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20 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Cáncer, producción de células anormales

Jueves 22 de junio del 2017, 09:37 am, última actualización.

El cáncer es la multiplicación incontrolada de células anormales que no tienen ninguna función en el cuerpo y que se han generado por la alteración en el código genético o mutación de otras que pertenecen a tejidos normales.

Cáncer, producción de células anormales
Cáncer, producción de células anormales

Definición

Las células cancerosas no mueren eventualmente como las que son sanas, sino que adquieren "inmortalidad" y comienzan a dividirse hasta que forman un conglomerado llamado tumor o neoplasia, que puede causar el deceso del paciente cuando impide el funcionamiento de un órgano afectado o cuando se disemina por el cuerpo (metástasis), a través de vías sanguíneas o vasos linfáticos (empleados por el sistema de defensa del organismo), y daña a sistemas esenciales.

El término cáncer engloba, en realidad, a distintas enfermedades que varían en sus manifestaciones. Hasta la fecha se han descrito más de 200 formas distintas de este padecimiento, de acuerdo con el órgano o tejido en el que se originan, pero todas tienen como denominador común la proliferación celular incontrolada.

Los más frecuentes son los carcinomas, que constituyen cerca del 90% de los cánceres, y que se generan en los epitelios o capas celulares superficiales de nuestros órganos y piel. Por lo general ocurren a edad avanzada y su frecuencia es mayor entre los 20 y 60 años de edad. Entre ellos, los más comunes son los que afectan a pulmones, colon, próstata, mamas y cuello uterino.

Las leucemias y linfomas se producen a partir de las células formadoras de la sangre que residen en la médula ósea o en los tejidos linfáticos, y aunque son menos frecuentes que los anteriores, causan mayor impacto social y moral, pues afectan principalmente a niños y jóvenes, reduciendo su esperanza de vida y productividad.

Los más raros son los sarcomas, y se originan en los vasos sanguíneos y estructuras de soporte, es decir, hueso, músculo, cartílagos, grasa y tejido conjuntivo.

Cabe señalar que los distintos tipos de cáncer son tan antiguos como la vida en nuestro planeta, pues se han encontrado evidencias de tumores en los huesos de fósiles de dinosaurios y algunas momias humanas descubiertas en Egipto y Perú. Asimismo, su estudio y tratamiento ha sido objeto de gran interés desde épocas remotas, al grado de que su nombre fue tomado de una anotación del facultativo griego Galeno, que vivió entre los años 131 y 203 de nuestra era y quien afirmó, en su tratado Definitiones Medicae, que la neoplasia de mama en etapa avanzada adquiere la forma de un cangrejo.

Causas

El cáncer es una enfermedad compleja que se desarrolla debido a la combinación de factores que favorecen la mutación celular (mutágenos o cancerígenos), y que pueden ser tanto externos como internos. Los principales son:

  • Exposición continua y sin protección a la luz del Sol.
  • Recibir altos niveles de rayos X u otro tipo de radiaciones.
  • Someterse continuamente a agentes contaminantes, como gases emitidos por automóviles y desechos industriales.
  • Mantener una dieta con gran cantidad de grasas y poca fibra.
  • Consumir cigarrillos y bebidas alcohólicas.
  • Falta de ejercicio físico.
  • Padecer obesidad.
  • Uso de anticonceptivos, terapia hormonal de reemplazo (para disminuir molestias en el climaterio o menopausia) y, en general, alto nivel de estrógenos .
  • Debilitamiento del sistema inmunológico (que nos protege de enfermedades), sea por dieta pobre en nutrientes o padecimientos como Sida.
  • Sufrir infecciones ocasionadas por virus, como los de la hepatitis y papilomavirus.
  • Tener un historial familiar de casos de cáncer.

La manera en que influyen estos elementos es muy diversa. En primer lugar, algunos de los factores citados, como fumar, llevar alimentación deficiente y falta de ejercicio, favorecen la proliferación de radicales libres, es decir, partículas inestables que cuando están en el interior del organismo buscan a otras moléculas con las cuales combinarse. En caso de lograrlo se genera un fenómeno conocido como oxidación, el cual es muy parecido al que da lugar a la corrosión de los metales.

Así, las moléculas a las que se adhieren los radicales libres pueden ser dañadas y, por tanto, las células a la que pertenecen también sufren cambios, ya sea en membrana (parte externa), proteínas y grasas que contienen, o en su material genético (ácido desoxirribonucleico o ADN). Estas últimas alteraciones son las que pueden dar origen a tejidos cancerosos.

También la falta de defensas adecuadas permite el surgimiento del cáncer, ya que el sistema inmunológico tiene la responsabilidad tanto de impedir la oxidación como de eliminar células anormales en cuanto surgen, evitando que se multipliquen y generen tumoraciones. De esta manera, es fácil comprender que cuando el organismo tiene problemas para repeler ataques es también más vulnerable a desarrollar algún tipo de cáncer.

En cuanto al papel de los estrógenos en el surgimiento de neoplasias, diversos estudios han demostrado que altos niveles de esta hormona, destinada a favorecer la regeneración del epitelio en el útero, contribuyen a que las células cancerígenas surjan y se multipliquen con mayor rapidez. De esta manera, el incremento de dicha sustancia por uso incontrolado de anticonceptivos y terapia de reemplazo, así como por sobrepeso (el tejido adiposo produce esta sustancia), son factores de riesgo para contraer cáncer en matriz y senos, principalmente.

Aunque en menor escala, los hombres también pueden padecer los efectos nocivos de los estrógenos, ya que investigaciones recientes han demostrado que los varones con obesidad generan esta sustancia y, de esta manera, incrementan la posibilidad de sufrir tumoraciones.

Mención aparte merecen algunos microorganismos que se alojan en zonas determinadas del cuerpo, como los virus del papiloma humano (en los genitales de la mujer y, en menor medida, del hombre) y de la hepatitis (en el hígado), ya que la manera en que inducen el surgimiento del tumoraciones es distinto. Debido a que estos seres diminutos son incapaces de multiplicarse por cuenta propia, invaden células vivas para inyectarles su material genético y obligarlas a crear su descendencia. Es durante este proceso, llamado replicación, que partes de los tejidos dañados pueden transformarse y volverse anormales.

Por su parte, las radiaciones solares, de rayos X o provenientes de materiales como uranio o plutonio, también cuentan con una forma particular de actuar ya que, al ser ondas de energía, atraviesan las barreras celulares y golpean directamente al ADN, favoreciendo cambios en su estructura y, por tanto, su mutación.

Finalmente, se calcula que poco menos del 20% de los cánceres tienen su origen en factores hereditarios (transmitidos de padres a hijos), lo cual se deduce al observar que alguna variedad de la enfermedad (de mama, próstata o colon, por ejemplo) es más frecuente en determinadas familias. La razón parece ser la ausencia de ciertos genes, llamados supresores tumorales o antioncogenes, que en condiciones normales controlan la replicación celular excesiva.

Tipos

De acuerdo con sus características esenciales, los conglomerados de células anormales se dividen en dos grupos: benignos o "no cancerosos", que crecen de manera lenta, sin dañar a otras células ni propagarse, y malignos, que son propiamente los de tipo canceroso y que se distinguen por su capacidad para invadir y destruir tejidos u órganos, tanto cerca como lejos de su zona de origen.

En lo que refiere a su localización, los tipos de cáncer más comunes son:

  • Cáncer de mama. Se genera en los conductos internos de la glándula mamaria (lóbulos y lobulillos) y puede extenderse hacia la axila a través de los vasos linfáticos (conductos que transportan células y sustancias de defensa contra enfermedades). Una de cada ocho mujeres es propensa a desarrollarlo.
  • Cáncer cervicouterino. Ocurre en el cérvix (tercio inferior del útero ) y en muchos casos se relaciona con infecciones generadas por el virus del papiloma humano. A nivel mundial, es la principal causa de tumores genitales malignos.
  • Cáncer de útero o matriz. Su localización más común es en el endometrio o tejido que reviste el interior de este órgano; se desconoce su causa exacta, aunque parece que se relaciona con niveles elevados de estrógeno, obesidad, hipertensión y presencia de quistes (bolsas de tejido llenos de aire, líquido o pus que se forman en los ovarios ). Es más frecuente a partir de los 40 años.
  • Cáncer de ovario. Es menos frecuente, pero sumamente mortal porque sus síntomas pasan desapercibidos y puede extenderse con rapidez a útero, vejiga e intestinos.
  • Cáncer de próstata. Se estima que, junto con el de pulmón, es el tipo de neoplasia que causa más decesos en el sexo masculino. Afecta a la pequeña glándula que sirve para la producción de líquido que forma parte del semen o esperma, la cual se ubica encima del recto y debajo de la vejiga. Es más frecuente a partir de los 60 años.
  • Cáncer de testículo. Comienza en los canales donde se producen los espermatozoides , siendo el primer síntoma un bulto duro del tamaño de un garbanzo que al principio no es doloroso. El grupo de mayor riesgo son hombres jóvenes, particularmente de 15 a 35 años de edad, y sobre todo en quienes uno o ambos testículos no descendieron al escroto luego de nacer.
  • Cáncer gastroesofágico. Afecta a estómago y/o esófago (conducto que transporta al alimento luego de ser masticado), y se desarrolla con más frecuencia en quienes han tenido infección causada por Helicobacter pylori (bacteria relacionada con gastritis y úlcera ). También es común en pacientes que fuman o llevan dieta rica en comida seca y salada.
  • Cáncer de pulmón. Se divide en dos tipos, de acuerdo con la estructura del tejido afectado: de células no pequeñas, que es más común y crece con lentitud, y de células pequeñas, menos frecuente, pero de avance más peligroso y rápido. Ambos se asocian con consumo de tabaco, exposición a sustancias tóxicas y contaminación.
  • Cáncer colorrectal. Son carcinomas que nacen en el recubrimiento del intestino grueso (colon) y recto. De acuerdo con estadísticas son más comunes en quienes consumen mucha carne y grasas, y poca fibra, frutas y verduras. Tener antecedentes familiares es determinante.
  • Cáncer de laringe. Se presenta en la zona del cuello en que se localizan las cuerdas vocales, y el factor de riesgo más notable es fumar.
  • Cáncer de cerebro. Comúnmente es consecuencia de una neoplasia de pulmón o seno que se propaga por vías sanguíneas. Sólo 20% de los casos inician en el sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal), lo que ocurre por defectos genéticos, contaminación, infecciones virales, radiaciones y sistema inmunitario débil.
  • Melanoma. Sucede cuando los melanocitos, que son las células que dan color a la piel, se transforman en células cancerosas. Es más frecuente en adultos que se exponen sin protección a los rayos del Sol, pero puede encontrarse ocasionalmente en niños y adolescentes.
  • Cáncer de vejiga. Es habitual en varones mayores de 50 años que fuman y/o están en contacto con sustancias químicas empleadas en la industria, como pintura, benceno, caucho y solventes.
  • Cáncer de riñón. Se observa más en hombres que en mujeres y raramente afecta a menores de 35 años, pues los principales factores de riesgo tienen que ver con hábitos de vida que generan daño poco a poco: fumar, estar expuesto a contaminantes y padecer obesidad o cálculos renales, entre otros.
  • Cáncer de tiroides. Afecta a dicha glándula, localizada en el centro del cuello, y aunque su causa no se ha definido con precisión, se sabe que es más frecuente en personas que recibieron tratamiento con rayos X u otro tipo de radiación en cabeza, cuello o pecho.
  • Cáncer hepático. Puede presentarse como complicación de cirrosis, enfermedad en que el tejido normal del hígado es substituido por otro infuncional, parecido a cicatrices, lo que a su vez, se vincula con consumo desmedido de alcohol e infecciones generadas por parásitos y microorganismos (Schistosoma y virus de la hepatitis).
  • Leucemia. Ocurre cuando las células sanguíneas inmaduras (blastos) se reproducen de manera incontrolada en la médula ósea y se acumulan tanto ahí como en la sangre, reemplazando a las células normales. No se conoce la causa precisa, pero se estima que se debe a la interacción de radiación, substancias contaminantes y/o virus.
  • Ganglios linfáticos. Se generan por la proliferación de algún tipo de linfocitos (células del sistema inmunitario) en los nódulos, aunque a veces también pueden ser afectados hígado y bazo. Dependiendo del grupo de células del que surgen, se dividen en linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodgkin (linfosarcomas).
  • Osteosarcoma. Aunque el cáncer en huesos es más común por metástasis, es decir, cuando proviene de otra región, el osteosarcoma se origina en el sistema esquelético. Ocurre en adolescentes, adultos jóvenes y niños, donde es común localizarlos en la rodilla.
  • Cáncer de páncreas. El riesgo de padecer neoplasia en esta glándula aumenta a los 50 años, sobre todo si el individuo padece diabetes, es del sexo masculino, consume tabaco y lleva una dieta rica en carne y grasas.
  • Cáncer oral. Se manifiesta en labios y lengua, principalmente, aunque no se descarta su surgimiento en la parte baja de la cavidad bucal, interior de las mejillas, encías, paladar y glándulas salivales. Fumar o masticar tabaco se asocia con más del 70% de los casos. Otros factores de riesgo son beber alcohol, higiene oral deficiente y roce generado por dientes ásperos, dentaduras postizas y prótesis dental.

Síntomas

En términos generales, los síntomas de cáncer más comunes son:

  • Pérdida de peso sin explicación.
  • Fiebre, ante todo nocturna.
  • Escalofrío.
  • Fatiga.
  • Malestar general.
  • Dolor persistente.
  • Pérdida inusual de sangre.
  • Presencia de una llaga en la piel que no cura.
  • Sentir una bolita o cuerpo duro en el seno u otra parte.
  • Detectar alguna protuberancia en zona genital.
  • Dificultad para tragar e indigestión.
  • Funcionamiento anormal o deficiente de vejiga e intestino.
  • Cambios en la apariencia, tamaño o forma de verrugas o lunares.
  • Ronquera y tos.

Siendo más específicos, los síntomas de cáncer por órgano o zona afectada son los siguientes:

  • Seno. Presencia de una bolita o endurecimiento de la mama; escurrimiento de líquido en los pezones, cambios en la textura y coloración de la piel, así como protuberancias en las axilas.
  • Cérvix y útero. Sangrado vaginal anormal, dolor en el área pélvica.
  • Ovarios. Dolor o inflamación abdominal, malestar digestivo, fatiga y, ocasionalmente, sangrado vaginal.
  • Próstata. Micción difícil y dolorosa, aumento en el deseo de orinar (especialmente por la noche) y molestias constantes en pelvis y espalda baja.
  • Testículos. Hinchazón o bolita en una de estas glándulas (con dolor o sin él), además de molestias en abdomen y escroto.
  • Estómago. Acidez o indigestión, dolor abdominal, pérdida de apetito, debilidad, fatiga y vómito con sangre o sin ella.
  • Esófago. Ronquera, dificultad para tragar, sensación de que se tiene un bocado atorado en la garganta, generación de saliva espesa, pérdida de peso y apetito.
  • Pulmones. Tos persistente, muchas veces con sangre, además de dolor en el pecho y congestión.
  • Colon y recto. Presencia de sangre en el excremento, heces oscuras, dolor abdominal, diarrea que se alterna con estreñimiento, pérdida de peso, falta de apetito, palidez y agotamiento.
  • Laringe. Genera irritación de la garganta, dolor al tragar y cambio en el tono de voz o ronquera.
  • Cerebro. Mareo, somnolencia, dolores de cabeza, problemas de visión, memoria o habla, debilidad, dificultad para caminar, convulsiones, náuseas y vómito.
  • Piel. Cambios en el tamaño, forma, textura o color en lunares. También es común encontrar llagas persistentes que no curan.
  • Vejiga. Sangre en la orina y dolor o ardor durante la micción.
  • Riñón. Molestias en la parte baja de la espalda y costados, sensación de protuberancias en área renal y sangre en la orina.
  • Tiroides. Se manifiesta con ronquera y una serie de irregularidades en la zona del cuello donde se localiza esta glándula.
  • Hígado. Sangrado en sistema digestivo, dolor en el costado derecho, piel amarilla (ictericia) y acumulación de líquidos en región abdominal (ascitis).
  • Páncreas. A veces se muestra con ictericia, indigestión y pérdida de peso.
  • Boca. El signo más evidente es una llaga o úlcera que no desaparece, así como dolor, sangrado y alteraciones en la coloración de la mucosa, que luce más blanca o roja.
  • Ganglios linfáticos. Generan síntomas como hinchazón en nódulos linfáticos (cuello, axilas, ingles), fiebre persistente, fatiga, sudoración nocturna, pérdida de peso, comezón y ronchas.
  • Leucemia. Se manifiesta con debilidad, palidez, pérdida de peso, surgimiento de moretones con facilidad, sangrados prolongados, hemorragias nasales e infecciones recurrentes.

Diagnóstico

Son muchas las pruebas que se emplean en la detección de neoplasias, siendo las más comunes:

  • Endoscopia. Consiste en la introducción de tubos dotados de sistemas ópticos dentro de cavidades y conductos corporales. Estos dispositivos pueden contener luz y múltiples herramientas diminutas diseñadas para obtener muestras de tejidos que después se analizarán en laboratorio. Algunos ejemplos de esta técnica son: laringoscopia directa (para observar laringe y cuerdas vocales), esofagoscopia y endoscopia digestiva alta (esófago, estómago y primer tramo del intestino delgado o duodeno), broncoscopia (tráquea y pulmones), colonoscopia (intestino grueso y recto), laparoscopia (órgano reproductor femenino y abdomen) y toracoscopia (tórax).
  • Radiografías. Son un recurso práctico y de gran utilidad para conocer el estado de los pulmones, caja torácica y huesos en general
  • Tomografía computarizada. Estudio con rayos X que realiza tomas del cuerpo desde distintos puntos, y que al ser analizadas por una computadora permite obtener gráficos en forma de "rebanadas" o "cortes". Puede emplearse con ayuda de una sustancia de contraste para observar tejidos blandos, como los del cerebro.
  • Mamografía. Exploración que utiliza rayos X de baja potencia para localizar zonas anormales en los senos. Consiste en colocar la mama entre dos placas y presionarla durante unos segundos mientras se realizan las radiografías.
  • Ultrasonido y ecografía. Sistemas que se basa en el uso de ondas sonoras para obtener gráficos de todo el cuerpo y que trabajan de manera parecida a un radar. Recientemente se han desarrollando dispositivos para realizar mediciones desde el interior del cuerpo, conocidos como transesofágicos (desde el interior del esófago) o transrectal (desde el interior del intestino grueso).
  • Resonancia magnética. Es un sistema de posibilidades inmensas que utiliza campos magnéticos para obtener imágenes desde múltiples perspectivas, con gran nitidez y en tercera dimensión. Tiene la desventaja de que requiere mucho tiempo y es difícil de efectuar cuando el paciente no puede permanecer quieto en lapsos prolongados.
  • Medicina nuclear. Cuanta con varios métodos que, además de obtener imágenes, permiten conocer el funcionamiento de cada órgano. En particular, la tomografía por emisión de positrones permite estudiar todo el cuerpo para buscar la localización de metástasis o la extensión de la enfermedad, y es útil para distinguir si una masa es cancerígena o no. También permite distinguir, antes que otras pruebas, si un tumor ha reaparecido.
  • Papanicolau (citología vaginal). Es el estudio de células superficiales del cuello de la matriz, que sirve para detectar cáncer cérvicouterino y, ocasionalmente, de endometrio y ovarios. La obtención de la muestra puede ser un poco incómoda, ya que se debe raspar al interior de la vagina con una espátula de madera, cepillo o esponja de algodón, pero vale la pena si se considera que su efectividad es muy elevada: de 95%. Sobre todo, se utiliza como método de detección temprana y preventiva.
  • Antígeno específico de próstata (AEP o PSA). Se trata de una prueba de sangre que sirve para detectar aquella sustancia que se genera cuando dicha glándula del aparato reproductor masculino sufre algún daño. También es una prueba empleada en la prevención, y el resultado positivo debe ser ratificado con tacto rectal por el urólogo.
  • Biopsia. Son estudios que se realizan con una muestra de células o tejidos del organismo, la cual se examina bajo el microscopio en un laboratorio. Normalmente se usa cuando se encuentran anormalidades en otras pruebas, como radiografía, mamografía o tomografía. Los métodos más comunes para obtener muestras son por punción (al tomar una pequeña porción de piel utilizando una pinza especial), aspiración (se llega hasta el tejido u órgano y se extraen células con ayuda de una aguja, como sucede con la médula ósea) y endoscopia.

Todos estos recursos serán empleados bajo criterio del médico tratante, además de que la obtención e interpretación de resultados correrá a cargo de especialistas en la materia.

Tratamiento

Los resultados de las pruebas determinarán las medidas a seguir, no sólo por que cada tipo de cáncer merece una atención distinta, sino porque la etapa de desarrollo en que se encuentra la enfermedad es determinante. En resumen, estos son los pasos que sigue el oncólogo (médico dedicado a atender neoplasias):

  • Cuando el tumor está confinado a un sólo lugar y no se ha diseminado, se recurre a cirugía para extirpar los tejidos dañados y luego se supervisa cuidadosamente el proceso de recuperación.
  • Si el cáncer se ha diseminado sólo a los ganglios linfáticos locales, éstos también se deben extirpar, aunque le seguimiento del proceso de recuperación será más estricto y cuidadoso.
  • En caso de que el cáncer no se pueda extirpar totalmente, las opciones de tratamiento son: radioterapia, quimioterapia o ambas. Algunos casos severos requieren la combinación de estos procedimientos junto con cirugía.

La cirugía para retirar tumores y tejido canceroso (inclusive el órgano o región afectada en su totalidad) cambia de nombre de acuerdo con la zona en que se practica; por ejemplo, la operación en los senos se llama mastectomía; la de próstata, prostatectomía; la de útero, histerectomía; la del intestino grueso, colectomía; la del estómago, gastectomía; la de ganglios linfáticos, linfadenectomía y la del riñón, nefrectomía.

La radioterapia es un tratamiento que utiliza radiaciones dañinas para las células que se reproducen con mayor rapidez, como son las cancerígenas, de modo que impide la multiplicación de tejidos malignos. Tiene la desventaja de que otras células de división rápida pueden morir, como las capilares y de la piel, provocando lesiones cutáneas quemaduras, enrojecimiento y pérdida de cabello.

A menudo se usa para reducir el tamaño de un tumor que se va a extirpar durante una cirugía, o bien, se administra después de una intervención para prevenir la recurrencia. Algunas veces es el único tratamiento que se necesita para curar ciertos tipos de cáncer, y sus efectos secundarios son fatiga, malestar general, dificultad para comer, comezón, alteración del gusto, aumento a la susceptibilidad de padecer infecciones, vómito y náusea.

Por otra parte, la quimioterapia se define como el uso de fármacos especiales que ayudan a destruir o frenar la multiplicación de tejidos cancerosos, y puede tener efectos adversos sobre células normales cuyos ciclos de vida son similares, tales como las sanguíneas, del cabello o aquellas que recubren el tracto gastrointestinal. Por ello su administración debe ser muy delicada y bajo estricto control médico, a fin de evitar lesiones.

Afortunadamente los medicamentos son cada vez más precisos y se concentran de manera más específica en las características de crecimiento de las células cancerosas, de modo que ahora los fármacos son más efectivos y menos tóxicos, y con seguridad seguirán mejorando en beneficio de los pacientes.

Mención aparte merecen un par de factores más. El primero es la dieta, que deberá basarse en las siguientes observaciones:

  • Pueden consumirse todas las frutas y verduras crudas, hervidas o en jugo. Son de gran valor, pues contienen vitaminas, minerales y otras propiedades que eliminan toxinas y radicales libres.
  • Los cereales son otro grupo básico de alimentos en la alimentación, y ante todo se debe preferir que los que se consuman sean integrales, es decir, que incluyen su cascarilla, ya que contienen fibra y más vitaminas y minerales.
  • Por otra parte, las proteínas son indispensables para reconstruir tejidos y fortalecer al sistema inmunológico. Se da prioridad a las de origen vegetal (frijol, soya, lenteja, haba, garbanzo, chícharo, almendra, nuez, cacahuate, avellana, algas), así como a las carnes blancas (pescados, aves).
  • Es indispensable tomar de 8 a 10 vasos de agua al día, además de que se pueden incluir jugos de fruta, infusiones y leche.
  • Se debe reducir el consumo de grasas, por lo que se evita cocinar con aceites y consumir carne roja, a la vez que se aconseja cocinar al vapor y recurrir a mayonesa, helado y yogurt light.
  • También se deben evitar, o al menos limitar, productos con alcohol y cafeína.
  • Es posible que la dieta integre algún complemento alimenticio.

El segundo punto adicional a tomar en cuenta es la atención del estado emocional. Es normal que la persona afectada se sienta impotente, con rabia, deprimida y asustada durante el tratamiento, además de que es común que en algunos días sienta que tanto esfuerzo no vale la pena. Por tal motivo es importante que el médico sugiera algún grupo de apoyo para que tanto el paciente como sus seres cercanos reciban la orientación y ayuda que requieren.

En los casos diagnosticados en etapas muy avanzadas (terminales), la terapia se basará en frenar al máximo el avance del tumor, controlar las molestias (dolor, principalmente) y brindar apoyo emocional y psicológico tanto para el paciente como para su familia. Así, la intención en tales casos consiste en ofrecer la mejor calidad de vida posible, libre de sufrimiento y en apego a los derechos del individuo.

Prevención

No cabe duda de que la mejor manera de hacer frente al cáncer es a través de actividades que eviten su surgimiento o de la realización de pruebas que lo detecten en momentos tempranos, ya que así el tratamiento será más efectivo y sencillo.

Las principales medidas son las siguientes:

  • Eliminar definitivamente el consumo de tabaco, ya que 30% de las muertes por esta enfermedad se deben al hábito de fumar.
  • Disminuir el consumo de grasas, carnes rojas, productos embutidos y ahumados, e incrementar la ingesta de cereales integrales, frutas y verduras, que poseen fibra y refuerzan el funcionamiento del sistema inmunológico, así como de vegetales ricos en sustancias antioxidantes (vitaminas A, C y E u otras), como col, coliflor, brócoli, zanahoria, naranja, guayaba, toronja, limón y kiwi, ya que detienen la acción de los radicales libres.
  • Limitar la exposición al Sol y utilizar filtros protectores, a fin de prevenir el cáncer de piel.
  • Practicar ejercicio y reducir sobrepeso es también de gran utilidad, ya que esto ayuda a la eliminación de radicales libres y reduce el riesgo por estrógenos.
  • Evitar la exposición a lugares contaminados, con asbesto, benceno, plomo y humo de cigarrillo.
  • Reducir el consumo de alcohol.
  • En caso de consumir anticonceptivos o llevar terapia de reemplazo hormonal, siempre se debe consultar al ginecólogo para que éste evalúe la eficacia de tales métodos y haga ajustes a la dosis.

Otro aspecto de gran utilidad consiste en someterse a estudios y técnicas de detección precoz, las cuales sirven para detectar algunos de los principales tipos de neoplasias que hay:

  • Existen dos recursos fundamentales para localizar cáncer de mama en sus primeras etapas. El primero es la autoexploración de mama, que debe realizar la mujer mayor de 20 años, cada mes y por cuenta propia, luego de asesorarse con su ginecólogo para conocer la técnica y días convenientes. El segundo es la mamografía, cuya realización se recomienda a mujeres de 40 años o más; debe efectuarse de manera anual e incluso semestral, en caso de tener antecedentes familiares.
  • El papanicolau es, sin duda, el método más accesible y difundido en la prevención del cáncer cervicoutrerino. La toma de la muestra requiere algunos segundos y se aconseja a todas las mujeres mayores de 18 años o las que siendo menores a esta edad tengan vida sexual activa; igualmente, debe aplicarse a quienes se encuentran en la etapa del climaterio (menopausia). Otro procedimiento importante es la colposcopia, que consiste en examinar la zona vaginal y del cuello uterino por medio de un microscopio modificado (colposcopio).
  • En el caso de los varones, el mayor problema lo representa el cáncer de próstata. Para evitarlo es necesario someterse a prueba de antígeno específico de próstata y tacto rectal, cada año, a partir de los 40 o antes, en caso de tener antecedentes familiares.
  • Por su parte, la autoexploración de testículo se recomienda cada mes a partir de los 20 años, o antes si se forma parte del grupo de riesgo. Gracias a esta técnica es posible detectar protuberancias, dolorosas o no, y reportarlas de inmediato al médico.
  • La endoscopia ofrece alternativas en la prevención de neoplasias colorrectales, de modo que se aconseja someterse a estudio (colonoscopia) a partir de los 40 años, o antes si hay antecedentes familiares. Por otra parte, a últimas fechas se ha impulsado el uso de broncoscopia en la detección temprana de cáncer de pulmón, pero su uso no se ha generalizado y tampoco se ha establecido la edad recomendable para iniciar este tipo de estudios.

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