EL ARTE DE DORMIR BIEN
Mario Rivas
El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente
en nuestros días como consecuencia del agitado ritmo de vida, constantes
preocupaciones, exigencias a uno mismo y estrés. Los adultos mayores
no son la excepción a este problema, así que a continuación
varios consejos para dormir bien y descansar placenteramente
De acuerdo a los resultados de una consulta realizada a aproximadamente
1,800 personas en Argentina, Brasil y México por la Sociedad Latinoamericana
del Sueño (Lass), casi 70% de los adultos presenta problemas para dormir,
particularmente insomnio y ronquidos con apneas (interrupciones de la respiración
que provocan pequeños despertares). A decir de los mismos consultados,
la principal causa para no descansar es el estrés.
En efecto, el estudio demostró que dos terceras partes
de los entrevistados en zonas urbanas de Latinoamérica experimentan trastornos
del sueño, índice alarmante si se le compara con estadísticas
que indican que en la población mundial este problema alcanza al 38%
de los mayores de edad.
En promedio, los encuestados manifestaron dormir menos de seis
horas por la noche y afirmaron tener dificultades para conciliar el sueño
en al menos la mitad de los 30 días que conforman un mes. El 85% atribuyó
estos trastornos al estrés, 30% a problemas de salud, 20% a factores
ambientales (luz y ruido) y 15% a problemas familiares.
Los especialistas afirman que este trabajo pone de manifiesto
la falta de educación acerca de los peligros y consecuencias del mal
dormir, ya que en términos generales la población desconoce cuál
es la importancia de un descanso adecuado y cómo conseguirlo.
Descanso reparador
Luego de finalizar nuestras labores diurnas, los seres humanos necesitamos del
sueño, ya que de esta manera se mantienen los procesos mentales superiores,
particularmente los relacionados con la inteligencia, la capacidad de asociar
y de recordar. De hecho, esta actividad se encuentra presente en la vida intrauterina,
y una de las razones por la que los bebés duermen más que los
adultos es porque sólo así se logra la maduración de su
sistema nervioso.
El insomnio es la alteración del sueño más
frecuente en todo el mundo; se caracteriza por la dificultad para descansar,
despertares nocturnos y sensación de cansancio diurno, siendo más
afectados por este problema los empleados con turnos mixtos, pilotos y choferes,
así como mujeres en pleno climaterio y ancianos.
Cuando el dormir se perturba o se descansa menos del tiempo
recomendado (entre 7 y 8 horas en la edad adulta), las consecuencias pueden
ser muy diversas:
- Disminuye la capacidad intelectual, pues se presenta pérdida de memoria o disminución de la habilidad mental para realizar actividades cotidianas.
- Se duplica la posibilidad de sufrir accidentes en automóvil.
- Aumenta el riesgo de padecer problemas cardiacos y enfermedades en general, ya que baja la respuesta del sistema inmunológico (de defensas).
- Genera trastornos en el carácter, como mal humor, decaimiento y dificultad para mantener relaciones sociales.
- Origina falta de precisión en la actividad laboral, lo que muchas veces se traduce en baja productividad y accidentes graves
A pesar de esto, la gran mayoría de las personas afectadas
por insomnio se resignan a dormir mal y no solicitan la ayuda de un especialista
en trastornos del sueño, no sólo porque socialmente se ignora
que este acto es uno de los pilares para gozar de buena calidad de vida, sino
porque se desconoce la existencia de médicos capacitados en la materia.
Cambio de hábitos
Lo primero que los especialistas en trastornos del sueño recomiendan
al tratar insomnio es educar a los pacientes sobre la importancia de dormir,
qué factores deterioran su descanso y cómo contrarrestarlos, además
de que se muestran técnicas de relajación física y psicológica,
así como la administración correcta de fármacos en caso
de que sean necesarios.
Empero, todo individuo puede emprender por su cuenta una serie
de medidas que mejoren la calidad de su reposo:
- Disminuir el consumo de café, alcohol y refrescos de cola, ya que son bebidas estimulantes.
- Procurar cenar dos horas antes de dormir, que sea ligera y que no contenga carnes ni grasa animal. Los alimentos abundantes generan estrés por el trabajo que demandan al organismo para su digestión.
- No incurrir en la automedicación de somníferos, ya que su uso diario sin control, aún en aquellos productos con bajo riesgo de adicción, les hace perder su efectividad al cabo de algunas semanas, amén de que al suspenderse su administración en forma abrupta pueden generarse nuevas alteraciones del sueño.
- Suspender la práctica de ejercicio cuando menos dos horas antes de descansar, a fin de que el organismo se encuentre relajado
- Evitar leer o ver televisión acostado, y abandonar el hábito de "arrullarse" con la radio o viendo una película.
- Erradicar las siestas (dormir durante el día), ya que con esto sólo se logrará alterar el ritmo de sueño y vigilia.
- Fijar un horario tanto para irse a la cama como para despertar, y ajustarse a él lo más posible, incluyendo fines de semana y días de descanso.
- No acostarse con hambre o sed, o luego de comer o beber demasiado, a fin de evitar interrupciones en la noche.
- Procurar silencio, oscuridad, temperatura y ventilación adecuadas en el dormitorio.
- Interrumpir actividades mentales de alta exigencia 1 o 2 horas antes de descansar, de modo que las ocupaciones y preocupaciones se atiendan al día siguiente.
Ante todo, el hombre moderno debe revalorar el tiempo que dedica
a descansar, a la vez que pierde el miedo a irse a dormir; una persona que reposa
adecuadamente no es perezosa ni improductiva, sino consciente de que su concentración,
agilidad física y salud en general dependen de llevar a cabo el buen
hábito de dormir. Si tiene alguna duda, acérquese a un especialista
en trastornos del sueño para que le proporcione la información
necesaria.