HIPOTIROIDISMO: LA TIROIDES SE REHÚSA A TRABAJAR
Karina Galarza Vásquez
Cuando la glándula tiroides -ubicada en el cuello- no
funciona adecuadamente genera escasa cantidad de hormonas, lo que ocasiona que
diversas funciones del organismo fallen; entre estas se encuentran regulación
de temperatura corporal, frecuencia cardiaca y presión arterial, así
como la capacidad de transformar los alimentos en energía.
Quienes padecen hipotiroidismo o deficiencia de hormonas tiroideas
-ya sea bebés, niños, adultos o ancianos- suelen presentar aumento
de peso, son incapaces de tolerar el frío, manifiestan pérdida
de cabello, piel seca y escamosa, hormigueo en manos, pulso lento (secuencia
de los latidos cardiacos), voz ronca, párpados caídos, inflamación
en rostro y, en algunos casos, falta de memoria.
Pese a que los síntomas de hipotiroidismo pueden ser
fácilmente identificados por el endocrinólogo (especialista en
glándulas de secreción interna), el desarrollo del padecimiento
es muy lento y no siempre es posible identificar de inmediato las manifestaciones
del trastorno.
Ahora bien, la situación contraria está constituida
por el hipertiroidismo, alteración en la que la glándula tiroides
produce excesiva cantidad de hormonas, lo que ocasiona que el afectado tenga
mayor sensibilidad al calor y pierda peso aunque coma más de lo habitual.
Asimismo, se dificulta conciliar el sueño a pesar de estar fatigado y,
a veces, se experimentan temblores en las manos o ritmo cardíaco fuerte
o irregular. Cuando la condición del paciente se torna grave puede presentarse
dificultad para respirar, dolor en el pecho, debilidad muscular y ataque cardiaco.
¿Por qué?
La causa más frecuente de hipotiroidismo es la carencia de yodo en la
dieta, pues este elemento es fundamental para que la glándula tiroides
pueda producir hormonas, pero si no lo obtiene incrementa su tamaño y
reduce su rendimiento. Sin embargo, no es la única razón que da
lugar a la enfermedad, ya que también tenemos:
Autoinmunidad. Por razones desconocidas,
el organismo reconoce erróneamente como peligrosas a las células
que constituyen la tiroides, por lo que produce anticuerpos que las atacan;
en consecuencia, dicha estructura se agranda y deteriora.
Tratamiento previo con I-131.
Cuando se padece hipertiroidismo (la tiroides trabaja aceleradamente produciendo
excesiva cantidad de hormonas) suele prescribirse un medicamento llamado yodo
radiactivo para controlar el problema; pese a ello, al mismo tiempo se destruyen
células tiroideas y ello puede dar lugar a hipotiroidismo.
Tiroidectomía.
Extirpación de una parte o toda la glándula tiroides en caso de
tumor.
Cabe destacar que hay ocasiones en que desde la vida embrionaria
puede padecerse hipotiroidismo, lo que regularmente se debe a anomalías
en la glándula tiroides o a que esta estructura no se desarrolla. Cuando
esto ocurre, las hormonas tiroideas de la madre atraviesan la placenta y ayudan
al desarrollo del producto; no obstante, después del nacimiento -en caso
de no detectarse el problema- tal deficiencia puede derivar en lento desarrollo
mental y crecimiento físico, así como afecciones cardiacas.
Anatomía
La tiroides es pequeña estructura de aproximadamente 5 centímetros
de diámetro que está situada en el cuello; está constituida
por dos partes (lóbulos) que se conectan por el centro (istmo) como si
formarán la letra "H". Normalmente, este órgano no puede
verse y apenas es posible sentirlo mediante palpación.
Dicha glándula secreta las llamadas hormonas tiroideas,
las cuales se encargan de estimular a casi todos los tejidos del cuerpo a producir
proteínas y aumentar la cantidad de oxígeno que las células
utilizan; para que tales sustancias puedan formarse, la tiroides necesita yodo
(elemento contenido en alimentos y agua).
Por otra parte, el organismo se sirve de complejo mecanismo
para ajustar la concentración de hormonas tiroideas, para lo que es preciso
contar con la ayuda del hipotálamo (ubicado en cerebro), pues éste
secreta la hormona liberadora tirotropina. Ésta, a su vez, induce la
producción de sustancias que estimulan a la glándula tiroides,
mismas que dan lugar a las hormonas tiroideas, las cuales se encuentran en dos
formas: tiroxina o T4 (producida en tiroides) y triyodotironina o T3 (se forma
cuando la tiroxina se convierte en activa, es decir, si no está unida
a las proteínas de la sangre).
Es importante saber que dichas hormonas cumplen con funciones
indispensables para el organismo, las cuales incluyen:
- Correcto crecimiento y desarrollo.
- Regulación de la temperatura corporal.
- Aumento en el consumo de oxígeno.
- Estimulación del aprovechamiento proteínico.
- Digestión de las grasas.
- Intervención en la utilización del azúcar.
- Formación de vitamina A.
- Desarrollo del sistema nervioso.
- Contracción muscular y movimiento intestinal.
- Desarrollo y erupción dental.
- Regulación de frecuencia cardiaca y presión
arterial.
- Control de la tasa metabólica del organismo, es decir,
la velocidad con la que la comida se convierte en energía.
¿Cómo anda la tiroides?
Cuando el endocrinólogo sospecha que el funcionamiento de la glándula
tiroides es anormal, solicita análisis de sangre para medir la concentración
de las hormonas estimulantes de sustancias tiroideas y/o verificar si hay anticuerpos
que la estén atacando; asimismo, mediante observación y palpación
determina si dicha estructura ha aumentado de tamaño.
Cuando se percibe crecimiento anormal de la glándula,
el endocrinólogo llega a solicitar un ultrasonido, procedimiento que
utiliza ondas de sonido que traspasan al órgano para que en un monitor
se aprecie si el agrandamiento es sólido o contiene líquido. Una
vez que se confirma el diagnóstico de hipotiroidismo, el especialista
puede recomendar terapia a base de administración oral de yodo nuclear
y sustitución de hormonas tiroideas, las cuales deberán tomarse
durante toda la vida.
En la actualidad es posible tratar con éxito el hipotiroidismo,
pero es fundamental someterse a tratamiento temprano para evitar que se presenten
padecimientos cardiacos que puedan poner en peligro la vida.