Cómo evitar las formas de violencia contra la mujer - SyM
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Cómo ser menos violentos

Martes 04 de abril del 2017, 04:19 pm, última actualización

Los hombres son educados para resolver conflictos de pareja, familia o trabajo mediante la agresividad, a pesar de que esta actitud es ineficiente para alcanzar acuerdos. Por fortuna, hay programas que pueden ayudar al varón a tener relaciones más estables y armónicas.

Violencia, Agresión, Salud mental

A todas horas y en todas partes se hace presente la violencia en contra de las mujeres. En la escuela, mundo laboral, calle o familia, los varones cumplen religiosamente con el rol de dominación sobre su contraparte femenina, como si existiera un pacto para que ellos, los representantes del “sexo fuerte” (nótese el manejo del lenguaje), conservaran el “control” y el “orden” sobre un engranaje social que a todas luces dista mucho de la perfección.

Es así que la mayoría de las mujeres, incluso las que son independientes, exitosas y con una relación de pareja presumiblemente igualitaria, sufren en algún momento con la agresión masculina, por lo que han hecho de la resistencia la mejor de las defensas.

Sobre este tema hablamos con Roberto Garda Salas, quien es director de Hombres por la Equidad, institución con sede en la Ciudad de México que ofrece un programa de atención terapéutica dirigida a los hombres que desean aprender a detener su violencia en contra de su pareja y familia. 

Violencia omnipresente

Los hombres aprendemos ser violentos desde la infancia y a través de nuestro desarrollo, ante todo cuando reforzamos el mensaje de que debemos ser fuertes y duros. Por lo tanto, ternura y debilidad no son atributos que se adjudiquen a una personalidad varonil.

Las frases que revelan esta forma de entender las cosas son del dominio público: “No llores, no eres vieja”; “si la ascendieron seguramente se acostó con su jefe”; “¿ya te vas?, seguro te pega tu vieja”. En realidad, el hombre ha aprendido a pensar que es superior a la mujer y que para estar entre varones hay que competir. Estas dos creencias, de acuerdo con la organización Hombres por la Equidad, “son el fundamento social de la violencia masculina”.

La violencia se ha instalado de manera permanente en nuestra sociedad, aunque hay que identificar que una es la de tipo social, es decir, la relacionada con robos, secuestros y narcotráfico, y otra la de género, “propia de sociedades profundamente jerarquizadas en la que la agresión está generalizada en todos los ámbitos: en  el trabajo, la escuela e incluso las iglesias”, dice el también director del Centro de Intervención con Hombres e Investigación sobre Género y Masculinidades, A.C.

A pesar de que las cifras en torno a la violencia provienen de diferentes fuentes y toman en consideración distintas variables, todas ofrecen un panorama general sobre la importante presencia del fenómeno.

Es un hecho, dice Garda Salas, que “en todo momento y en todo tipo de relación existe la potencialidad de que se ejerza violencia. Cuantificarla es difícil porque, por ejemplo, una mirada hiriente se considera una forma de violencia emocional, y negar la pensión alimenticia a los hijos o ex pareja es violencia económica. En todas las relaciones humanas hay violencia, y casi siempre la mujer es la víctima.

“Pienso que es un fenómeno generalizado que está en todas las familias y en todas las relaciones de pareja. Surge cíclicamente, por lo que de repente disminuye y de repente aparece, pero hay tanta violencia que de la mirada hiriente se pasa al grito, a la patada, a una golpiza o a un asesinato. La mujer contestan con odio o coraje, que es una manera de resistir el control que el hombre quiere tener sobre ella”, asevera.

¿Las mujeres crean a los machos?

Algunos sociólogos afirman que muchas mujeres, cuando forman su propia familia, repiten el patrón aprendido en su núcleo de origen. Es allí que enseñan a sus hijas a “atender” a sus hermanos, así como a soportar insultos o agresiones físicas de ellos y de su padre, en una paradójica conducta que es difícil modificar.

Esta hipótesis es contraria a lo que piensa Roberto Garda: “Hay muchos mitos sobre la violencia contra las mujeres, y esta idea de que la madre ‘crea’ al hijo macho se escucha incluso a nivel internacional, pero es una mentira. Las mujeres participan mucho en la educación de los hijos, es cierto, pero los hombres también lo hacen, aunque en muchos casos sean una figura ausente”.

Los patrones de comportamiento más significativos entre los niños y adolescentes varones “no provienen de las mujeres, sino de personas de su mismo género: del padre, tíos, abuelos o amigos, así como de un vecino o maestro. Los mensajes de masculinidad se transmiten de hombre a hombre, de acuerdo con las conclusiones a las que llegamos en un trabajo reciente de investigación”, afirma.

“Otra cosa que vimos en dicho estudio es que la mayoría de las mamás enseñan valores, no mensajes de violencia. Claro, hay quienes son muy patriarcales y agresivas, pero se sabe que ese tipo de mujeres fueron muy violentadas y por ello siguen el esquema. Es muy interesante porque son mujeres que han aprendido que necesitan a un hombre macho junto a ellas para ser protegidas, de tal forma que educan al hijo así. En realidad, lo que hacen es poner en marcha un mecanismo de sobrevivencia”, considera el especialista.

En el caso de los hombres, abunda Garda Salas, se transmiten mecanismos de dominación y control, y por eso hay tanta violencia. “Dicen algunos autores que los hombres negociamos pactos patriarcales, es decir, alianzas en donde, en última instancia, tú y yo como hombres vamos a llegar a un acuerdo tácito en el que tengamos formas de dominación y control sobre aquellas y aquellos que no se sean como nosotros: ancianos, indígenas, homosexuales, adolescentes y mujeres”.

Esos acuerdos no sólo se establecen de hombre a hombre, “sino entre clases sociales y entre una raza y otra. Es por ello que hablamos de formas de dominación, que es realmente lo que genera una sociedad con violencia, es decir, el acuerdo de una forma de control para mantener privilegios a los que los demás no tienen acceso”.

Equidad es la solución

Si te preguntas cómo es posible cambiar esta situación, te diremos que la clave está en tener mayor conciencia de uno mismo y aprender a reconocer los sentimientos y preocupaciones personales, sin olvidar el valor de contar con información adecuada y emprender un proceso de reeducación.

¿Cómo debe comportarse un verdadero hombre?

Los hombres tendríamos que dejar de preocuparnos por lo que “debemos” hacer. Muchos no queremos violentar, pero lo hacemos por cumplir con esa especie de mandato social. A veces lo que queremos es tener tranquilidad, pero no sabemos cómo conseguirla.

Los hombres que ven en su interior descubren que lo que les hace falta es lo más normal del mundo: tener más tiempo para convivir con su familia, respetar a sus hijos, manejar los conflictos sin violencia y negociar. Con la información se percatan de que tienen demasiado control sobre su pareja e hijos, incluso sobre ellos mismos, y que eso los acaba desgastando. Quienes recurren a la violencia son varones que en su organización cotidiana y emocional están muy desequilibrados y, cuando les llega un conflicto, no saben cómo manejarlo.

Por otra parte, hay muy poca educación para respetar el enojo de las mujeres, y ese enojo surge por las formas de control de los hombres. Paradójicamente, ellos culpan a las mujeres de la violencia, pero hay que diferenciar: el varón abusa del poder, mientras que lo que hacen ellas es resistirse a dicho abuso.

La organización de lo que hacen hombres y mujeres son roles de género; no nacemos con ellos, nos los enseñan. Por ello, todos podemos situarnos en ambos roles, y no por una cuestión de “mente abierta”, sino de asumir que ya hay un cambio social, que hay nuevas necesidades sociales y que es importante para la pareja que ambos aporten en la casa. No es cuestión de “querer” o que el hombre “dé permiso”, sino de tener derecho al trabajo.

Ante una mujer exitosa en lo laboral, un hombre que no está equilibrado en su vida emocional, social o de trabajo se siente muy movido por los logros profesionales de la mujer. Creen que su pareja “se le está saliendo de control”, porque ella tiene independencia adquisitiva y puede conocer a otros hombres en su trabajo.

Un hombre es violento por miedo, pero cuando asume sus responsabilidades en casa, aporta sus cuotas económicas para la manutención familiar y ha sabido demostrar su afecto y amor, no hay razón para que tenga miedo. 

¿Todos somos violentos?

Todos los hombres ejercemos prácticas violentas ante determinados conflictos en algún momento de nuestra vida, pero lo importante es que lo reconozcamos y le pongamos un alto. Hay gran tolerancia a la violencia y al maltrato porque surge mucha confusión, no necesariamente porque seamos malos.

¿Las mujeres son inocentes?

No por completo, ya que algunas ejercen violencia contra niños y niñas, contra otras mujeres y, en casos específicos, contra los hombres cuando tienen mucho poder sobre ellos. Sin embargo, el sistema en el que vivimos le otorga el poder a los hombres: basta con ver quién detenta los principales puestos laborales del gobierno, la iniciativa privada o las comunidades indígenas.

No es que las mujeres sean inocentes, sino que este sistema las construye para que realmente llegue un punto en que sean susceptibles de recibir la violencia de los hombres.

Cómo funciona Hombres por la Equidad

  • Se trata de un procedimiento sistematizado para que los hombres aprendan a renunciar a la violencia y a saber cómo actuar en un conflicto.
  • El curso consta de cuatro niveles de trabajo; en cada uno se enseñan 3 o 4 técnicas diferentes.
  • No es gratuito, pero la cuota se negocia en forma individual y se ajusta a las posibilidades del interesado.
  • 90% de los miembros de Hombres por la Equidad llegan al grupo porque su pareja los obliga o condiciona. 

Cifras que duelen

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres 2003, realizada por el Instituto de Salud Pública y la Secretaría de Salud:

  • 1 de cada 3 mujeres han sufrido violencia de pareja alguna vez en la vida.

  • 2 de cada 3 mujeres han sufrido de violencia alguna vez.
  • 55 de cada 100 mujeres víctimas de maltrato por parte de su pareja sufrieron violencia en su familia de origen.
  • 75% de las mujeres que sufren violencia física o sexual se quedan calladas y no denuncian los hechos a la autoridad.
  • Gran cantidad de mujeres han sido víctimas de la violencia durante su infancia: 42% fueron golpeadas, 21.4% insultadas y 16.5% humilladas; lo más común fueron los golpes (49.8%).
  • Tipos de violencia que más padece la mujer: psicológica, 19.6%; física, 9.8%; sexual, 7%; económica, 5.1%.
  • La violencia física, al igual que la psicológica, se presenta con incrementos graduales: primero con empujones, sacudidas y jaloneos, torceduras de brazo, patadas, impactos con la mano o puño, así como golpes con palo, cinturón u objeto doméstico, hasta alcanzar niveles de mayor intensidad, como son las quemaduras, intento de asfixia, ataque con arma punzocortante y disparos de arma de fuego.
  • La acción más frecuente de violencia del hombre hacia la mujer, aunque se haya realizado sólo una vez, es la de ponerse celoso. Le siguen los insultos, menosprecio y humillación frente a otras personas.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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