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Su majestad el ajo

Su majestad el ajo

María Elena Moura

Sólo los vampiros se hacen de la vista gorda ante sus beneficios, pues además de ser condimento insustituible, el ajo mejora la circulación, previene ataques cardiacos, reduce el colesterol, da inmunidad contra parásitos y microorganismos y, por si fuera poco, previene el cáncer.

Esta planta (Allium sativum linnaeus) pertenece a la familia de las liliáceas y su parte comestible es el bulbo, y aunque es nativa de la zona central de Asia, ha conquistado los recetarios de casi todo el orbe; es común encontrar sin fin de salsas, sopas, pescados, mariscos, carnes, vinagretas o platillos exóticos que lo incluyen. En México es también muy utilizado, aunque debemos añadir que en mucho contribuye la Herbolaria, disciplina que aprovecha las propiedades curativas que se le atribuyen.

Así, se afirma que es buen agente bactericida que desinfecta y cura heridas (antiséptico), notable antirreumático y tonificador cardiaco, o que es bueno contra tos, asma, anginas, garganta irritada, ronquera, bronquitis, dolores de espalda, cabeza, musculares y de oídos; de igual manera, se dice que activa la digestión, elimina lombrices, neutraliza el veneno de los insectos y los mantiene alejados, y como expande o dilata a venas y arterias es útil contra hipertensión.

Lo cierto es que el ajo es un alimento rico en nutrientes: un diente aporta 7 calorías, posee 31 miligramos de proteínas y 1.4 miligramos de calcio, además de fósforo, hierro, sodio, potasio y azufre (motivo de su olor) y vitaminas A, B1, B2 ,B3 y C (antioxidantes, sustancias útiles para prevenir el cáncer). Uno de los componentes más importantes es la alicina, que es capaz de eliminar bacterias y hongos.

La Medicina tras la pista del ajo

Las investigaciones realizadas en torno a este bulbo por la ciencia son variadas, y se han realizado desde hace más tiempo de lo que pensamos. Por ejemplo, en 1858 Louis Pasteur comprobó científicamente la capacidad del ajo para matar bacterias, si bien esto ya se encontraba en textos médicos que datan de 1500 en Europa y aún antes en China antigua e India.

Aunque no se ha podido descifrar el modo en que actúa sobre el cuerpo humano, se sabe que ataca al colesterol dañino, según estudios realizados en Jain (India), donde la mayoría de sus habitantes comen grandes cantidades de ajo y cebolla. Los resultados mostraron que quienes más los consumían presentaban 25% menos colesterol y la mitad de triglicéridos (uno de los tipos de grasa que circula en la sangre) que otras personas.

Además, durante la Primera Guerra Mundial este vegetal era utilizado para tratar tifus (enfermedad que se manifiesta mediante fiebre alta, delirio y costras negras en la boca) y disentería (caracterizada por fuertes diarreas con sangre), así como para limpiar heridas, creencia que fue comprobada gracias a una investigación llevada a cabo por el Instituto de Ciencia Weizmann, en Israel, cuando se dedujo que sus componentes bloquean la acción de ciertas enzimas que ayudan a los microbios a sobrevivir en el organismo humano.

A este respecto cabe mencionar también que un grupo de especialistas de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, descubrió que el polvo de ajo agregado a las hamburguesas reduce la posibilidad de contagio de la bacteria Escherichia Coli, la cual produce trastornos gastrointestinales y, en casos graves, puede ocasionar la muerte.

En otros rubros, una investigación publicada en 1993 en los Anales de Medicina Interna de Estados Unidos muestra que disminuye el colesterol en la sangre 9%, en tanto que un trabajo contemporáneo, pero efectuado en la Universidad Estatal de Pensilvania, en el mismo país, reveló que este bulbo reduce la producción de triglicéridos y otras sustancias que aumentan el riesgo de ataque cardíaco en hígado y sangre de ratones de laboratorio.

Asimismo, hay investigaciones que fundamentan que el ajo reduce el riesgo de contraer determinados tipos de cáncer. En la misma Estatal de Pensilvania se descubrió que en las regiones donde se consume más ajo hay menor incidencia de este padecimiento, debido a las propiedades antioxidantes del vegetal que protegen a las células del daño que provocan algunas sustancias tóxicas (radicales libres). ¿Qué tal?

Aliento fuerte, pero saludable

Aunque el ajo es muy venerado por los amantes de platillos fuertemente condimentados, muchas personas se resisten a consumirlo por su olor penetrante y persistente, y porque su digestión no es sencilla. Para que no existan excusas presentamos los siguientes consejos a fin de que aproveche sus beneficios al máximo:

  • Consuma el ajo cuando esté duro y apretado, sin manchas ni arrugado.
  • Separe sólo los dientes necesarios de la cabeza y apriételos para que sea más fácil quitarles la fina piel.
  • Para condimentar úselos enteros y después retírelos.
  • No deben freírse prolongadamente, porque se amargan.
  • El persistente olor a ajo se neutraliza con buches de agua fría, o con una solución de agua y vinagre o jugo de limón. También es útil masticar una ramita de perejil.
  • Para disminuir su penetrante olor antes de consumirlo, retire la piel debajo de un chorro de agua y déjelo secar.

Esperamos que con estos consejos pueda consumir tranquilamente este bulbo y no se prive de los beneficios que puede tener su salud al comerlo habitualmente.

 

SyM
Última actualización: 07-2011

 

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  1. Saludymedicinas02: May 07, 2012 at 12:58 PM

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