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Virus, "parásitos de células vivas"

Martes 20 de junio del 2017, 10:32 am, última actualización

Los virus son agentes que carecen de la capacidad de reproducirse por cuenta propia, así que se convierten en parásitos de células vivas para desarrollarse, ocasionando diversas enfermedades en organismos animales y vegetales. Son más diminutos que un hongo o bacteria y sólo se les ve gracias a un instrumento muy potente, el microscopio electrónico.

Virus, Microorganismos
Virus, "parásitos de células vivas"

Su clasificación biológica es difícil, pues no poseen la estructura celular de todo ser vivo, carecen de funciones de nutrición (no requieren energía para desarrollar actividad alguna ni materia para crecer) y son incapaces de permanecer con vida por sí mismos; mientras el virus se encuentra fuera de una célula se comporta como una partícula sin vida llamada virión, pero una vez que su material genético entra a una célula huésped, éste se transforma en una especie de parásito capaz de multiplicarse o replicarse, como dicen los especialistas en la materia (virólogos).

En su mayoría, estos microorganismos están constituidos por una carga genética (ácido desoxirribonucleico, ADN) y una envoltura externa formada por proteínas que se modifica constantemente a fin de confundir a los organismos que los alojan. Otros tipos de virus poseen un código genético basado en ácido ribonucleico (ARN) y emplean una enzima llamada transcriptasa inversa, por lo que son conocidos como retrovirus.

Virus y retrovirus son demasiado pequeños, y dado que la información genética que llevan consigo no les alcanza para reproducirse como otros seres vivos, deben tomar por asalto los mecanismos de una célula o de microorganismos como bacterias y utilizar algunas de sus enzimas para generar nuevos virus, proceso que se conoce como infección viral.

Según el agente que cause la infección, la célula morirá luego de realizar las réplicas o se alterará su metabolismo hasta el punto de que la misma célula pierda el control de su división normal y se vuelva cancerosa. También hay algunos virus que incorporan una parte de su información genética en el ADN de la célula huésped, pero permanecen inactivos o latentes hasta que alguna alteración les permita emerger de nuevo.

Los antibióticos no hacen ningún daño a los virus, por lo que el tratamiento de muchas enfermedades virales sólo alivia los síntomas en vez de matar al agente causante.

Cada tipo de virus ataca a una especie de ser vivo en particular, incluso a un tipo de célula específica, como los de la gripe, y sólo algunos cuantos que provocan enfermedades en animales pueden trasmitirse al ser humano, tal el caso de la rabia o la encefalitis (inflamación del cerebro y tejido de la médula espinal). No se ha identificado organismo vivo alguno, unicelular o pluricelular, que no sea susceptible a una infección viral; se dice incluso que puede haber cien o más tipos diferentes de virus que afecten sólo a una especie.

El cuerpo humano posee varias defensas contra los virus. Las barreras físicas, como la piel y las membranas mucosas, les impiden el acceso al interior del cuerpo. Asimismo, las células afectadas producen interferones, sustancias que dan más resistencia al tejido no afectado.

Cuando esta resistencia no es buena comenzamos a sentirnos enfermos. Es entonces que el sistema inmunológico (encargado de proteger contra enfermedades) inicia el ataque y la destrucción de los virus y las células infectadas gracias a los anticuerpos conocidos como glóbulos blancos o linfocitos, a fin de evitar que los agentes invasores sigan propagándose.

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es una excepción a este proceso, ya que infecta directamente a los linfocitos, que son necesarios para matar a las células infectadas. Por eso, a pesar de que este microorganismo no causa directamente al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), la muerte de las defensas del cuerpo humano debido a la infección por VIH imposibilita la resistencia ante otras enfermedades.

Probablemente las infecciones víricas o virales más frecuentes sean las de los pulmones y las vías respiratorias, incluyendo catarro común, gripe, infección de garganta (faringitis o laringitis) tos ferina, inflamación de la tráquea (traqueítis) u otras vías respiratorias (bronquitis). Estos mismos agentes infecciosos pueden extenderse a ojos y oídos, causando conjuntivitis y otitis.

Si bien es imposible crear fármacos que eliminen a los virus, pues mutan o cambian de apariencia con frecuencia, existen tratamientos que ayudan a aliviar los molestos síntomas de estas enfermedades.

Por otro lado, las infecciones virales que ocasionan ampollas en la piel se deben principalmente a los llamados herpesvirus: herpes simple y herpes zoster, aunque también se reconoce la acción de otros miembros de esta familia, los microorganismos Epstein-Barr y citomegalovirus, ambos responsables de mononucleosis, infección que causa fiebre, dolor de garganta, inflamación en el cuello y surgimiento de pequeños granitos rosas y en diversas partes del cuerpo.

La infección por herpes simple produce llagas ó úlceras pequeñas y dolorosas llenas de líquido, sobre la piel o las mucosas. Aunque desaparece gracias al sistema inmunológico antes explicado, el virus se mantiene en estado latente resguardado en algunos tejidos; por ejemplo, una infección primaria originada por este virus puede ser motivo de ulceraciones dolorosas en la boca o desaparecer en breve, pero alguna lesión debida a un objeto, una prótesis dental o golpe puede ocasionar una herida y reactivar el virus, dando origen al conocido herpes o fuego labial, cuyos efectos pueden disminuir gracias a soluciones antisépticas u otros productos especiales que detienen la replicación.

Al herpes zoster se le atribuye la varicela y sus secuelas. Éste es otro virus que permanece de manera latente, sólo que se aloja en los ganglios y los nervios espinales o craneales.

Por otra parte, una familia particular de estos microorganismos, los rotavirus, son culpables de padecimientos en el sistema digestivo caracterizados por diarrea intensa, vómitos, fiebre, tos y escurrimiento nasal, ante todo en niños menores de tres años durante la época invernal. Se estima que más de 870 mil infantes en el mundo mueren a causa de la deshidratación que produce la enfermedad cuando no se controla a tiempo, pero también que medidas como rehidratación oral, mejoramiento de hábitos higiénicos y saneamiento ambiental han disminuido en gran medida la mortalidad por esta causa.

También existen virus que son responsables de infecciones en el sistema nervioso central, los cuales atacan principalmente al cerebro, médula espinal y a veces a las membranas que los rodean (meninges). La afección de este tipo más conocida es la rabia.

Algunas enfermedades venéreas o de transmisión sexual son también ocasionadas por virus, como es el caso del herpes genital, las verrugas genitales (papilomavirus) o la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH, aunque propiamente es un retrovirus). Dado que se contraen al tener relaciones a nivel vaginal, oral o anal, la mejor medida para evitarlas es a través del uso del preservativo o condón.

Aunque la mayoría de las enfermedades víricas no revisten gravedad, algunas como el sida pueden ser letales. Sin embargo, la eficacia de las vacunas contra la poliomielitis, la hepatitis B y otras infecciones víricas es casi absoluta.

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