Brassiere, ante todo, cómodo
Brassiere, ante todo, cómodo
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Brassiere, ante todo, cómodo

Más allá de la moda y la tentación por satisfacer expectativas varoniles, las mujeres de nuestra época deben buscar un brassiere cómodo que ajuste perfecto para evitar que la glándula mamaria se atrofie y que el seno pierda su consistencia natural.

Llevar sostén adecuado es fundamental para evitar que el pecho descienda gradualmente por falta de sujeción, e imprescindible para que el vestuario luzca perfecto y se ajuste a las curvas naturales del cuerpo.

El origen de esta prenda data de principios del siglo XX, pero hay que recordar que desde el Renacimiento (siglos XV y XVI) y hasta antes de la invención del brassiere las mujeres no sujetaban su pecho, sino que lo aplastaban o elevaban con diferentes tipos de corsés.

En Francia, por ejemplo, los senos debían desbordar los osados escotes que en ocasiones se detenían justo por encima de la areola del pezón, lo cual era muy agradable para la mirada masculina, aunque las mujeres sufrieran por estar apretadas hasta límites insospechados.

Esta situación cambia a principios de 1800 con el uso de los llamados improvers (mejoradores) o falsies (falsos) que consistían en media copa con estructura de alambre, los cuales se utilizaban con vestidos estilo imperio cortados bajo la línea del pecho, que acentuaban el pecho resaltando sus contornos y ofreciendo una silueta más natural.

Es hasta 1900 cuando nace la primera prenda diseñada especialmente para los senos, la cual contaba ya con tirantes para sostenerlos desde los hombros. Las primeras soutien-gorges (sujetagargantas), tal y como los llamaban los grandes almacenes franceses de la época, son el antecedente directo del actual brassiere.

Sin embargo, este primer avance se detuvo debido a la moda impuesta desde París en la que las mujeres adoptaron un look masculino (que empezó en 1910 y concluyó aproximadamente 15 años más tarde), el cual significaba vestir semejando a los hombres, por lo que se requería tener el pecho aplastado. Antes de la Segunda Guerra Mundial los senos recuperaron su forma natural y las mujeres empezaron a disfrutar de sujetadores más confortables gracias, sobre todo, a los nuevos materiales utilizados en su confección, como rayón y látex.

Tipos y tamaños

El brassiere que se utiliza en México, y en la mayor parte del mundo, se basa en las tallas definidas por norteamericanos e ingleses, quienes decidieron relacionar las copas con letras (A, B, C, hasta H) y el contorno con números (del 30 al 50), lo que en la práctica se traduce así: una mujer con talla 36A tendrá el mismo perímetro que una 36C, aunque el pecho de esta última será más voluminoso.

El buen gusto para combinar color y textura del brassiere con el resto del vestuario es importante, pero más lo es que las mujeres se sientan cómodas, por lo que es recomendable que los tirantes del sostén sean ajustables y lo suficientemente anchos para no clavarse en los hombros; asimismo, que el contorno se adapte anatómicamente y que aquellos con aro metálico estén perfectamente protegidos para evitar que alguna mama se escape por uno de los extremos. Es básico, asimismo, que los senos se acomoden confortablemente en las copas, es decir, que ni floten dentro de ellas ni tampoco queden demasiado comprimidos.

Sea cual sea el tamaño y forma del busto, recuerda que ejercicios pectorales y un buen sujetador pueden contribuir a mejorar su aspecto y mantener tus senos lozanos durante más tiempo.

Actualmente, la tecnología proporciona innumerables opciones que se ajustan perfectamente a cualquier cuerpo y otras más que ofrecen libertad para realizar actividades deportivas, aunque es preciso tomar en cuenta que el uso cotidiano de aquellos que separan y levantan puede ser perjudicial, ya que comprimen los senos. En sentido contrario, no usar brassiere provoca que la glándula mamaria se cuelgue y exista la posibilidad de que las membranas que sostienen al busto (ligamentos) se rompan.

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Salud y Medicinas

Lorena Rodríguez Última actualización: Mié, 15/02/2012 - 09:59