NARCISISMO: ESTOY ENAMORADO DE MÍ
Fernando González G.
La personalidad narcisista corresponde a individuos que se consideran
superiores a todos los demás y creen que deben ser admirados en todo
momento. Sin embargo, detrás de ese comportamiento se esconde alguien
con baja autoestima y gran inmadurez emocional.
La cultura griega es rica en mitos que sirven como referencia
para hablar acerca de la conducta de personas que se apartan de los comportamientos
considerados normales y sanos.
La leyenda relacionada con este tema relata que Narciso era
un joven de gran belleza a quien todos admiraban, pero que rechazaba a la gente
que quisiera acercarse a él dado que estaba lleno de orgullo y vanidad.
Una ninfa, de nombre Eco, enamorada de este personaje, fue repudiada por él,
lo que propició que se consumiera de dolor hasta quedar transformada
en simple voz (lo cual es el origen, según la mitología, de lo
que se conoce como eco, es decir, la repetición de un sonido).
Así pues, un muchacho que había sido despreciado
del mismo modo por Narciso pidió a los dioses que éste recibiera
el castigo de amarse a sí mismo sin descanso. Dicho ruego fue escuchado
por la diosa Némesis, quien hizo que el apuesto joven se enamorara de
su imagen cuando vio que ésta se reflejaba en un manantial. Así,
ante la imposibilidad de dejar de contemplar y abrazar su rostro, permaneció
en ese lugar hasta que murió de hambre.
Tarjeta de presentación
En ocasiones, algunas actitudes soberbias o de presunción son catalogadas
como narcisismo, pero la realidad es que este comportamiento va mucho más
allá, porque una persona con este tipo de conducta se cree enormemente
importante y por encima de los demás, lo que incluye a su familia, pareja
y amistades.
Asimismo, tiene gran necesidad de sentirse aprobado, considera
que merece admiración y respeto, y que todos aquellos con quienes convive
deben satisfacer sus deseos y otorgarle trato especial (por ejemplo, perdonar
sus deudas). Por supuesto, le gusta ser el centro de atención y conversación.
Pero esto es apenas el principio, pues son muchas más
las "virtudes" de este tipo de sujetos, entre ellas:
Falta de empatía. No es capaz de
ponerse en el lugar del otro y compartir sus sentimientos (se puede ofender
si, por ejemplo, un amigo le dice que no puede ir a su fiesta porque su madre
acaba de ingresar al hospital), además de que se muestra insensible y
desconfía de los demás.
Desdeña a su pareja.
Cree que debe ser querido incondicionalmente, así como ser la parte más
importante en la vida de su contraparte amorosa, pues considera que ésta
debe estar deseosa de satisfacer todas sus necesidades; de lo contrario, le
retirará su amor.
Negación. Desconoce
su verdadera personalidad y adora la imagen sobrevalorada que tiene de sí
mismo, por lo cual niega algún estado depresivo y cualquier trauma que
haya podido sufrir. Es común que durante psicoterapia niegue tener algún
tipo de problema.
Envidia. Siente celos
de lo que tienen otras personas, y tiene la certeza de que los demás
aspiran a ser como él y a poseer sus pertenencias materiales. Aunque
se sabe que prefiere la lógica a los sentimientos, desearía tener
la capacidad de ponerse en los zapatos del otro y ostentar un carácter
accesible.
Arrogancia. Se ofende
con facilidad y reacciona con rabia cuando lo critican, tratando de destruir
o humillar a quien se atreve a hacerlo; es común que en estas circunstancias
arme tal discusión que sus interlocutores prefieren darle la razón.
Manipulación. Ya
que considera que los demás están destinados a satisfacer sus
necesidades no duda en manipularlos y tratarlos como objetos que sirven para
lograr sus objetivos.
Fantasías. Imagina
que logrará éxito, admiración, belleza y poder en cantidades
ilimitadas, aunque también aspira a encontrar el amor ideal y perfecto.
Cree ser el mejor. En
la escuela tiene la plena certeza de ser superior a sus compañeros y
maestros. Despide una imagen de gran seguridad en sí mismo, por lo que
puede convencer a otros de que no hay nadie mejor que él; por ello, suele
conseguir grandes logros en su trabajo, aunque su naturaleza puede perjudicarlo
debido a que no tolera que sus propuestas sean rechazadas y, como piensa que
lo sabe todo, no se preocupa por actualizarse. Es decir, emite gran cantidad
de pretextos antes de aceptar un fracaso, y prefiere no arriesgarse a fallar.
Interpretación distorsionada. Exagera sus éxitos
y se adjudica mayores habilidades que los demás al conseguirlos, pero
si fracasa las cosas cambian, pues lo atribuye a circunstancias externas y a
la mala suerte.
Por debajo de la mesa
Las personas que rinden culto al ego en realidad carecen de madurez emocional
y tienen disminuida su autoestima, de tal forma que sienten que su valor individual
es casi nulo pero, paradójicamente, en lugar de transformar su conducta
para ser aceptados socialmente ocultan tales sentimientos y crean una fantasía
de grandeza y superioridad que compense lo que ocurre en la realidad.
Así, como internamente sabe que su ego es falso, necesita
demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación
y elogios de las personas con las que convive. Por ello, cuando lo critican
reacciona con rabia excesiva, ya que considera que su valía personal
ha sido amenazada y trata de destruir a quien considera que lo humilló
para demostrar que lo que se dijo de él es falso. De esta manera, intenta
recuperar su imagen ante los demás.
Sin embargo, de poco le valdrá actuar de este modo pues,
como ya se explicó, un narcisista es emocionalmente inmaduro, se preocupa
excesivamente por sí mismo y es incapaz de pensar en el prójimo;
no entiende, por supuesto, que cada individuo tiene sus propias necesidades
y aspiraciones, así como la libertad para actuar como mejor le plazca.
Ego infantil
Cierto narcisismo es normal y hasta deseable durante la infancia, pues los niños
requieren que se cubran todas sus necesidades, y en esta etapa es común
que quienes los rodean estén listos para servirlos de inmediato.
Un niño, durante el proceso de formación de su
identidad, necesita sentirse admirado y reconocido por sus padres, es decir,
valorado como ser único, pues ello será la base para que posteriormente
comprenda que es alguien diferente con derecho a tener deseos y necesidades
diferentes a otras personas.
Este periodo es fundamental para descubrir y confiar en sus
propios sentimientos, para lo cual será decisivo que sus progenitores
lo respeten y no traten de imponer su opinión. Es decir, el niño
quiere que se le considere único e importante para que a partir de este
hecho forme una identidad y autoestima que no dependan de la aprobación
de los demás.
No obstante, cuando esta necesidad de reconocimiento se ve frustrada,
el niño no se siente especial, desarrolla baja autoestima y puede incluso
pensar que es malo que se reconozcan sus cualidades.
Así, las reacciones ante esta situación son diversas:
- Puede promover un carácter dependiente, centrado en la satisfacción de las necesidades de los demás para conseguir su aprobación
- Es posible que se propicie una personalidad disfuncional, es decir, que su ego se infle para compensar su falta de autoestima e inseguridad. En resumen, el narcisista busca la aprobación y admiración que nunca tuvo, pero se niega a reconocer esta debilidad y opta por construir un yo maravilloso y perfecto que todo el mundo debería adorar.
Corregir el camino
Es recomendable que quien se identifique con este tipo de personalidad acuda
al psicólogo o psiquiatra para que, mediante terapia personal y de grupo,
tome conciencia de su conducta y la modifique en beneficio propio, de su familia
y de las personas que conviven con él cotidianamente.
Algunas investigaciones han concluido que existen factores que
ayudan a corregir este problema, los cuales se relacionan con logros, relaciones
personales y desilusiones.
En principio, habría que decir que las promociones laborales,
graduaciones académicas o algún otro tipo de reconocimiento son
benéficas para que el narcisista comprenda lo que es una competencia
realista y, a la postre, disminuyan sus fantasías de grandiosidad.
Asimismo, mantener una pareja estable suele ser de gran ayuda
para este tipo de persona, lo que en principio resulta difícil, pues
requiere de alguien que sea equilibrado, seguro de sí mismo y que lo
acepte tal y como es; por supuesto, también deberá entender que
su conducta no cambiará en forma inmediata.
Finalmente, es necesario que los narcisistas se enfrenten a
desilusiones de todo tipo, experiencias que servirán para que encuentren
equilibrio emocional. Así, por ejemplo, un individuo que está
acostumbrado a obtener las mejores notas escolares se puede topar, en algún
momento de su vida, con personas de alto nivel de inteligencia y preparación
y obtener notas mediocres en relación a dicho grupo, lo que lo obligará
a hacer un reajuste en la percepción de sí mismo. Sin embargo,
para que esto suceda, las desilusiones deben ir a la par de los logros, de lo
contrario el fracaso sucesivo puede llevarlo incluso a agravar su narcisismo.
Cómo tratar al narcisista
Si usted debe convivir con un narcisista le serán
de utilidad los siguientes consejos:
- Es conveniente no relacionarse emocionalmente con alguien así, ya que la necesidad de sentirse superior puede provocar actitudes de insensibilidad, arrogancia y pedantería. En todo caso, hay que procurar tomar conciencia de la problemática y no permitir que lo que le diga le afecte.
- No intente cambiarlo, probablemente sólo conseguirá que se enoje; por tanto, piense que es más fácil modificar su comportamiento que el del narcisista.
- Es evidente que un individuo de esta clase quiere ser siempre el centro de atención y sentirse importante -lo cual puede ser muy molesto para los demás-, pero hay que tener un poco de paciencia y, de vez en cuando, escuchar las historias acerca de sus grandes logros o decirle algo que lo elogie. Recuerde que en el fondo se cree una persona sin valor e indigna de ser amada por sí misma, por lo que mucho ayudará demostrarle que esto no es cierto.
- Difícilmente un narcisista se preocupará por los problemas de los demás, por lo que es mejor mantener una relación superficial. Si, por ejemplo, usted se siente preocupado o deprimido y quiere compartir sus experiencias con una de estas personas es muy probable que a él no le agrade la idea y rechace escuchar cualquier confidencia de esta naturaleza. Por ello, en estos casos, será mejor buscar a alguien más receptivo y no caer en la tentación de desahogarse en un egocentra.
Así las cosas, no está nada mal que nos
enfrentemos a la vida con seguridad y que estemos orgullosos de poseer la autoestima
necesaria para lograr nuestras metas, siempre y cuando no caigamos en los excesos
que se han descrito, pues hay que entender que un narcisista se autocondena
al aislamiento y rechazo social.