Cómo saber si los hijos consumen drogas

  • SyM - Karina Galarza Vásquez
Adicción a las drogas en adolescentes, Cómo sé si mis hijos consumen drogas
Presta atención a las señales de adicción a las drogas que te presentamos, ¡y actúa de inmediato!

"Mi hijo se droga y no sé qué hacer" es el sufrimiento de un cada vez mayor número de padres. La adicción a las drogas puede atrapar a niños y adolescentes sin distinguir clase social o nivel educativo; por ello, es necesario que los padres conozcan y prevengan los factores de riesgo, así como identificar esta situación antes de que sea demasiado tarde.

Adicción a las drogas en adolescentes

Los especialistas en salud mental consideran que la adicción a las drogas generalmente es producto de un encuentro no casual de ciertos factores:

  • Contexto social y/o escolar conflictivo.
  • Núcleo familiar inestable.
  • Sustancia que proporciona "bienestar".

Lo anterior puede orillar a un chico a tomar la decisión de consumir drogas, ya sea que acepte ofrecimientos o las busque por cuenta propia. Por el contrario, un joven que tiene confianza en sí mismo y cuenta con una familia que le proporciona amor y seguridad, las rechazará.

Para entender mejor esta problemática, la psicóloga Guadalupe Águila Medina, ex subdirectora de proyectos especiales en el Consejo Nacional contra las Adicciones de la Secretaría de Salud (Ssa), señala que:

"Se considera que una persona es adicta a determinada sustancia cuando su organismo requiere de ésta para funcionar y sentirse bien, situación en la que se establecen los fenómenos de dependencia y tolerancia. Por el primero se entiende que la droga se ha hecho indispensable, y por el segundo que cada vez se requiere consumirla en mayor cantidad para obtener los mismos efectos que se conseguían con menores dosis".

¿Por qué las drogas provocan adicción?

La comunidad médica considera la drogadicción como un desorden crónico que afecta a las células cerebrales (neuronas) encargadas de los procesos mentales que controlan el pensamiento, raciocinio, voluntad y placer.

Esto sucede porque las drogas actúan directamente en el sistema nervioso central (formado por cerebro y médula espinal), específicamente se fijan en ciertos componentes de la superficie del encéfalo conocidos como receptores, para luego actuar al interior de las neuronas y neurotransmisores (sustancias que permiten la comunicación entre células nerviosas).

Peligroso riesgo

Es cierto que existen algunos rasgos de personalidad, conductas o conflictos familiares, sociales y escolares que están presentes en la mayoría de los adictos y que, de haber sido descubiertos a tiempo, hubiesen permitido intervenir oportunamente.

Aunque es importante aclarar que la presencia de estos factores de riesgo no ocasionan que automáticamente una persona comience a consumir drogas, pero sí la hacen más vulnerable a aceptar un ofrecimiento.

La Dra. Águila Medina refiere que los factores de riesgo que hacen susceptibles a los jóvenes a la drogadicción se clasifican de la siguiente manera:

Personales

  • Baja autoestima.
  • Personalidad trastornada.
  • Dificultad para manejar el estrés.
  • Depresión.
  • Alto grado de inconformidad.
  • Predisposición genética al consumo de alcohol.
  • Tener entre 16 y 18 años y haber iniciado ingestión experimental en la adolescencia temprana (13 a 14 años).

Familiares

  • Apoyos y controles débiles.
  • Disciplina inconsistente.
  • Consumo de drogas y alcohol en padres y hermanos.
  • Núcleo familiar caótico y desorganizado.
  • Divorcio de los padres.
  • Rechazo y abandono hacia los hijos.
  • Falta de comunicación.

Escolares

Asistir a colegios desorganizados en donde el profesorado no se involucre afectivamente con el alumnado ni ofrezca alternativas y actividades extraacadémicas, además de tolerar el consumo de drogas.

Comunitarios

Se refiere a la carencia de recursos para el desarrollo humano, salud, educación, vivienda, servicios, trabajo y recreación.

Culturales/sociales

  • Tolerancia al consumo.
  • Actos antisociales.
  • Insatisfacción con la calidad de vida.
  • Uso de drogas en el grupo de amigos.
  • Disponibilidad y acceso a lugares donde se consumen sustancias adictivas.

Señales de adicción a las drogas

Los jóvenes consumen drogas por varias razones, mismas que se asocian a cómo se sienten consigo mismos, la forma en la que se llevan con los demás y en cómo viven.

Ahora bien, aunque no hay un solo factor que determine quiénes se drogarán y quiénes no, hay diversos indicios que pueden hacerte sospechar que tu hijo está consumiendo drogas:

  1. Bajo rendimiento escolar sin que haya alguna razón para ello (cambio de ciudad de residencia, divorcio de los padres, alternar estudios y trabajo).
  2. Alteraciones en la conducta, que ahora es continuamente más agresiva y rebelde.
  3. Excesiva influencia de los compañeros en la toma de decisiones.
  4. Tendencia a estar cada vez más tiempo encerrado en el baño o habitación.
  5. Duerme más en horas no habituales.
  6. Decayó su interés de hablar y convivir con la familia.
  7. Durante los días de ocio, permanece demasiadas horas seguidas fuera de casa sin ofrecer explicaciones.
  8. Pérdida considerable de interés por las aficiones deportivas o culturales.
  9. Propensión a mentir con mayor frecuencia.
  10. Aumento inexplicable y sostenido de sus gastos personales.
  11. Extravío de dinero u objetos en casa.
  12. Cambios en la mirada, ya sea que ésta luzca como perdida o los ojos adquieran un brillo extraño.

Mi hijo se droga, ¿qué hago?

  • No actúes irracionalmente, pues aunque la situación en cuestión representa un golpe muy duro es preciso tranquilizarte y apoyar a tus hijos.
  • Evitar hacer reproches, lo mejor es propiciar clima afectivo y dialogar con él o ella.
  • Pedir consejo a los especialistas más cercanos (médico de cabecera o psicólogo del colegio).

Siendo una enfermedad y no simplemente costumbre o vicio, la drogadicción demanda tratamiento especializado y apoyo familiar pero, sobre todo, voluntad y deseo de superarlo por parte del paciente.

Ayudar a un hijo adicto requiere terapia dirigida por un equipo que involucra al médico general, psicólogo y psiquiatra, quienes, junto con los familiares, le brindarán al afectado el apoyo que necesita para superar la dependencia a las drogas. La estrategia escogida y el tiempo que demande su aplicación obedecerán a la severidad del problema de cada adicto.

Prevención es mejor

Es común pensar que con niños pequeños no debe existir preocupación referente al consumo de drogas y/o alcohol, y que en la época preescolar se corren pocos riesgos. De hecho, la carencia de programas preventivos dirigidos a la niñez es una señal de la poca atención que se les presta para prepararlos a afrontar esta realidad.

Hay que tomar en cuenta que en la edad infantil se está formando la personalidad y hábitos, por lo que en esta etapa es posible influir en el niño para desarrollar actitudes positivas hacia la salud en general y el bienestar individual y familiar. Así, desde que el niño entra al colegio se le debe enseñar que las drogas, incluidas alcohol y tabaco, son elementos que hacen daño físico; conforme vaya creciendo se podrá ser más específico.

Cuando el chico cumple 7 años se muestra más adaptado al mundo, su desarrollo intelectual junto con el personal le permiten ir estructurando sus experiencias de aprendizaje. Así, el niño va construyendo su personalidad con los valores, actitudes y sentimientos adquiridos en el colegio y entorno familiar, los cuales hacen que se comporte o reaccione de determinada forma frente a la droga y/o alcohol.

Además es necesario recalcar que la educación para la convivencia no es sólo dar discursos sobre lo bueno y lo malo, sobre lo que se debe o no hacer, sino que es necesario crear hábitos de valor moral en los niños mientras vivan contigo.

Es necesario fomentar su autoestima, enseñar a manejar el estrés y luchar por sus ideales, así como reforzar conductas positivas.

Pero también es fundamental que el núcleo familiar sea armónico y estructurado, pero estableciendo normas y límites claros. Se deben desarrollar vínculos amorosos fuertes entre padres e hijos, fomentar la comunicación y capacidad de tomar decisiones y resolver conflictos, así como dedicar tiempo a la convivencia y proporcionar apoyo constante e incondicional.

En resumen, es fundamental hablarles a los hijos desde edad temprana sobre las drogas, explicándoles qué son, cómo afectan al organismo y sus consecuencias, y por qué algunas personas las consumen.

De esta manera se les creará conciencia de la problemática, y si esto va de la mano con la unión, apoyo y comunicación dentro del núcleo familiar, es muy probable que en el futuro sean personas sanas y emocionalmente estables.
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