¿Por qué lloramos? Función biológica de las lágrimas - SyM
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Para qué sirven las lágrimas

Lunes 19 de junio del 2017, 10:39 am, última actualización

"Di que vienes de allá, de un mundo raro, que no sabes llorar", dice la canción de José Alfredo Jiménez; en efecto, todos conocemos las lágrimas y estamos habituados a ellas, pero es casi un hecho que ignoramos su función biológica, composición e, incluso, la gama de emociones que pueden expresar.

Lágrimas

Compartir un momento de gran felicidad, recordar una separación dolorosa, saborear el triunfo o derrota en una competencia deportiva, solidarizarse con la tristeza de una persona estimada, bostezar o reír a carcajadas son actos que, a pesar de su diversidad, poseen algo en común y muy familiar para todo ser humano: todos pueden desencadenar llanto.

Aunque básicamente el lagrimeo tiene la función de proteger al ojo, nadie se opone al hecho de que estas secreciones constituyen una forma de expresión universal del género humano, siendo una de las más distintivas. Hasta donde sabemos, ningún otro ser es capaz de expresar así sus emociones, y aunque las razones para que esto ocurra siguen siendo un misterio, poco a poco se van revelando gracias a distintos estudios científicos.

Si ves que lloro...

Las lágrimas son secreciones líquidas e incoloras producidas por un par de glándulas localizadas cerca de los ángulos externos superiores de cada ojo, y mediante la ayuda del parpadeo humedecen todo el tejido superficial (conjuntiva) y la córnea (parte central y transparente que permite el paso de luz); el fluido excedente se reúne en el ángulo opuesto (interno inferior), donde se encuentra el saco lagrimal, y de ahí se elimina a través del canal nasolagrimal a un orificio situado en el interior de las fosas nasales.

Cuando el flujo es abundante, como al tratar de eliminar un cuerpo extraño en el ojo o llorar de emoción, los conductos no pueden absorber el exceso de líquido, de modo que el párpado se encarga de derramar las lágrimas por la comisura de los ojos, llevándose también las basurillas demasiado grandes, en caso de existir. Ya que una parte del fluido logra eliminarse por la nariz, es común que, en forma simultánea, se expulse moco por las fosas nasales.

Aproximadamente, 99% de la constitución de las lágrimas es agua y el resto son compuestos que ayudan a mantener hidratada y saludable la superficie del globo ocular, tales como:

  • Cloro, sodio y potasio. Estos elementos son responsables del característico sabor salado de las lágrimas y ayudan a que éstas se conserven dentro del globo ocular en cantidades razonables.
  • Muceína. Proteína que impide que se evapore el agua y, por tanto, evita que los ojos se resequen.
  • Betasilina y lisozima. Destruyen a las bacterias que intentan alojarse en el globo ocular.
  • Lactoferrina. Es uno de los principales componentes antisépticos (sustancias que previenen infecciones al impedir el crecimiento de gérmenes) de toda secreción humana; por ejemplo, es abundante en la leche materna y previene problemas digestivos a causa de microorganismos.

Es el humo del cigarrillo

La última vez que lloramos no fue al recibir la noticia del nacimiento de un sobrino o nieto, ni tampoco cuando discutimos con nuestra pareja, sino que ocurrió cuando mucho hace seis segundos, durante el parpadeo más reciente. Estas lágrimas, llamadas basales, son las más comunes en la vida del ser humano (aparecen 250 millones de veces durante la vida) y son también las que poseen mayor concentración de sales y antisépticos.

Desde luego no estamos conscientes de ellas, pero sin su existencia experimentaríamos la sensación de tener tierra o polvo en el ojo e incluso perderíamos la visión debido a que la córnea se secaría y no tendríamos defensa alguna contra microorganismos. Los científicos han determinado que este tipo de lagrimeo aparece durante los últimos meses de vida fetal, cuando el ojo se ha formado, y que las segregan casi todos los anfibios (ranas, sapos), reptiles (cocodrilos, serpientes, iguanas), aves (palomas, tucanes, halcones) y mamíferos (cebras, lobos, leopardos y seres humanos).

El segundo tipo de lágrimas, también con función puramente biológica, es el que se derrama por acto reflejo. Este tipo de llanto es una reacción de defensa a través de la cual nos defendemos de objetos extraños en el ojo y en general de todo aquello que ataca a la superficie del ojo: polvo, contaminación, piedritas, astillas, polen, agua sucia, humo de cigarrillo y hasta algún pequeño insecto.

Este tipo de lagrimeo es incontrolable, pues se da como respuesta a un estímulo irritativo, y se distingue del basal debido a que su cantidad es notablemente mayor. Se sabe que aparece en el nacimiento o las primeras semanas de vida del ser humano, y que sólo se presenta en reptiles y mamíferos.

Existe un tercer y último tipo de lágrimas, las emocionales, cuya existencia sólo se ha comprobado en los seres humanos y las cuales difícilmente podemos contener cuando nos sentimos tristes, aterrorizados, alegres o compasivos. Aunque está claro que no cumplen función biológica alguna, sino psicológica, muchos científicos consideran que una pregunta permanece en el aire: ¿por qué lloramos?

Déjenme si estoy llorando

Uno de los primeros científicos que trató de dar respuesta fue el británico Charles Darwin (1809-1882), creador de la Teoría de la Evolución de las Especies, quien consideraba que los niños gritan para pedir ayuda tal como hacen las crías de otros animales, pero al prolongar sus gritos como ninguna otra especie lo hace, generan mayor irrigación sanguínea en las glándulas lagrimales y contracciones musculares que estimulan el llanto; a raíz de esto, los nervios se acostumbran y provocan lagrimeo cada vez que hay sufrimiento.

Sin embargo, esta teoría perdió vigencia conforme se comprobó que el fenómeno circulatorio observado por Darwin es más intenso en las glándulas que producen saliva que en las que generan lágrimas; claro está, todo mundo sabe que no salivamos copiosamente para expresar rabia, felicidad extrema o sufrimiento.

Otro eminente científico que se ocupó del tema fue el austriaco y padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939), para quien el sollozo emocional ejerce la función de liberar emociones. En efecto, esta interpretación ha sido más aceptada e incluso comprobada por investigaciones como la realizada en la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos), que encontró relación entre contener el llanto y la aparición de trastornos generados por estrés, como úlcera intestinal y asma.

Además, este mismo trabajo demostró que los individuos que no manifiestan sus sentimientos y se sienten solos son más propensos a experimentar angustia y tensiones internas, y tienen 16 veces más posibilidades de sufrir cáncer que quienes se caracterizan por su expresividad. Otros estudios han revelado que quienes contienen sus sentimientos alteran el buen funcionamiento de su sistema inmunológico (protege de enfermedades) debido al alto nivel de ansiedad que guardan.

Así, es probable que el llanto emocional sirva para hacer frente a enfermedades psicosomáticas (de origen mental) y no sólo una manera de eliminar toxinas, mantener humedad en nariz y garganta o el recuerdo en nuestra memoria remota del humo con que cocinaban nuestros ancestros, tal y como han sostenido otras hipótesis. En todo caso, y no es difícil concordar con este pensamiento, el lagrimeo es una forma de expresión humana que al externar emociones crea alivio, así como ocurre con el habla.

Yendo más lejos, y en combinación con trabajos de Antropología, hay investigadores que sostienen que el sollozo emocional pudo surgir hace 25 o 50 mil años, justo en la misma época que el lenguaje facial o de gestos. Esto porque, dicen los especialistas, al hombre primitivo le faltaban músculos en la cara para expresar toda su gama de emociones (ira, amor, sospecha, enfado, rencor, vergüenza, timidez) y por ello tuvo que recurrir a otros medios para darse a entender, como las lágrimas.

Por cierto, eso de que los hombres no lloran no es verdad, pues a pesar de que las mujeres son más expresivas y derraman hasta cuatro veces más lágrimas, los varones tienen una forma peculiar y discreta de manifestarse y de la cual no son conscientes en la gran mayoría de casos: sienten que se les forma un nudo en la garganta, se les humedecen los ojos y de inmediato detienen el gesto. Así, haciendo a un lado esta diferencia de "estilos", diversos investigadores han concluido que a ellas les da por sollozar tres veces por semana, en tanto que a ellos poco más de dos.

La expresión mojada de tu alma

El Dr. Juan Murube, investigador y oftalmólogo de la Universidad de Alcalá de Henares (España), tuvo a bien realizar peculiar encuesta entre estudiantes de Medicina del mismo centro educativo, en la que encontró que al menos hay 465 emociones distintas por las que el ser humano llora, siendo admiración, aflicción, ira, angustia, ansiedad, aprehensión, confusión y arrepentimiento las más comunes.

Sin embargo, todas estas lágrimas vertidas podrían dividirse en dos categorías: para pedir ayuda y para ofrecerla; ejemplo de las primeras son aquellas que se producen como resultado de una ruptura amorosa o incapacidad por realizar un capricho, en tanto que de las segundas podemos citar a las que se generan al contemplar el sufrimiento ajeno o la alegría por una hazaña deportiva.

De acuerdo al mismo estudio y al contrario de lo que podría pensarse, las situaciones en que se ofrece ayuda son mayores que en las que la solicitamos: 56% frente al 35% (9% son ambivalentes o dudosas). Asimismo, se estableció que el llanto de ofrecimiento de apoyo se asocia a emociones positivas y negativas, en tanto que el de petición sólo con las segundas.

El Dr. Murube afirma que el lagrimeo que expresa solidaridad requiere de más tiempo para ser aprendido, ya que, como podemos apreciar en múltiples ocasiones, un niño descubre desde temprana edad que sus sollozos le sirven para recibir auxilio de sus padres y otros adultos, en tanto que requiere varios años de relación con sus semejantes y de comprender normas de conducta social para contar con la capacidad de "ponerse en el lugar de otro" y ofrecer ayuda con sus lágrimas.

Por otra parte, el investigador ha encontrado que las mujeres lloran más para pedir ayuda, en tanto que los varones al ofrecerla. No por ello nos confundamos y pensemos que el sexo masculino es más comprensivo; más bien, los hombres tienden a reprimir la solicitud de apoyo (interpretada como debilidad y hasta homosexualidad) y a acentuar su capacidad de resolver problemas para mostrar fortaleza. Sin embargo, cabe señalar que los cambios culturales en cuanto a los roles que debe asumir cada género se están modificando y cada vez es más frecuente ver a los hombres expresar sus sentimientos.

Por último, el Dr. Juan Murube ahonda en las lágrimas por una buena carcajada y aclara que éstas no tienen que ver con ofrecimiento o ayuda, por más que sean consecuencia de la emoción. La razón, concluye, es la misma que hace que lloremos durante un bostezo, y es que en algunas personas, al abrir mucho la boca, mueven los huesos de la articulación de la mandíbula que comprimen un nervio relacionado con la glándula lagrimal y es entonces cuando se produce la secreción.

Lágrimas al suelo

También cabe mencionar que existen padecimientos en el ojo que se expresan a través de las lágrimas, siendo más comunes:

  • Cansancio ocular. Leer con poca luz, ver la televisión o monitor de computadora a poca distancia y desvelarse a menudo son factores que desencadenan llanto reflejo. Por lo general, basta con descansar 15 minutos cada dos horas mientras se trabaja o entretiene frente a una pantalla luminosa; también es necesario mejorar la iluminación en caso de que ésta sea deficiente.
  • Defectos visuales. Cuando hay dificultad para enfocar objetos lejanos (miopía) o cercanos (hipermetropía) y no se emplean lentes correctivos el ojo hace un esfuerzo extra que genera cansancio y, por tal, lagrimeo.
  • Conjuntivitis. La inflamación del tejido conjuntivo (membrana transparente que protege al globo ocular) por irritación o infección ocasionada por microorganismos se manifiesta con enrojecimiento y llanto.
  • Lentes de contacto. Usarlos por más de 8 o 10 horas y dormir con ellos también genera irritación ocular y, por ende, llanto reflejo. La inadecuada higiene de las lentillas puede favorecer el alojamiento de microorganismos y ocasionar conjuntivitis.
  • Infección del saco lagrimal. También llamada dacriocistitis, es consecuencia de la invasión de microorganismos. Además de lagrimeo hay presencia de pus en la región del saco (ángulo inferior interno del ojo) e incluso fiebre. Requiere atención del oftalmólogo.
  • Obstrucción del conducto lagrimal. Las secreciones acuosas se drenan a través de estos conductos, pero si se obstruyen generan derramamiento de lágrimas hacia el rostro. La solución casi siempre incluye intervención quirúrgica para reabrir el paso a los fluidos o colocar un conducto sintético.
  • Alergias. Personas que han mostrado sensibilidad a polen, polvo, pelo de animales y alimentos suelen acompañar a sus síntomas comunes (estornudos y ronchas o granitos en la piel) con lagrimeo incontrolable.
  • Problemas al interior del globo ocular. Trastornos como glaucoma (aumento de la presión interna del ojo) y uveítis (inflamación e infección de la porción interna media o úvea) se hacen acompañar de lagrimeo abundante que no mejora y disminución del campo de visión; requieren siempre de la atención de un oftalmólogo a la brevedad, ya que pueden ocasionar ceguera.

Esperamos que esta información sirva para valorar la función biológica de las lágrimas y que te ayude a interpretarlas como parte de un lenguaje que todos empleamos y que expresa emociones como quizá ninguna palabra haga.

SyM - Israel Cortés

 

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