ESTRUCTURAR UNA DIETA NO ES COSA FÁCIL
Dr. Eduardo Ramírez J.
Hoy día la palabra dieta es parte del vocabulario de
prácticamente todo el mundo, lo cual ha hecho que se desvirtúe
de manera tal que al parecer cualquier persona puede elaborar una y ponerla
a disposición de los demás, hecho que podría tener resultados
funestos.
En la actualidad, la gran mayoría de las dietas de las
que disponemos son estructuradas por personas que no cuentan con los conocimientos
básicos para llevar a cabo su diseño elemental. Es muy común
que este tipo de regímenes alimenticios sean hechos en forma irresponsable,
disminuyendo drásticamente la cantidad de calorías sin tomar en
consideración las características y necesidades de cada persona,
rasgos esenciales para evitar complicaciones por consumir alimentos que no aportan
los elementos recomendados para cubrir las necesidades nutricionales.
Es importante dejar claro que cuando hablamos de una dieta nos
referimos a la manera en la que el cuerpo recibe la energía que es requerida
para llevar a cabo todas sus funciones. Es así que la definiremos como
la cantidad de alimentos que se consumen en un día, y que regularmente
se divide en tres comidas: desayuno, comida y cena.
La ciencia como base
Para establecer la manera cómo se debe elaborar una
dieta, es necesario conocer en primer lugar algunos términos para comprender
cómo se gasta la energía que ingresa a nuestro organismo a través
de los alimentos. En primer lugar debe entenderse que toda esa energía
es usada en tres principales rubros:
Tasa metabólica basal.
Este término se entiende como la cantidad de energía que se requiere
para mantener las constantes vitales del organismo y que se traduce en la forma
de calor liberado por el cuerpo al llevarlas a cabo; nos referimos a:
- Temperatura corporal, que oscila entre 36.5 a 37.5 °
C.
- Frecuencia cardiaca, en un rango entre 60 y 80 latidos
por minuto.
- Continuidad respiratoria, que va de 16 a 20 ventilaciones
(inspiración y expiración de aire) por minuto.
- Tensión arterial, cuyos valores normales varían
entre 70/110 a 80/120 milímetros de mercurio (unidades en las que ésta
se mide).
Para calcular la cantidad de energía que se requiere
para mantener vigentes las condiciones descritas es necesario realizar gran
cantidad de estudios basados en alta tecnología. Un experto en la materia
tomará en cuenta las características físicas (peso corporal,
estatura, edad y sexo), y a partir de los datos obtenidos empleará diversas
fórmulas médicas para realizar el cálculo, que en una persona
promedio da como resultado el requerimiento aproximado de 1700 kilocalorías
(unidades en las que se mide la demanda calórica).
- Actividad física.
Se refiere a la cantidad de energía necesaria para realizar todas las
acciones que llevamos a cabo durante el día, las cuales se pueden dividir
en leves, moderadas e intensas. Como en el caso anterior, para realizar el
cálculo para este gasto de energía se requieren instrumentos
muy sofisticados. Sin embargo, el médico lo puede realizar por medio
de fórmulas específicas en las que toma en consideración
la tasa metabólica basal, las actividades y el tiempo que se requiere
para realizar cada una de éstas; el valor aproximado en un individuo
promedio es 700 kilocalorías por día.
- Valor termogénico de
los alimentos. Cantidad de energía que se requiere para llevar
a cabo los procesos de alimentación, digestión, asimilación
y distribución de los nutrimentos aportados por medio de la dieta.
Para calcular cada uno de los valores anteriores se requiere de aparatos especiales,
como el llamado calorímetro, que mide el consumo de energía
al masticar, por ejemplo, y de los procesos antes señalados. Ante la
dificultad de emplear tan sofisticado equipo (se encuentra solamente en hospitales
y clínicas de muy alto rango), el facultativo puede obtener un valor
aproximado tomando como base las características físicas del
paciente y el valor de la tasa metabólica basal. Las necesidades promedio
de un individuo son 200 kilocalorías.
El siguiente paso es sumar las kilocalorías de los rubros
anteriores. y el resultado será la demanda promedio en personas comunes
y corrientes, que como podemos observar es 2600 por día, las cuales deben
ser divididas en las tres comidas.
Por cierto, y como parte de las anteriores, el desayuno es para
muchos estudiosos la comida más importante del día, ya que se
toma después de un lapso prolongado de ayuno, sin embargo, olvidan mencionar
que también este periodo corresponde al momento en que la actividad física
es baja y, por tanto, la energía no utilizada durante este periodo es
reservada para poder realizar actividades cotidianas y ligeras hasta el momento
de recargar nuestras reservas. Ante ello, podemos decir que 25% del requerimiento
promedio deberá aportarse en esta comida (650 Kcal.), cantidad de energía
que se puede proporcionar con el consumo de una ración de cereal con
leche, un par de huevos cocidos, una ración de fruta (100 grs. aproximadamente)
y un vaso con jugo de fruta.
En el segundo alimento del día, llamada comida, el aporte
de energía debe corresponder al 50 ó 60% de la total, o sea entre
1300 y 1560 Kcal. Esto se puede lograr mediante el consumo de una ración
de sopa de pasta, aproximadamente 100 grs. de carne, una ración de verduras,
una ración de tortilla o pan (equivalente a 30 grs.), así como
un vaso mediano con agua de fruta y una ración de fruta fresca.
El ultimo alimento del día, la cena, corresponde al 15
a 25% del aporte de calorías, es decir, aproximadamente entre 390 y 650
Kcal., las cuales se pueden incorporar al consumir un vaso con leche entera,
una pieza de pan dulce y una ración de fruta fresca.
Todos ellos son ejemplos de cómo diseñar una dieta
balanceada y bien estructurada para un individuo promedio; como se puede apreciar,
la elaboración de una dieta normal es un procedimiento bastante complicado,
en el que se requiere de avanzado conocimiento de los elementos fisiológicos
del cuerpo humano, así como del valor de los alimentos y de los nutrimentos
que cada uno de ellos nos proporciona para cubrir las necesidades de energía
del organismo.
Por ello, no es conveniente adoptar cualquier tipo de dieta
que nos presentan en revistas, radio, televisión y actualmente vía
Internet, ya que en la mayoría de las ocasiones carecen del análisis
científico básico que se requiere para su elaboración y,
generalmente, se nos presentan como simples recetas de cocina que en apariencia
no causan daño, pero que a la larga pueden tener efectos contrarios a
la pérdida de peso causando lo que se denomina rebote, lo que significa
que hay mayor ganancia de peso en correspondencia a la que se pierde con la
"dieta".
Si esto es necesario para estructurar una dieta balanceada,
imaginemos lo que realmente se requiere para diseñar una que sea reductora.
Por ello, resulta de vital importancia asesorarse oportunamente con un nutriólogo
de confianza, tanto para saber si el régimen alimenticio que queremos
seguir es el indicado para nuestra condición, como para saber balancear
la alimentación; no lo eche en saco roto.