CALCIO
Es un mineral esencial en la
formación y mantenimiento de huesos y dientes. En el
organismo está distribuido de la siguiente manera:
99% se almacena en el sistema óseo y el 1% restante
está presente en sangre y tejido adiposo; este último
porcentaje permite que los músculos tengan flexibilidad,
se favorezca la coagulación sanguínea y que
los nervios transmitan mensajes al resto del cuerpo.
Este elemento se requiere desde
la vida fetal, ya que en esta etapa se forman los huesos,
asimismo, en la infancia es primordial porque beneficia la
dentición y crecimiento de las estructuras óseas.
De los 18 a los 35 años, el desarrollo óseo
continúa y los huesos alcanzan el máximo nivel
de fortaleza y solidez, es decir, acumulan calcio. Es muy
importante que desde temprana edad se reciba suficiente cantidad
de este mineral, ya que ello determinará la condición
de los huesos en el futuro.
Los requerimientos diarios de
dicho nutriente aumentan durante el embarazo, lactancia y
menopausia. Por ejemplo, durante la gestación es muy
necesario, ya que el futuro bebé lo necesita para desarrollarse,
y lo absorbe del cuerpo de la madre, disminuyendo sus reservas.
Durante la lactancia es indispensable para la producción
de leche. De la misma forma, cuando una mujer llega a la menopausia
tiene mayores necesidades de calcio porque el organismo comienza
a producir menos estrógenos (hormona femenina encargada
del buen estado de huesos, dientes y cabello), condición
que aumenta el riesgo de sufrir osteoporosis.
Debido a que el calcio ayuda
a mantener huesos y dientes sanos, cuando no se consume en
suficiente cantidad el organismo utiliza el que está
contenido en las estructuras óseas para suplir la deficiencia
y así, los músculos, sangre y nervios cumplan
sus funciones. No obstante, llega un momento en que el mineral
es muy escaso en el cuerpo y se presentan problemas como:
- Debilidad del tejido óseo.
- Reblandecimiento de huesos.
- Debilidad muscular.
- Coagulación sanguínea deficiente.
- Osteoporosis, enfermedad con la que se tiene alto riesgo de sufrir fracturas irreversibles.
Por tanto, es un nutriente que
el organismo necesita todos los días para funcionar
correctamente. De manera natural se encuentra en leche (hay
algunas fortificadas que lo contienen en mayor cantidad) y
derivados, sardinas y salmón enlatados, hortalizas
de hoja verde, berros, semillas de ajonjolí, perejil,
nueces, brócoli y frijoles. No obstante, puede incorporarse
a la dieta un suplemento de calcio, o bien, un complemento
alimenticio o multivitamínico que lo contenga en cantidad
suficiente; regularmente, la etiqueta de estos productos lo
presenta bajo diferentes nombres: fosfato tricálcico,
carbonato de calcio, inositol hexafosfato de calcio, fosfato
de calcio y pantotenato de calcio.
Además, algunos antiácidos
lo contienen en su fórmula bajo el nombre carbonato
de calcio, ya que esta sustancia tiene la propiedad de neutralizar
el ácido estomacal y, al mismo tiempo, actúa
como suplemento del mineral.
Sin embargo, si el consumo es
excesivo puede provocar mal funcionamiento de riñones
(cálculos).
Por otra parte, es importante
saber que la vitamina D ayuda al cuerpo a absorber mejor el
calcio. Ésta se encuentra contenida en productos lácteos
enriquecidos, aceite de hígado de bacalao y en pescados;
puede almacenarse por períodos prolongados y es producida
por el organismo como respuesta a la exposición solar.
El consumo de suplementos que contienen esta vitamina es importante
si una persona se encuentra en la menopausia, tiene osteoporosis
o se expone poco tiempo al Sol.