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Ceguera, causa de trastornos cerebrales y corporales

Martes 11 de abril del 2017, 05:21 pm, última actualización

La pérdida de la vista ocasiona cambios inmediatos en la estructura neuronal y del organismo. Dichas modificaciones pueden ser tan cruciales que cuando se implanta órgano artificial para restaurar la vista al paciente, éste es incapaz de comprender la información que recibe.

Ceguera, Debilidad visual

Si bien en décadas pasadas disminuyó el número de casos de ceguera, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para 2020 más de 75 millones de individuos en el mundo serán ciegos y 200 millones débiles visuales. Lo anterior se debe al incremento de las personas mayores de 65 años con problemas visuales y a la deficiente atención oftalmológica en la mayoría de la población.

“En este contexto resulta importante tener presente que la pérdida de la vista genera cambios inmediatos en el cerebro, además de modificaciones en la estructura del cuerpo a corto, mediano y largo plazo”, afirma el Dr. Gabriel Gutiérrez-Ospina, investigador adscrito al Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El experto agrega que el proceso de reorganización cerebral ocurre en menos de una semana en ratas cegadas, caracterizado por crecimiento del área de la corteza cerebral encargada de procesar información proveniente del tacto y audición, y por reactivar el enlace entre los sentidos. “Una vez reestructurado el encéfalo tras perder la visión, envía mensajes al cuerpo e induce modificaciones, como aumento en el número de receptores de la piel para reconocer vibraciones, texturas y otras sensaciones, a modo de compensación”.

Investigación

El equipo científico dirigido por el Dr. Gutiérrez-Ospina busca entender los mecanismos celulares, moleculares y neuroquímicos de dicho arreglo en modelos animales con ceguera temprana, a fin de modularla y favorecer la recuperación visual luego de implantar prótesis electrónicas.

Así, los investigadores han descubierto que en los humanos los cambios tras perder la vista pueden ser muy profundos, al grado de que cuando se coloca un órgano artificial para que el afectado pueda volver a ver, no le es posible comprender la información que recibe. “Por ejemplo, cuando se despide y aleja, interpreta que las personas se hacen pequeñas, además de mostrar dificultad para percibir la profundidad, entre otros conflictos”, comenta el especialista.

Tal situación ocasiona altos niveles de ansiedad en los pacientes, por lo que muchos deciden continuar con ceguera, en tanto otros pueden suicidarse, enfermar o morir. Sin embargo, a futuro, el conocimiento producido por los investigadores del IIB podría mejorar este panorama.

Ante ello, el Dr. Gutiérrez-Ospina formuló la hipótesis de que la magnitud de la reorganización cerebral determina si un aditamento funciona o no. “Si la reestructuración neuronal es significativa, el implante no tendrá éxito porque los circuitos craneales no permiten fluir la información visual, la cual será procesada de forma equivocada”.

De ahí la importancia de entender los mecanismos que regulan la plasticidad (capacidad de adaptación y reorganización del cerebro) con ayuda de cierto modelo animal equivalente al humano, pues permitirá proponer fisioterapias y terapias farmacológicas o génicas a fin de modular esa transformación cerebral, introducir prótesis y entonces dejar que su desarrollo siga, pero con referencia visual.

“Esto ayudaría a incrementar las probabilidades de que el paciente con implantes procese los datos de manera mucho más normal, al grado de ser capaz de interpretar lo observado”, añade el investigador de la UNAM.

Cuestión de género

En los individuos con ceguera de nacimiento la situación es la misma, “pues al nacer el humano es tan inmaduro, que tenemos buen lapso para hacer intervención instrumental y fisioterapéutica a fin de que las personas recuperen la visión en porcentaje idóneo”, sugiere el entrevistado.

Cabe destacar que otro de los hallazgos importantes del grupo de investigación del Dr. Gutiérrez-Ospina es que la temporalidad y magnitud de la reorganización del cuerpo y del cerebro difieren en ambos géneros. Esta variable jamás ha sido considerada para el diseño de fisioterapias e implantes, ya que a todos los pacientes se les trata igual, lo cual podría explicar por qué cierto tipo de técnicas funciona mejor en mujeres u hombres, aun cuando se trata del mismo procedimiento.

“Nuestro equipo de trabajo ha sido el primero en demostrar el dimorfismo sexual en personas ciegas, es decir, las diferencias en las respuestas fisiológicas entre hombres y mujeres, ya que la reorganización del cerebro y el cuerpo ocurre de forma diferente en ellos y ellas, al seguir patrones distintos de tiempo y magnitud”, acota el científico.

Más cambios

De acuerdo con el Dr. Gutiérrez-Ospina, los estudios y análisis que se han efectuado en torno al tema que nos ocupa se han centrado sólo en la caracterización de las modificaciones ocurridas a nivel cerebral, pero el cuerpo se ha dejado de lado. “Hemos encontrado en el modelo animal cambios en la disponibilidad de algunas proteínas asociadas a la promoción de la supervivencia neuronal y del crecimiento de fibras nerviosas, incluso en partes consideradas poco importantes para la discriminación táctil, como el lomo de los roedores”.

Otro hallazgo es que las placas neuromusculares, sitios de unión entre nervios y músculo voluntario, también engrosan su tamaño en animales ciegos, sobre todo en los más viejos, lo cual sucede de manera tardía. Asimismo, se han detectado variaciones en la vascularización de la piel y número de células del sistema inmune. En una idea no propuesta hasta ahora por neurobiólogos ni inmunólogos, el universitario supone que esa estructura podría regular la plasticidad o capacidad de reestructuración del sistema nervioso periférico (que transmite información sensorial al cerebro y médula espinal).

“Tal hipótesis surge de cierta observación fortuita cuando estudiábamos la distribución de las proteínas que regulan el crecimiento neuronal. Revisando cortes de piel, nos llamó la atención la gran cantidad de células granuladas identificadas como mastocitos, involucrados, entre otros eventos, en fenómenos de alergia”, revela.

Si la ceguera tiene repercusión o no desde el punto de vista inmunológico tampoco se ha determinado. Por ello en la actualidad se desarrolla una serie de experimentos para establecer si las moléculas relacionadas con el sistema inmune se alteran en individuos que han perdido la visión.

En apoyo a esta última posibilidad, el Dr. Gutiérrez-Ospina comenta que en invidentes bajo terapias de restauración visual se han observado infecciones recurrentes. De ahí el interés por estos trabajos.

Como puede advertirse, uno de los objetivos de las investigaciones que realiza el Dr. Gutiérrez-Ospina junto con su equipo de trabajo es establecer las bases de los mecanismos de organización y reorganización del cerebro y el cuerpo, para que en un futuro se puedan controlar estos procesos. Así, al utilizar terapias o fármacos será posible disminuir la velocidad del proceso de reorganización e implantar las prótesis neurológicas (ojos electrónicos) para dar tiempo a la corteza visual de no perder la totalidad de sus funciones, al frenar en cierta medida la “invasión” compensatoria del tacto y el olfato.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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