PIE PLANO, MITOS Y VERDADES
Lorena Rodríguez
Cuando los pies no poseen arco plantar son denominados planos,
condición que, pese a lo que se ha llegado a afirmar, no es una deformidad.
Regularmente no requieren tratamiento, sin embargo, cuando hay dolor, cansancio
e incapacidad para caminar largas distancias debe acudirse al ortopedista.
El arco de la planta del pie no se aprecia en los bebés
debido a que en dicha región tienen una especie de almohadilla de grasa,
la cual se va desvaneciendo conforme crecen. Sin embargo, hay pequeños
que después de los 2 ó 3 años no presentan ninguna concavidad
en dicha zona, lo que se reconoce como pie plano, condición que es ocasionada
por falla en la conexión de ciertas articulaciones de los huesos del
pie.
En la mayoría de los niños no se observan alteraciones
importantes, sus pies poseen la movilidad adecuada y no manifiestan molestias,
lo que se conoce como pie plano flexible, el cual es considerado por muchos
especialistas como variante anatómica normal. Asimismo, existe otra categoría,
la cual sí genera dolencias y se debe a uniones anormales entre los huesos
que conforman al pie.
La edad en la que se debe efectuar el diagnóstico es
a partir de los dos años durante la revisión pediátrica,
ya que sólo aproximadamente 25% de los afectados manifiestan dolor, cansancio
y caídas frecuentes.
Cómo tratarlo
Uno de los mitos más difundidos sobre el pie plano es que todo
niño que lo presente debe recibir tratamiento, creencia generalizada
que ha sido alimentada durante mucho tiempo generación tras generación
por ortopedistas que así pensaban ante la ausencia de estudios serios
que demostraran lo contrario.
Actualmente se acepta que el pie plano flexible no requiere
cuidados especiales. No obstante, en aquellos casos en que genera molestias
es preciso practicar intervención quirúrgica para corregir las
anomalías óseas.
Otro mito que gira en torno al pie plano establece que éste
desarrolla arco mediante el uso de calzado ortopédico, pero hasta el
momento no se ha comprobado que los zapatos especiales logren modificar la forma
de la planta. Por el contrario, el seguimiento de muchos pacientes que durante
años fueron manejados con botas de ese tipo no arrojó diferencias
al compararlos con niños que no habían recibido tratamiento alguno.
En cuanto al uso de plantillas duras también hay creencias
erróneas, pues por mucho tiempo se pensó que colocar estos aditamentos
en los zapatos formaría el arco como arte de magia, pero lo único
que se conseguía era la formación de ampollas, dolor al caminar
y cansancio. En el único caso en que es válido usarlas, siempre
y cuando sean blandas, es la práctica deportiva, debido a que pueden
aliviar la tensión en pies, y cuando los zapatos quedan ligeramente amplios.
Ahora bien, partiendo de la base que no es probable que los
zapatos ortopédicos contribuyan efectivamente a tratar el pie plano,
muchos padres se preguntarán cuál será el calzado ideal
para los niños afectados. La respuesta es, tengan o no pie plano, los
zapatos deben ser amplios para ajustarse a la forma del pie, y flexibles. Asimismo,
debe vigilarse que no causen presión en los dedos (para impedir la formación
de callosidades) y sin tacón (en el caso de las niñas), pues esta
última característica prevendrá daños en columna,
rodillas y dolor de espalda.
Otras propiedades que deben tomarse en cuenta es el peso de
los zapatos, los cuales deben ser livianos (para evitar gasto innecesario de
energía), contar con ventilación suficiente, que no estén
fabricados con materiales sintéticos (debido a que humedecen los pies
y ello favorece el desarrollo de infecciones por hongos) y que la suela garantice
adherencia adecuada al piso para evitar caídas.
Como puede ver, el hecho de tener pie plano no necesariamente
representa un problema de salud importante, ya que si no genera molestias es
posible hacer todo tipo de actividades, como caminar largas distancias, correr
o trotar. Asimismo, siempre tenga en mente que no existen zapatos ni remedios
mágicos que formen el arco plantar.