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12 Diciembre 2017 | Iniciar Sesión



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Dejar de fumar no engorda

Jueves 12 de enero del 2017, 02:22 pm, última actualización

Existen mitos en torno a lo que sucede cuando se deja de fumar, los cuales llegan a influir en la intención de solicitar ayuda. Uno de ellos es el aumento de peso, lo que preocupa en mayor medida a las mujeres, quienes en muchos casos prefieren verse esbeltas a conservar su salud, sin conocer las consecuencias que ello puede traerles.

Dejar de fumar no engorda, Sobrepeso por dejar de fumar

La sociedad moderna exige cumplir con modelos estéticos cada vez más rigurosos. Los estereotipos a seguir, principalmente entre jóvenes, son considerablemente esbeltos, muchas veces creados por la publicidad y los medios de información, quienes de manera indirecta son responsables del alto número de casos de anorexia y bulimia, (trastornos alimentarios cuyos signos y síntomas refieren a la cantidad de comida que se ingiere, pues preocupa sobremanera el incremento de peso por dicha causa), que aumentan día con día.

Como parte de las campañas en pro de la delgadez se han creado una serie de mitos sobre actitudes de la vida diaria del hombre que son causa de aumento de peso. Ejemplo de ello es fumar, cuyo acto no se relaciona con obesidad, pero sí dejar de hacerlo habitualmente; se dice que tiene como consecuencia inmediata aumento de peso. Quien asevera lo anterior posiblemente no cuenta con la información científica necesaria que lo respalde, y al dar difusión a su argumento despierta gran cantidad de dudas.

Buscando un sustento teórico que rectifique o ratifique lo anterior, entrevistamos a la doctora Guadalupe Ponciano Rodríguez, directora de la Clínica Contra el Tabaquismo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien en primera instancia señala que "no es cierto que al dejar de fumar automáticamente se engorde, pues hay una serie de factores que intervienen para que ello se presente, pese a lo que muchas personas creen, sobre todo algunas mujeres que dan demasiada importancia al aspecto estético y en ocasiones dejan de lado la salud, lo que resulta en verdad preocupante".

Se inhibe el apetito

A decir de la entrevistada los mitos de dejar de fumar parten del efecto que produce en el fumador la nicotina, sustancia química que genera el tabaco al consumirse y que al aspirarse se dirige al cerebro en solo cinco segundos, produciéndole estímulos importantes, como sensación de placer, eliminación de angustia y disminución del factor depresivo, además de que acelera la velocidad de asociación de ideas y la expresión del lenguaje.

Ahora bien, este compuesto tiene efecto anorexigénico, es decir, inhibe el apetito, ya que actúa directamente sobre la región del sistema nervioso que regula hambre y sed, a la que engaña al producir sensación de placer para que ésta momentáneamente se olvide del hambre. Lo que sucede es que al no haber alimentación los tejidos consumen regularmente la energía almacenada (principalmente aportada por proteínas y carbohidratos). Entonces, la falta de nicotina libera el hambre, provocando que se ingieran más alimentos, los cuales son aprovechados a velocidad más lenta en comparación a cómo se hacía anteriormente y se almacenan (en forma de energía y grasas) por más tiempo, siendo esta la causa del incremento de peso.

¿Por qué hay entonces gorditos que fuman? "Generalmente se presenta en los individuos sedentarios, que consumen menos energía de la que almacenan al comer, no importando que esta acción la lleven a cabo una vez al día", acota Ponciano Rodríguez, quien responde a pregunta expresa que la nicotina no es usada como compuesto para bajar de peso, "éticamente no es lo más recomendable, pues si se suministra esta sustancia a alguien que nunca la ha consumido, sus efectos pueden ser nocivos, y no es raro que se presenten vómito, náusea y diarrea, entre otros. Los deshabituantes del tabaco que emplean la sustancia en forma moderada sólo son recomendables en quienes han fumado durante varios años, en los adictos que tienen una dependencia fisiológica y psicológica".

Mano y boca

La doctora Ponciano Rodríguez reconoce que sí hay personas que incrementan su peso cuando intentan dejar de fumar, sobre todo quienes han creado tal dependencia al cigarro que al no tenerlo en manos o boca, buscan sustituirlo muchas veces por comida o dulces. La especialista lo explica de la siguiente forma: "A quienes sufren este problema los llamamos pacientes sensorio-motores, es decir, personas que han creado dependencia de los cinco sentidos en relación al cigarrillo, pues necesitan oler el humo del tabaco, ver las donitas que se hacen al arrojarlo, sentir en los dedos el cuerpo del cigarrillo y en la boca el filtro.

"Lo indicado en el tratamiento es el uso de inhaladores, que tienen figura similar a cualquier cigarro, que pueden llevar a su boca y a través de los cuales reciben cantidad mínima de nicotina, con lo que se reduce la ansiedad generada. Igualmente se recomienda el consumo de dulces para diabéticos (que no contienen azúcar) o fabricados con orozus, que es una corteza de árbol que proporciona calma al paciente".

La directora de la Clínica Contra el Tabaquismo de la UNAM refiere que parte de la atención que se ofrece a quienes desean dejar de fumar es darle seguimiento a su estado de salud, por ejemplo, al pesar al paciente al inicio de cada sesión y hacerlo así a lo largo de lo que dure el tratamiento (en promedio entre 7 y 8 semanas). "Lo que encontramos al término de ese lapso es que el incremento de peso es menor a 1 kg, en promedio, lo que quiere decir que se ha logrado superar la ansiedad que puede llevar al paciente a subir de peso", enfatiza la entrevistada.

No está por demás recordar que quien tiene cierta preocupación por subir de peso una vez que se ha propuesto dejar de fumar, debe cuidar su alimentación, es decir, procurar comer frutas y verduras crudas que aporten cantidades importantes de fibra, reducir el consumo de grasas y carbohidratos (principalmente en pastas y harinas), hacer cuando menos tres comidas al día y beber, como cantidad mínima, dos litros de agua. Igualmente, y en la medida en que su salud lo permita, hacer ejercicio moderado, como caminar, aeróbicos de bajo impacto, natación y un poco de bicicleta, entre otros; no olvide consultar a su médico antes de ponerse los tenis por primera vez.

¿Ya no quiero fumar?

Es indudable que dejar de fumar no es fácil y quien lo intenta sin ayuda tiene pocas posibilidades de alcanzar el objetivo -estadísticas al respecto demuestran que sólo 2 de cada 100 intentos tienen éxito-. Pese a la gran fuerza de voluntad que puede mostrar el interesado y a los productos para lograrlo que ofrece el mercado farmacológico, son indispensables métodos clínicos con respaldo científico.

"Quien tiene interés por abandonar el cigarro debe tener mucho cuidado con lo que puede encontrar en la calle -afirma Ponciano Rodríguez-, pues no obstante la forma en que se anuncian ciertos métodos, no han demostrado que en verdad consigan que el paciente deje de fumar. Se sabe que ni juguitos, ni hipnosis, acupuntura o técnicas aversivas (en que se encierra en pequeña habitación a un consumidor para que fume diez cajetillas de un jalón con el objetivo que de que le cause asco o aversión) consiguen que el fumador deje de serlo. Lo único realmente serio que ha mostrado resultados son las técnicas de reemplazo de nicotina".

Las terapias referidas emplean métodos que suministran la sustancia en dosis menores a las que proporciona fumar, por ejemplo, el chicle aporta 2 miligramos, el inhalador 5 y el parche puede brindar 5, 10 o 15 miligramos, según sean los hábitos de consumo del paciente.

El tratamiento empleado en las clínicas antitabaco reconocidas se complementa con terapia cognitivo-conductual, es decir, a través del conocimiento de su situación se le brindan las herramientas para que por si sólo el paciente cambie su conducta, los hábitos por los que fuma.

Ahora bien, el fumador que acude a recibir ayuda clínica debe hacerlo convencido que tanto el programa como médicos y fármacos tienen el firme objetivo de ofrecerle mejor calidad de vida, tomando como base el abandono del cigarrillo. "Quien llega obligado por su pareja o padres no culminará exitosamente el tratamiento y recaerá en poco tiempo -enfatiza la doctora Ponciano-. No existen dos fumadores iguales, por lo que nadie recibe el mismo trato, cosa que el paciente reconoce hasta que llega a la Clínica".

La institución que ofrezca ayuda al fumador, y que se precie de ser seria, debe practicar al interesado una serie de pruebas que demuestren su estado de salud, entre las que deben incluirse:

  • Broncoscopía. Se introduce un aparato por la garganta para tomar una muestra de la mucosa del pulmón y saber si hay presencia de virus o bacterias.
  • Biometría hemática. Análisis de sangre para reconocer el estado de glóbulos blancos y rojos, lo cual determinará la condición del sistema inmume, que nos defiende de infecciones.
  • Electrocardiograma. Por medio de electrodos se mide el ritmo cardiaco del corazón, el cual se registra en papel para su lectura.
  • Espirometría. Para medir la capacidad de retención de aire por los pulmones se hace soplar al paciente un tubo conectado a aparato especial.
  • Química sanguínea. Exhaustiva revisión de la sangre para conocer niveles de glucosa, colesterol, triglicéridos, ácido úrico, urea y creatinina (compuestos de riñón).
  • Radiografía de torax. El empleo de rayos X permite reconocer la presencia de tumores u objetos extraños en pulmones.

Lo mejor es que si te interesa dejar de fumar y recuperar las grandes cosas que guarda la vida, te acerques a alguna de las 46 clínicas antitabaco en México y trates de resolver tus dudas, antes de dar importancia a mitos como los que hemos descrito.

SyM - Raúl Serrano

 

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