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Piernas arqueadas, más que problema estético

Miércoles 12 de abril del 2017, 04:51 pm, última actualización

Todos los niños nacen con las piernas arqueadas ligeramente, pero con el tiempo se normalizan sin necesidad de tratamiento. Sin embargo, hay casos en que el problema persiste más allá de los tres años de edad y requiere intervención del ortopedista.

Piernas arqueadas, Piernas en O, Piernas charras

Piernas en O

Los especialistas designan genu varum a aquella condición en que el niño, estando de pie, logra juntar sus talones y tobillos, pero sus rodillas permanecen ampliamente separadas, de modo que sus piernas lucen como si fueran símbolos de paréntesis. Aunque este hecho puede tener algunas consecuencias, como ligeros problemas de equilibrio, forma de caminar tambaleante y ligera torsión de los pies hacia adentro, rara vez representa un problema permanente.

La abrumadora mayoría de los casos de niños con piernas arqueadas se registra en la edad preescolar, y ello se debe a una cuestión natural, que como tal se corrige de manera espontánea. En efecto, casi todos los niños nacen con genu varum debido a la posición plegada que tenían dentro del útero, y poco a poco adoptan aspecto normal conforme aprenden a ponerse de pie y a soportar su propio peso, lo cual empieza a ocurrir aproximadamente entre los 12 y 18 meses de edad.

La apariencia habitual de las piernas se alcanza, por lo general, a los tres años, cuando el pequeño ha logrado plena independencia en sus movimientos, de modo que los padres pueden sentirse tranquilos si han descubierto que su hijo que recién aprende a caminar posee extremidades encorvadas (de "charro" o "patizambo", como se les llama comúnmente), ya que es parte del proceso normal de maduración de huesos, músculos y articulaciones.

No obstante, hay ocasiones en que el arqueamiento persiste más allá de los primeros 36 meses de vida y revela la posible presencia de problemas en la formación de los huesos, por lo que estos casos deben ser valorados por un especialista (ortopedista) a fin de localizar la causa y determinar cuál es el tratamiento más indicado para superar dicha alteración.

Origen y manifestaciones

Es muy raro que el genu varum tenga consecuencias en el niño, aunque no se debe descartar que en ocasiones la falta de tratamiento pueda generar desgaste anormal en las articulaciones y dolores reumáticos en edades avanzadas. Asimismo, el diagnóstico médico es muy importante, ya que el arqueamiento de las piernas puede necesitar tratamiento ortopédico, nutricional o de otro tipo en caso de que sea consecuencia de otros padecimientos

Las causas de piernas arqueadas más comunes pueden ser:

  • Uso de andadera. Estos auxiliares pueden ayudar al niño a adaptarse a la posición erguida antes de tiempo, pero también impiden que las articulaciones y extremidades inferiores maduren como es debido. Los pediatras aseguran que muchos casos de encorvamiento son por este motivo.
  • Raquitismo. Trastorno ocasionado por falta de vitamina D, calcio y fósforo, que genera reblandecimiento y debilidad en los huesos. Sus causas principales son mala alimentación y trastornos digestivos que ocasionan absorción insuficiente de nutrientes.
  • Enfermedad de Blount (tibia vara). Alteración de causa desconocida que se caracteriza por una falla en el crecimiento de la parte interior de la tibia (hueso de la espinilla), localizada debajo de la rodilla, que causa la angulación de la pierna.
  • Displasia fibrosa. Crecimiento de tejido óseo anormal que sustituye al hueso sano y genera deformidad en distintas partes del cuerpo. Una de las regiones más afectadas son las piernas, por lo que causa marcha tambaleante. Su origen es desconocida, aunque se piensa que pudiera ser hereditario (transmitido de padres a hijos).
  • Contaminantes. Las intoxicaciones por plomo (saturnismo) o flúor (fluorosis) generan problemas en el desarrollo de los huesos, así como alteraciones en la conducta (decaimiento, mal humor) y bajo desarrollo intelectual. Este problema se debe al consumo de agua o alimentos contaminados, y es más severo en zonas industriales y cercanas a minas.

Un examen físico en el niño es usualmente suficiente para hacer el diagnóstico, ya que es fácil apreciar que las rodillas no se tocan cuando el pequeño está de pie con los tobillos juntos. Asimismo, el pediatra o el ortopedista pueden apreciar si el problema se acompaña de torsión tibial interna (desviación del hueso de la espinilla que hace que el pequeño gire los pies hacia adentro) o si la curvatura de las piernas es simétrica (igual en ambos hemisferios) o no.

La toma de rayos X puede ayudar a establecer con mayor claridad cuál es la severidad del problema y, por lo general, se realiza sólo cuando el arqueamiento de las piernas es cada vez mayor o si existen problemas notables en la movilidad. En ocasiones los exámenes de sangre pueden ser necesarios para descartar la presencia de raquitismo o de intoxicación por contaminantes.

Tratamiento de las "piernas charras"

Si no existe alguna enfermedad que dé origen al genu varum, como ocurre casi siempre, no se requiere tratamiento alguno, salvo la evaluación periódica (cada 6 meses) para comprobar que el problema se corrige conforme el pequeño crece. Como es de esperar, se aconseja abandonar el uso de la andadera y dejar que el infante aprenda a caminar a su ritmo.

Hay ocasiones en que el arqueamiento de las extremidades puede ser una característica hereditaria que no es posible erradicar del todo; en estos casos se recomienda la realización de ejercicios que fortalezcan a las piernas y articulaciones. El uso de calzado ortopédico se recomienda en casos de mayor gravedad o cuando el genu varum se acompaña de torsión tibial interna.

El niño con piernas arqueadas puede realizar actividades deportivas, aunque será necesario efectuar un reconocimiento médico periódico a fin de descartar la posibilidad de que el esfuerzo e impactos típicos del ejercicio puedan generar lesiones en las estructuras de la rodilla.

La intervención quirúrgica se reserva para casos extremos, es decir, aquellos que causen problemas estéticos y funcionales. Casi siempre se recomienda que la cirugía se realice en niños mayores o durante la adolescencia para minimizar riesgos tanto en las estructuras óseas, todavía en formación, como por el uso de anestesia.

En caso de raquitismo se debe garantizar una alimentación adecuada y procurar que el niño tenga una exposición normal a la luz solar, ya que el cuerpo humano es capaz de sintetizar este nutriente cuando la piel entra en contacto con las emisiones del Sol. En ocasiones puede ser necesario administrar suplementos dietéticos, siempre bajo prescripción médica.

Hay que mencionar que la displasia fibrosa es una enfermedad rara e incurable que en la medida que avanza da origen a fracturas, deformaciones óseas, dolor articular y problemas hormonales a los que sólo se puede dar alivio pero no erradicar. La calidad de vida del paciente depende en gran medida de la gravedad de la condición.

El efecto generado por exceso de plomo en la sangre puede controlarse mediante tratamiento prolongado que consiste en llevar a cabo medidas higiénicas que reduzcan la posibilidad de seguir consumiendo este metal y que contrarresten sus niveles en la sangre, sobre todo a través del consumo de alimentos ricos en hierro y calcio. En cuanto al exceso de flúor, las medidas son esencialmente preventivas y consisten en tener adecuado control sobre la calidad de agua que se consume (a través del vital líquido es como dicho elemento entra en el organismo), pues en la actualidad es un problema irreversible y no hay tratamiento.

Finalmente, cabe recordar que el genu varum suele ser detectado por los padres que notan algo raro en la forma de caminar de su hijo, o bien, durante las visitas periódicas al médico en las que se supervisa el crecimiento del niño, de modo que la vigilancia constante es la clave para prevenir dificultades en el desarrollo infantil.

SyM - María Elena Moura

 

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