Cómo educar a los hijos sin castigarlos
Cómo educar a los hijos sin castigarlos
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Cómo educar a los hijos sin castigarlos

Para muchos suena un poco irreal, pero es posible. Te decimos cómo educar sin gritos ni castigos para ayudar a que los hijos tengan un mejor futuro.

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Desventajas del castigo en niños

Ya sea que termine el año escolar suspendido o con las mejores notas, lo importante ante cualquier escenario es mantener la calma y evitar los castigos para que el niño "aprenda".

De acuerdo con la española Lorena García Vega, educadora de familias y experta en "disciplina positiva", está comprobado que los niños no aprenden mejor si se les castiga, por el contrario, existen serias consecuencias en el desarrollo y comportamiento del pequeño (agrupadas como las 4R), como:

  • Resentimiento: el menor siente que el castigo impuesto no es justo.
  • Revancha: desde el momento en que es reprendido, comienza a imaginar cómo "regresar" el golpe y desquitarse.
  • Rebeldía: el "castigado" actúa exactamente en sentido contrario a lo que sus padres esperan.
  • Retraimiento: daña la autoestima del niño y, lejos de repetir el comportamiento que le causó problemas, piensa que la próxima vez no será "tan obvio" en su conducta, en vez de "no lo vuelvo a hacer".

Castigar a los hijos provoca el efecto contrario

Cuando recibe un castigo, el niño aprende a obedecer al adulto solamente por temor, lo que puede dañar la complicidad y confianza entre padres e hijos.

Por el contrario, expertos recomiendan hablar con el niño y ayudarlo a tomar consciencia de sus actos, además de darle oportunidad de repararlos, desde luego, tomando en cuenta la capacidad de reflexión que tiene según su edad.

Cómo educar sin gritos ni castigos

Algunos consejos sobre cómo educar sin gritos ni castigos son:

  • Entiende sus necesidades: los niños que se meten en problemas, a menudo esconden un sufrimiento o deseo no cumplido, algo están diciendo. Esfuérzate por buscar la necesidad insatisfecha en tu hijo.
  • Dedícate tiempo: aunque parece un asunto menor, las horas que dedicas a tu trabajo en vez de estar con tu hijo, pueden ser la causa de su comportamiento. Concédele un rato todos los días, aunque sean 15 o 30 minutos, así descubrirás qué piensa y necesita.
  • ¡Conserva la calma! Es frecuente que los problemas de los adultos repercutan sobre los pequeños, pues son motivo de angustia, tensión y estrés en toda la familia. Trabaja con alternativas para conservar tus emociones en equilibrio y, si es necesario, habla con tus hijos sobre tus malos momentos (¡cualquiera los tiene!) para que aprendan que la vida tiene sus altas y sus bajas, pero siempre hay forma de salir adelante.

Saber cómo educar sin gritos ni castigos tiene mejores efectos en el desarrollo de los niños y en la salud mental de todos en casa.

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