ESCARAS, LLAGAS EN LA PIEL POR FALTA DE CIRCULACIÓN
Mario Rivas
Escaras y úlceras por presión son lesiones generadas
en la piel que afectan a usuarios de sillas de ruedas y convalecientes en cama,
debido a que el mismo peso corporal del paciente y la falta de actividad generan
deficiencias en la irrigación sanguínea. Este problema generalmente
afecta a mayores de 70 años, pero puede evitarse si se toman precauciones.
La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano
y en ella recae la responsabilidad de protegernos contra calor, luz, lesiones
e infecciones generadas por microorganismos. Pero sus funciones no terminan
ahí, ya que también desempeña un papel vital en la regulación
de la temperatura corporal, almacenamiento de agua y grasa, así como
en la percepción de estímulos del exterior a través del
sentido del tacto.
Para que esto ocurra es indispensable el funcionamiento de dos
importantes elementos: una compleja y especializada serie de terminaciones nerviosas,
responsables de enviar y recibir mensajes provenientes del cerebro, así
como una no menos extensa red de vasos sanguíneos, encargados de distribuir
nutrientes, transportar hormonas y algunas células de defensa. Por ello,
no es extraño que cuando estos mecanismos fallan se presenten severos
daños en la piel.
Tal es el caso de las escaras o úlceras por presión,
las cuales son lesiones ocasionadas por deficiente circulación sanguínea
en zonas determinadas del organismo, mismas que, debido a falta de movilidad,
sostienen gran parte del peso corporal durante largos periodos de tiempo. Por
ello, los grupos más vulnerables son individuos convalecientes o que
permanecen inmóviles en cama, así como usuarios de sillas de ruedas
y personas de la tercera edad.
El mayor riesgo de estas molestas heridas radica en que pueden
infectarse, entorpecer y prolongar periodos de atención hospitalaria
e incluso amenazar la vida del paciente. Por fortuna, la mayoría de las
escaras pueden evitarse a través de medidas de prevención concretas,
mismas que enunciamos más adelante.
Origen y grupos de riesgo
La causa principal de las escaras es, definitivamente, la inmovilidad,
ya que un individuo que permanece mucho tiempo en la misma posición (sentado
o acostado) corre el riesgo de interrumpir la irrigación de sangre en
ciertas zonas, pues se sabe que la falta de oxígeno durante más
de 2 o 3 horas ocasiona la muerte de tejidos de la piel, comenzando por su capa
externa (epidermis).
Cabe mencionar que la rica irrigación de este órgano
es favorecida por movimientos que realizamos todo el día, de modo que
caminar, efectuar reparaciones en casa o elaborar un platillo nos ayuda a activar
cientos de funciones sin que estemos concientes de ello. Aún cuando permanecemos
dormidos o sentados por largo tiempo, existen ligeros desplazamientos corporales
que alternan nuestros puntos de apoyo, y que son estimulados muchas veces por
sensación de dolor o molestia, generados por el sistema nervioso.
Sin embargo, hay pacientes cuya condición impide el seguimiento
o la percepción de estos impulsos, y que son quienes tienen mayor riesgo
de desarrollar úlceras por presión. Este grupo comprende a personas
minusválidas o muy debilitadas; también a quienes sufren lesión
de algún nervio debido a herida o golpe, así como a individuos
con menos sensibilidad al dolor debido a hipertensión (presión
arterial alta), diabetes o estado de coma.
Cuando el peso corporal interrumpe el riego sanguíneo,
la zona de piel privada de oxígeno se enrojece e inflama, luego de lo
cual muere, se endurece y adopta apariencia oscura (grisácea o negra).
En concreto, estas formaciones son las escaras, mismas que se romperán
para dar lugar a las úlceras por presión (también llamadas
úlceras por decúbito o de la piel).
Además de que muchas personas de la tercera edad corren
el riesgo de atravesar por periodos de convalecencia prolongados, el riesgo
de esta población de sufrir escaras aumenta debido a la paulatina pérdida
de sensibilidad nerviosa, de modo que factores adversos que no perciben con
facilidad, como fricción prolongada ocasionada por ropa y zapatos ajustados
o exposición continua a la humedad (por sudación frecuente, orina
o heces) puede debilitar la superficie de la piel y hacerla más propensa
a padecer alguna ulceración.
Otro motivo que favorece la aparición de úlceras
por presión es la desnutrición, ya que en este caso el organismo
carece de una capa de grasa subcutánea que actúa como almohadilla
protectora en los bordes de los huesos más prominentes (como ocurre en
las caderas) y que impide la interrupción en el flujo de las vías
sanguíneas. Además, en estas personas hay carencia de nutrientes
esenciales, por lo que la piel es débil y no se cura correctamente.
Tipos y prevención
Habitualmente las escaras causan cierto dolor y comezón poco
antes de formarse, pero en el caso de las personas con sensibilidad afectada
se pueden desarrollar heridas muy graves y profundas sin que lo noten; este
hecho llega a ser muy alarmante debido a que puede presentarse un proceso infeccioso
ocasionado por bacterias oportunistas, el cual retrasa la curación e
incluso puede constituir una amenaza mortal cuando la lesión es muy profunda.
Las úlceras por presión se clasifican de acuerdo
a sus posibles grados de evolución en los siguientes tipos o grados:
- Uno. La lesión no está formada realmente, pero
la piel luce enrojecida.
- Dos. Los tejidos se inflaman, endurecen y se vuelven oscuros
(escaras); muchas veces se forman ampollas y comienza la destrucción
de la epidermis
- Tres. La úlcera se abre y dejan expuestas las capas
más profundas de la piel.
- Cuatro. La herida se extiende profundamente a través
de la piel y la grasa hasta el músculo.
- Cinco. El mismo músculo queda destruido.
- Seis. Es el más profundo de los estadios de úlcera
por presión; se observa incluso el hueso, dañado y a veces infectado.
La aparición de escaras puede prevenirse mediante intensiva
atención al paciente, lo que implica la participación de asistentes
y familiares, además de enfermeras. La cuidadosa inspección diaria
de la piel de las personas que permanecen en cama o utilizan silla de ruedas
permite detectar el enrojecimiento inicial, mismo que es el indicador de que
se requiere de acción inmediata para evitar la ruptura de tejidos. Se
debe ser especialmente cuidadoso en las zonas que reciben mayor peso y que son
presionadas por huesos, como caderas, parte inferior de los glúteos,
base de la columna vertebral y talones.
Los extremos más prominentes de los huesos pueden protegerse
con materiales blandos que compacten el peso, como algodón o lana; también
se puede recurrir a aditamentos como almohadillas especialmente diseñadas
para emplearse en camas, sillas comunes y de ruedas, a fin de reducir la presión.
Asimismo, quienes deben pasar mucho tiempo acostados pueden usar colchones especiales,
llenos de aire o de agua.
Quienes no pueden moverse por sí solos deben ser cambiados
de posición con frecuencia, de modo que en ocasiones queden recostados
de lado y otras boca arriba, de acuerdo a las recomendaciones del médico;
lo habitual es hacerlo cada 2 horas y mantener la piel del paciente limpia y
seca.
Asimismo, las personas que ya presentan escaras en distintas
partes del cuerpo pueden recurrir a colchones de aire o de hule espuma con relieve
especial (similar al de los cartones que se emplean para empacar el huevo),
los cuales permite disminuir la presión y proporcionan alivio.
Tratamiento
Atender una úlcera por presión es mucho más difícil
que prevenirla; afortunadamente, el cuidado y la observación constantes
permiten detectar a las heridas en su primera etapa, justo cuando suelen curarse
por sí solas una vez que se elimina la presión sobre la piel.
En estos casos, se sabe que mejorar la salud general tomando suplementos de
proteínas y calorías puede ayudar a acelerar la curación.
Cuando la piel comienza a ulcerarse se recomienda protegerla
con gasas impregnadas de petrolato, el cual impide que la curación se
adhiera a la herida. Este tipo de lesiones requiere observación continua
para detectar el posible surgimiento de una infección.
En caso de heridas más profundas, el uso de vendajes
especiales que contengan material gelatinoso puede favorecer el crecimiento
de piel nueva. Si la úlcera parece infectada o supura (forma líquido
blanquecino o pus), deberá lavarse suavemente con agua y jabón,
o usar antisépticos especiales, como el yodo de povidona, que no lesiona
los tejidos pero elimina el material infectado y muerto. Siempre se evitará
friccionar demasiado para no retrasar la curación.
Cuando hay demasiados tejidos muertos se requiere la participación
de un dermatólogo, quien se encargará de eliminar (desbridar)
el material inservible con ayuda de ciertos agentes químicos de uso hospitalario
o de un escalpelo, que es un instrumento en forma de cuchillo pequeño,
de hoja fina y puntiaguda.
Las úlceras por presión de mayor grado son difíciles
de tratar, y en algunos casos requieren trasplante de piel sana a la zona dañada;
por desgracia, este tipo de cirugía no siempre es posible, especialmente
en ancianos débiles que presentan desnutrición.
Con frecuencia, si una infección se desarrolla en lo
más profundo de una úlcera se administran antibióticos,
a fin de evitar que los huesos situados debajo de la lesión se infecten,
ya que este padecimiento, conocido como osteomielitis, es extremadamente difícil
de curar e incluso puede pasar a la corriente sanguínea y extenderse
a otros órganos, haciendo necesario tratamiento específico durante
varias semanas para evitar un desenlace fatal.
Como puede observarse, resulta indispensable el cuidado de convalecientes,
de la tercera edad y minusválidos para evitar las escaras y sus consecuencias,
por lo que es importante que los familiares y asistentes de estos grupos aprendan
a ofrecer los cuidados necesarios. Son sólo unos minutos de atención
que pueden prevenir escenarios indeseables, ¿no lo cree?