulmonar.

Un drenaje de esta naturaleza tarda varios días, dependiendo del caso, y durante la aplicación de esta técnica se monitorea constantemente al paciente para comprobar que no existan fugas de aire a través del mismo sistema de curación. Así, la toma de radiografías será cotidiana hasta que se compruebe que el pulmón se encuentra completamente expandido y funcionando con normalidad.

Hasta entonces se le retirará el sistema de drenaje al enfermo y se le permitirá deambular libremente. Al paso de 24 horas, y después de un nuevo control radiológico, se verificará el éxito de la intervención y la salud del paciente para finalmente retirarle la sonda y darlo de alta.

Afortunadamente, asegura el Dr. Variller Ramírez, el neumotórax no es muy frecuente, “pero es una realidad que todos estamos expuestos a padecerlo, por ejemplo, cuando recibimos un golpe o una herida punzocortante, algo que, desgraciadamente, ocurre con facilidad en la República Mexicana”.

Los pulmones son órganos invaluables para nuestra salud integral y es por ello que merecen ser bien tratados. Por ello, el especialista recomienda la práctica regular de ejercicio, pues además de los beneficios que tiene para todo el organismo, contribuye al fortalecimiento de los músculos de la caja torácica (diafragmáticos e intercostales) y se promueve el intercambio gaseoso.

Ahora bien, concluye el Dr. José Luis Variller, para la gente con una enfermedad pulmonar previa es indispensable que se vacune contra la influenza y el neumococo, pues de esa forma se previenen infecciones que se podrían complicarse. Asimismo, “cuando cualquier persona sienta que no puede respirar bien o le falta el aire, no hay que esperar a que las cosas empeoren y es conveniente visitar a un médico. Creo que es mejor pecar de precavidos que de descuidados”.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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